de teólogos y pastores

octubre 12, 2020 § 2 comentarios

La teología cristiana, sobre todo en el ámbito católico, hace tiempo que se plegó a las demandas de la pastoral. Poco teólogos se siguen preguntando lo que E. Jüngel se preguntó en su Dios como misterio del mundo, a saber, de qué hablamos cuando hablamos de Dios. Evidentemente, aquí no se trata de buscar pruebas de la existencia de Dios como si Dios fuese una hipótesis por corroborar. De hecho, como dijera Bonhoeffer, un Dios que existe, no existe. El teólogo, a diferencia del filósofo de la religión, no puede evitar situarse en la posición básica de la fe. Y no porque crea que Dios existe como pueda existir el Yeti, sino porque dicha posición básica consiste en abrazar la existencia desde un Sí de fondo. El teólogo trata, más bien, de esclarecer, teniendo en cuenta el testimonio de quienes dieron su vida permaneciendo fieles a ese Sí, aun cuando sufrieran hasta el tuétano el abandono de Dios. Se trata, en definitiva, de expurgar de la conciencia creyente los dioses que ocupan el lugar de Dios. En este sentido, toda teología que se precie es teología crítica. El teólogo, en su interrogarse, se sitúa de entrada en Getsemaní. Aunque sea un Getsemaní iluminado por el tercer día. Una teología que participe en exceso de la preocupación pastoral —del temor a perder la parroquia— corre el riesgo de dar a Dios por descontado antes de tiempo. Y esto, hoy en día, supone clavar el último clavo en el ataúd de Dios, incluso en mayor medida que las proclamas de Nietzsche.

§ 2 respuestas a de teólogos y pastores

  • Tomás J. dice:

    Gracias por zarandearnos con tus palabras, José. Tus reflexiones son más que inspiradoras para los que tratamos de penetrar en la teología cristiana. Un saludo cordial

  • josep cobo dice:

    Escribo estas entradas como un náufrago lanza una botella al mar (o casi). Rahner, como imagino que sabrás, decía que el cristiano del futuro o será místico o no será. Esto es, o su fe parte de una experiencia o no habrá fe. Ya no es posible ser cristiano por defecto (aunque algunos aun se empeñen). Un cristianismo por defecto deviene inevitablemente sectario. Y un cristianismo-secta no deja de ser un cristianismo defensivo (y, por eso mismo, fósil). Metz por su parte añadió que esa mística tendría que ser, en tanto que cristiana, una mística de ojos abiertos, lo cual significa que la experiencia de la fe parte del sufrimiento de tantos que viven como abandonados de Dios (y ello en contraste con la experiencia de la gracia). Tan solo pretendo que estos ojos abiertos sean también mínimamente lúcidos. El dar razón hoy en día pasa por tener en cuenta que la palabra “Dios” ha dejado de ser socialmente significativa. En cualquier caso, gracias a ti, Tomás, por tu estímulo.

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