bondad natural

marzo 2, 2019 Comentarios desactivados en bondad natural

Un hombre bueno por naturaleza —un hombre que no pudiera hacer daño ni siquiera a una mosca, como suele decirse— en cualquier caso representaría la bondad, pero no sería bueno. Para ser bueno hace falta que podamos querer el mal. De ahí que, según Israel, no quepa bondad alguna, sin sabiduría, esto es, sin una cierta conciencia de haber optado por el bien. Y es que, bíblicamente, el bien solo se da como respuesta a la demanda de Dios, la cual, como es sabido, se expresa con la voz de los que no tienen voz. No es casual que la Biblia contega libros sapienciales. Como tampoco lo es que Jesús fuera reconocido, entre otras cosas, como maestro. Nadie llega a ser maestro, si no ha sufrido la tentación del desierto. Y quizá sea por esto —porque la tentación permanece como la cicratiz en la piel— que un hombre bueno nunca pueda decir de sí mismo que es bueno. Ahora bien, la sabiduría del hombre bueno tiene poco que ver con la erudición. Un maestro no deja de ser un sencillo. Pues aquí la bondad es algo así como una segunda ingenuidad.

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