de trinitate

octubre 8, 2019 § Deja un comentario

El Hijo, en cuanto palabra, procede del silencio del Padre. El Padre sin el Hijo, aún no es Dios. Pero el Hijo sin el Padre no es más que un hombre colgado de una cruz. Dios es el que tiene lugar en la cima del Gólgota. Y tiene lugar como aquel hombre que abraza la debilidad del Padre, aquella que se expresa en el silencio que clama por el hombre. Sin embargo, muchos cristianos siguen teniendo en la cabeza la idea de un Padre que es el que es con independencia de su identificación con el Hijo. Ignoran lo que es el núcleo duro de la dogmática trinitaria, a saber, que el Padre, como tal, sigue estando siempre más allá del Hijo. Pero como el que aún no es nadie sin el Hijo. Pues, cristianamente, el crucificado es el quién —el modo de ser— de Dios (y, por eso mismo, el Padre es el yo del Hijo).

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