sobre la verdad de Dios

marzo 3, 2019 Comentarios desactivados en sobre la verdad de Dios

Cuando nos preguntamos por la verdad de Dios no podemos evitar entender la pregunta como si nos preguntáramos por la verdad del enunciado que afirma la existencia Dios. Pero Dios no es verdadero porque sea el referente de la palabra Dios. No decimos que hay Dios como podemos decir que la nieve es blanca. En realidad, la palabra Dios es, bíblicamente hablando, un significante puro, un grafo o balbuceo —YWHW— sin referente. En la Biblia, no hay un concepto de Dios. Ni siquiera podemos entender la palabra Dios como un concepto vacío, aquel cuya determinación estuviera, nunca mejor dicho, en el aire. Tan solo el falso dios admite una esencia o modo de ser. Dios no es la abreviatura de una descripción definida, como pueda serlo Shakespeare en relación con el autor de Hamlet. Ciertamente, los textos parecen sugerir lo contrario. Pero si sabemos leer entre líneas, nos daremos cuenta de que, bíblicamente hablando, cuanto podamos decir de Dios no es propiamente de Dios, sino de lo debido a Dios. Y esto es lo mismo que decir a su ausencia. Que el nombre de Dios sea un significante puro nos da a entender que la realidad de Dios es la de su continuo paso atrás. De hecho, Dios es lo real avant la lettre. Y es que lo real es eso otro cuyo carácter otro desaparece en su aparecer. La verdad de Dios es el envés de nuestra condición de arrancados, la roca inamovible sobre la que reposa nuestra existencia. Pues existimos como los que encuentran a faltar una genuina alteridad. Estamos en el mundo como aquellos que no podemos trascender el horizonte de lo que nos parece que es. Las cosas del mundo se nos muestran solo porque la extrañeza propia de la alteridad —su carácter inconcebible o inasimilable— ha sido reducida a los esquemas de lo inteligible. Hay mundo porque Dios es lo eternamente pendiente del mundo. La cuestión es si Dios es un algo o, más bien, un alguien. Y si bíblicamente creemos en lo segundo no es porque nos imaginemos a Dios como un superhéroe espectral, sino porque como arrancados nos encontramos sometidos a una voz que clama por el hombre, voz que escuchamos en el lamento de los que sufren nuestra impiedad o indiferencia. Como si Dios, desde el origen de los tiempos históricos, fuera aquel que tiene pendiente su quien, su rostro y, en este sentido, como aquel que aún no es nadie mientras el hombre no abrace el silencio de Dios, su debilidad o impotencia, cosa que, según la fe cristiana, tuvo lugar en la cima de un calvario.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo sobre la verdad de Dios en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: