juego de manos

mayo 18, 2019 Comentarios desactivados en juego de manos

Pastoralmente, suele decirse que Dios no tiene otras manos que las nuestras. De acuerdo. Ahora bien, esto está muy cerca de decir que Dios es, por sí mismo, impotente. O por decirlo en clave teológica, que Dios no termina de ser Dios sin la respuesta del hombre a su invocación. ¿Cómo, entonces, seguimos pasando de largo? ¿Acaso no estamos dando a entender que nos da igual? ¿Cómo es posible que no nos tiemblen las piernas ante la posibilidad de que no haya Dios debido a nuestra indiferencia? ¿No será que solo estamos dispuestos a aceptar una divinidad consoladora —una matriz espectral? Nos llenamos la boca con las grandes palabras. Pero pocas veces nos preguntamos si acaso no haremos más que fantasear con ellas, cayendo en la falacia del whisful thinking al creer que las cosas son tal y como nos gustaría que fueran. ¿Hay amor o tan solo un buen trato que pasa por amor… porque a veces va cargado con algunas emociones satisfactorias? ¿Hay justicia o apenas una tregua? ¿Somos libres porque nos sentimos libres al realizar nuestras compras (incluyendo la del paternaire)? ¿Hay Dios o únicamente el sueño infantil de un amigo invisible? Quizá tuviera razón Platón al decir que en este mundo lo real tan solo puede darse como una copia imperfecta. O la Biblia al insistir que, como arrancados, existimos de espaldas a Dios. La ignorancia, antes que un déficit, es un error vital. Pues nos engañamos a nosotros mismos, y a los demás, cuando damos por sentado que hay Dios —o amor o justicia o libertad— donde tan solo disponemos de sus hologramas.

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