no dualidad

abril 21, 2019 Comentarios desactivados en no dualidad

Están de moda las espiritualidades de la no dualidad. Y podemos suponer que su éxito se debe a la necesidad de compensar el aislamiento de una existencia que ha quedado reducida a la función de una pieza en un engranaje. En lo más hondo de sí misma, la mónada aspira a salir de su soledad. Ahora bien, el éxito no deja de ser un malentendido. Que no haya dualidad significa que no hay alteridad. Por tanto, si aún nos preocupa la verdad, no podemos evitar preguntarnos, si realmente hay alguien en verdad otro o, por el contrario, la separación es una ilusión de la conciencia. Pues si lo hay, la fusión no puede ser en modo alguno el horizonte de una espiritualidad bíblica. Y bíblicamente es indiscutible que haberlo, lo hay. Pero no como, literalmente, lo imaginamos. Cuanto se nos muestra como otro no es nadie realmente otro, sino la imagen —la representación— que nos hacemos del otro, aquella con la que tratamos a diario, la que inspira nuestro deseo o provoca el rechazo. El otro como tal retrocede en su mostrarse a una determinada sensibilidad. El enteramente otro es, por defecto, aquel que se encuentra en falta, fuera de campo. Por eso, el otro como tal no admite un trato. Siempre negociamos con lo que el otro nos parece que es, pero no con lo que es en verdad. Con respecto a esto último, tan solo cabe responder, cuando menos porque el otro se revela de entrada como la voz que nos invoca más allá del presente —desde su no terminar de ser sin nuestra respuesta—. Su extrañeza —su indigencia, su carácter espectral— es lo que no es posible asimilar, el resto invisible de lo visible. Es lo que tiene el haber sido arrancados de su presencia. De ahí que lo primero en relación con Dios —el absolutamente otro— no sea el ver, sino el escuchar. En este sentido, el desiderátum de la existencia no es la fusión, la cual implica la disolución de los polos, sino el encuentro. Pues el encuentro preserva, al superarla, la distancia de la alteridad. Por parafrasear a Karl Rahner, Dios en los cielos seguiría estando más allá. No es casual que cristianamente digamos que de Dios tan solo veremos el rostro de de aquel que volvió de la muerte con vida, mejor dicho, con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo.

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