he visto cosas

junio 27, 2019 Comentarios desactivados en he visto cosas

Muchos de quienes resucitan —después de sufrir un colapso en el quirófano, por ejemplo— suelen contar que, mientras estaban muertos, sintieron como su alma se separa del cuerpo, e incluso algunos veían al personal sanitario intentando recuperarlo. También que se dirigían hacia una luz al final de un tunel en el que había alguien esperándoles. ¿Qué demuestra esta experiencia? En principio nada. ¿Hay efectivamente alguien esperándonos? ¿Hay luz (y tunel)? Quizá. Pero podría ser que estuviéramos ante una simple alucinación. Esta es, al fin y al cabo, la sospecha moderna: puede que nuestra experiencia de lo real no tenga nada que ver con lo real. Es posible que las apariencias solo tengan que ver con nosotros —que lo real como tal no se nos aparezca. Incluso si fuera cierto que hay alguien esperándonos más allá seguiríamos dentro del campo de lo que nos parece que es. Evidentemente, uno puede vivir la experiencia sin reflexionarla —sin preguntarse por su verdad. Y, así, creer que hay Dios —o alguien— porque lo han visto. Pero, como dijera Platón, una vida reflexionada —una vida que se examine a sí misma— posee más valor que una vida sin reflexionar. Esto es, juega en otra liga. Y la reflexión, tarde o temprano, termina concluyendo que si vamos en busca de la verdad es porque la verdad —lo que en verdad tiene lugar— siempre da un paso atrás donde se nos muestra sensiblemente. Ver es reducir el carácter absolutamente otro de lo real a nuestros esquemas perceptivos (y por tanto, no hay visión que no pierda de vista la genuina alteridad de lo visto). Hay verdad, pero quizá no para nosotros. La verdad es un porvenir esencial (y no lo aún por descubrir: cuanto descubrimos no es más que una nueva apariencia). Tembló el mundo y ahí no estaba Dios. La tierra se cubrió de un fuego devastador, y ahí no estaba Dios (1Re 1, 19). Traducción: vi a alguien al final del tunel emitiendo una poderosa luz… y ahí no estaba Dios. Puede que por eso mismo Karl Rahner dijera aquello de que incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio. De Dios, no veremos más, aunque tampoco menos, que el rostro de un crucificado con vida. Sin embargo, lo que esto significa ya es harina de otro costal.

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