fe y devoción

junio 26, 2019 Comentarios desactivados en fe y devoción

Decía Karl Rahner que Dios en los cielos seguiría siendo un misterio. O lo que viene a ser lo mismo, mientras sigamos siendo un alguien —y es de esperar que en los cielos lo sigamos siendo, pues de lo contrario la vida post mortem no tendría que ver con nosotros—, el enteramente otro permanece más allá. Desde la óptica cristiana, el encuentro con Dios es el encuentro con un resucitado. Dios en sí mismo —en clave trinitaria, el Padre— difiere eternamente de aquel con el que se identifica —el Hijo que fue crucificado. Ahora bien, por eso mismo, no hay Padre sin Hijo (y viceversa). Dios es lo que tiene lugar —y tiene lugar en el centro de lo histórico— entre el Padre y el Hijo, los cuales no llegan a ser quienes son con anterioridad a su encuentro. Dios antes del Gólgota fue el Dios que, tras la caída, tuvo pendiente su quién (aunque del mismo modo que el hombre ignoró quién era hasta que no supo quién era su Padre). De ahí que podamos preguntarnos a quién se dirige el creyente cuando devotamente se dirige a Dios. Pues es posible que lo que tenga en mente es a un dios espectral cuya esencia o modo de ser se encuentra determinado al margen de la Encarnación. Y esto está muy cerca que decir que lo que tiene en mente es la divinidad pagana, aunque vestida con los oropeles de la bondad.

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