difícil salvación

agosto 18, 2019 § Deja un comentario

Quizá el problema del cristianismo es que nos queda grande. Demasiado peso para nuestras espaldas. En principio, la fe es una respuesta a la salvación de Dios —a su entrega en una cruz. Pero ¿quién parte hoy en día de un haber sido rescatado del poder de Satán? ¿Acaso los sectarios? Puede. Pero ¿no arrugamos la nariz ante una creencia demasiado emocional —demasiado iluminada? De ahí que el cristianismo haya quedado reducido a una serie de verdades que apoyan, en el mejor de los casos, un compromiso ético y alguna que otra devoción. La verdad del kerigma ya no traduce una experiencia de redención, sino que la sustituye, por decirlo así. No es casual que Nietzsche dijera, hace más de cien años, que [para que pudiera] creer en su Redentor, sus discípulos tendrían que cantar otras canciones y parecer más redimidos (aun cuando, probablemente Nietzsche, tan dispuesto a encontrar el polvo por debajo de la alfombra, tampoco hubiera dado el paso de topar con algunos de los auténticos). En la situación en la que nos hallamos, quizá al cristianismo le iría bien recordar que los hombres y mujeres de fe se cuentan con los dedos de una mano (o si se insiste, de ambas). Que la poca fe que podamos tener no es nuestra, sino del resto de Israel. Que, al fin y al cabo, no hay experiencia de Dios que no pase por el encuentro con aquel que lo encarna.

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