a vueltas con la omnipotencia de Dios: un divertimento lógico (o no tanto)

abril 9, 2021 § 3 comentarios

¿Hay algo que se le resista a un ser omnipotente? Si todo lo puede, entonces puede vencer cualquier resistencia. Ergo, tiene que haber algo que se le resista para que pueda ejercer, precisamente, su poder. Y tiene que haberlo eternamente. Ahora bien, dado que su victoria está asegurada, al tratarse de un ser omnipotente, cualquier resistencia es aparente o ilusoria. Por consiguiente, ante un ser omnipotente, no cabe una verdadera resistencia. Pero esto es lo mismo que decir que en verdad no la hay. Ahora bien, si no la hay, el poder no puede ejercerse como tal. El destino de la omnipotencia es, así, la impotencia, su cese como poder. Quizá tuviese razón Pablo, el apóstol, al proclamar que la genuina fuerza de Dios reside en su debilidad —en su vaciamiento, en su tener que retroceder ante su criatura. O por decirlo con otras palabras, en su ponerse en manos del hombre. Pues ningún hombre puede derrotar a un Dios que no es nadie sin el fiat del hombre. Al fin y al cabo, hay Dios porque el hombre pudo negarlo. (Y quien entienda esto último, entiende de qué hablamos en realidad cuando hablamos de Dios.)

§ 3 respuestas a a vueltas con la omnipotencia de Dios: un divertimento lógico (o no tanto)

  • Carmen dice:

    Enlazaría aquí, sin que sepa muy bien desarrollar el cómo, el rechazo, actual y de siempre, de la cruz. Se lee como opción masoquista del Dios omnipotente en vez de consecuencia de la (auto)limitación de Su gloria a la vida del hombre, de todos los hombres. Algo así. A todos, por tanto, correspondería intentar que las cruces desaparecieran, algo que está muy lejos de la realidad, actual y de siempre. A nadie le gusta andar tan sucio por el mundo.

  • Quentin dice:

    La experiencia de Dios es personal e íntima. Dicha vivencia se puede comunicar a los demás, pero queda imposibilitada toda descripción de Dios. Cuando se intenta caracterizar de forma directa a Dios solo caben especulaciones.

    De ahí que el Dios que se nos presenta en los credos no nos sea fácilmente comprensible y menos aún reconocible. Incluso a los ojos de los teólogos. Un Dios omnipotente es un ente en contradicción con su propia obra imperfecta. Acostumbra a pasarse por alto paradojas tan graves como esta con frases como “doctores tiene la iglesia” o “lo que para el hombre es imposible para Dios no lo es”. Pero estas respuestas no son de recibo. Deberíamos aceptar sencillamente que no podemos caracterizar a Dios porque desde nuestro mundo físico no se puede describir al que pertenece al mundo metafísico. Está fuera de nuestro alcance.

    ¿No podemos entonces pronunciar palabra alguna sobre Dios? Sí, podemos especular, imaginar, proyectar. Podemos hablar tras reflexionar, tras buscar la sombra de Dios. ¿Y dónde podemos hallar la huella del Creador? La respuesta es clara, en lo único que nos ha dejado contemplar de forma directa: en su obra.

    Cualquier obra refleja la realidad de su autor. En las páginas de un libro se expresa el mundo del escritor. En los lienzos de su obra se dibuja la personalidad de un pintor. Y en la educación de un hijo se adivinan las ideas de su progenitor. Lo mismo ocurre sin duda con Dios y su obra. Si observamos el mundo y sus criaturas podremos ver a su Creador. Así creó, así es.

    Y si nos apoyamos en la sabiduría acumulada por la tradición podemos incluso partir de la idea de que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Si observamos la potencia y la vulnerabilidad de los hombres podremos comprender mejor cómo es Aquel que nos creó…

  • Iñaki dice:

    Para no saber nada de Dios, se dicen muchas cosas sobre Él. Lo que más me ha llamado la atención es que Dios, si es que hablamos de Él como ser todopoderoso, tuviera un destino, esto no lo sabía. Lo segundo es señalar la falta de lógica en el argumento expuesto al principio. El ser omnipotente, si quiere, puede eliminar, no cualquier resistencia, sino la resistencia misma en el momento en que le dé la real gana. Que tenga que haber una resistencia eterna no puede seguirse lógicamente de ninguna premisa anterior. Otra, que el final de las resistencias sea la derrota, no implica necesariamente su carácter ilusorio o aparente, ya que no decimos (desde la fe) que, como el final del mal será la derrota a manos del bien, el mal es ilusorio. Es decir, que, tratándose de Dios, es imposible en verdad limitarlo a ningún razonamiento lógico. Siempre cabe la posibilidad de replicar “o no, ¿qué sabemos?”.
    En cuanto a San Pablo, creo que a lo que se refiere es que lo que Dios no dice con la Encarnación es que seamos humildes como camino para llegar a Él, eso de que quién se humille será ensalzado. Decir que hay Dios porque el hombre pudo negarlo es extraño también. Se puede decir del mismo modo que hay Dios porque el hombre pudo afirmarlo; en la Biblia se dan los dos casos. Que nos haya dado libertad para negarlo es otra cosa, en cualquier caso, si no sabemos nada de Él, ¿cómo podemos afirmar que su existencia depende de nosotros? ¿Realmente podemos afirmarlo seriamente? Aunque, seguramente lo que pase es que no lo esté entendiendo bien.

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