en vías de

febrero 17, 2022 § Deja un comentario

Parece que a partir de ahora en las escuelas ya no habrá más suspendidos. En su lugar, chicas y chicos que están «en proceso de conseguirlo». Ciertamente, el estigma pesa. Y es difícil recuperar a quien se le coloca el post-it de «mal alumno». Pues lo que significa no es que, de momento, no te hayan ido bien las cosas, sino que eres de los «malos». Y uno tiene a instalarse fácilmente en lo que los demás dicen de ti. Sin embargo, y teniendo en cuenta el clima positivo de los nuevos vientos pedagógicos —y una escuela es, en gran medida, un clima—, el tiro puede salirnos por la culata. Y es que cuando no hay manera de superar el listón, por los motivos que sean, desde hogares que son un infierno hasta, sencillamente, una seria limitación para la abstracción que requieren los estudios serios, que te digan que estás en vías de conseguirlo suena a chiste. A menos que se baje el listón hasta niveles insultantes. Pero, en ese caso, estaríamos engañando al personal. Me atrevería a decir que lo que necesita el «mal alumno» son grupos reducidos. Y padres —maestros— que consigan el milagro de los milagros: resucitar a los muertos. A veces, basta con un levántate y anda —confío en ti— dicho con la suficiente autoridad. Pues de lo que se trata es de aprender y no de hacerle creer al «mal alumno» que su rasguño es una herida importante. Ahora bien, esto de los grupos reducidos no podemos ni soñarlo, a pesar de que continuamente se nos exhorta a dejarnos llevar por nuestros sueños. Es lo que tiene la cultura del espejismo —no hay límite, tú sí que puedes—, la cultura del like. Qué lejos estamos de Atenas, en donde lo serio comenzaba siendo muy consciente de que hay cosas, voces, rostros que nos pueden. El héroe no era como los nuestros de Marvel, sino aquel que fracasaba en su enfrentarse a los dioses. Quizá no sea casual que nuestra incapacidad para la trascendencia o, siendo más humildes, para ir más allá de uno mismo tenga que ver, precisamente, con nuestra ilusión. Tenía razón Nietzsche cuando dijo que la muerte de Dios iba pareja con la del hombre. Pues, el superhombre —el tipo de hombre que sucede al hombre— es, más bien, un niño. Aunque lo que Nietzsche no vio es que este niño sería un malcriado. Nada que ver con lo que Nietzsche imaginó, ese psicópata capaz de bailar.

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