fe y asombro

septiembre 5, 2022 § Deja un comentario

El asombro, de por sí, no conduce a la fe en Dios. Quizá la complejidad del mundo natural provoque nuestra admiración —y de ahí que haya quienes se pregunten por el diseñador—. Pero un dios-diseñador aún no sería Dios, sino en cualquier caso, la clave de bóveda del cosmos —y una clave de bóveda, en tanto que forma parte del edificio, queda del lado del más acá—. La rosa es sin porqué, como decía el Silesius. En este sentido, el horizonte del asombro es la nada. De ahí que el asombro no termine de coincidir con la admiración. ¿Por qué hay algo en vez de nada? Esta es la pregunta. Y es obvio que aquí, al interrogarnos por el porqué, no apuntamos a un primer ente. De poner a Dios de por medio, no podría tratarse de una ente superior, sino de un nadie o, mejor dicho, del eternamente aún nadie. De ahí que la disyuntiva decisiva, me atrevería a decir, se establezca entre la nada y el nadie.

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