delgaditos

noviembre 25, 2020 § Deja un comentario

Finitud significa, entre otras cosas, que no partimos de cero. Que nuestra situación no es la de un dios que contempla el mundo desde la grada o que decide arbitrariamente sobre cualquier asunto… si es que puede hablarse aquí de decisión. Todo nos afecta en mayor o menor medida. Porque somos cuerpo, nuestra inteligencia está mediada. La distorsión es un asunto íntimo. Así, no cabe poseer lo que implícitamente sabemos. Lo tácito es siempre un punto de partida insoslayable. Aunque quepa cuestionarlo —esta es, de hecho, la tarea del filósofo—, no llegamos a obtener una respuesta que no sea la de la abstracción (y por eso mismo, difícilmente incorporable). La cuestión de la verdad no es la de su criterio, sino la quién es su sujeto. Y no parece que la respuesta sea el hombre. Al final, quizá nuestra única opción sea la de responder a una demanda. No en vano nadie quiere nada —y querer no es lo mismo que desear— mientras no sepa que quiere de él su padre, aquel que, precisamente, tuvimos que perder de vista para que nos alcanzase su voluntad —su testamento.

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