amour

enero 14, 2021 § Deja un comentario

No hay amor que no sea, en último término, sacrificial. Un ejemplo de amor: aquí, en la plaza donde me tomo un café, hay un hombre que acaricia la cabeza de su mujer, tretapléjica (y parece que también mentalmente deficiente). Esto es lo que significa: no te abandonaré. No es causal que el amor de una madre se nos imponga como el paradigma del amor. Sin embargo, nadie puede desear sensatamente llegar a sacrificarse por amor. En el fondo, aspiramos al amor incondiciobal (¿acaso hay otro amor?). Pero preferimos no amar demasiado. O mejor dicho, en nombre del amor, lo deseable es no tener que amar a quien decimos amar. Pues ello supondría que depende por entero de nuestro cuidado —que se habría convertido en indigente, como la mujer de la plaza—. En este sentido, hay mucha carga de profundidad en Eckarth cuando le pedía a Dios que le librase de Dios. Y ello, precisamente, en nombre del amor de Dios. Traducción: porque amo a quien amo, le pido a Dios no tener que amarlo. Quien sabe, o cuando menos intuye, de qué va esto de Dios, no puede pedir otra cosa. Al menos, de entrada. Todo deseo de Dios, no es de Dios, sino del trampantojo que hemos puesto en su lugar. En cualquier caso, lo que deseamos el paz de Dios. O también, la redención. Pero este es otro asunto.

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