Dios y el valor supremo

agosto 15, 2019 § Deja un comentario

Según Heidegger, “el golpe más duro contra Dios no es que Dios sea considerado incognoscible, ni que la existencia de Dios aparezca como indemostrable, sino que el Dios considerado efectivamente real haya sido elevado a la calidad de valor supremo”. Traducción: en el momento que atribuimos una esencia a Dios —una vez dejamos a un lado aquello tan judío de que Dios es el yo que tiene en el aire, precisamente, su modo de ser, su quien—, tarde o temprano terminamos prescindiendo del carácter personal de Dios para quedarnos solo con su esencia. Así pasamos de proclamar que Dios se da como amor —que Dios es su entrega— a creer que el amor es divino (o si se prefiere, lo último o subyacente). Y es evidente —o debería serlo— que no estamos hablando de lo mismo. En el primer caso, hay alteridad, aunque en la forma de un por-venir. En el segundo, tan solo un arkhé. La donación de Dios —su inmolación— exige una respuesta. El arkhé, en cambio, únicamente un saber. 

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