imposturas

diciembre 8, 2022 § Deja un comentario

Andamos de espaldas a lo real. Este es nuestro principio —que no el principio. Y no hace falta ir muy lejos para darse cuenta. Basta lo prosaico. Por ejemplo, tomamos jamón. No devoramos el cerdo… aun cuando sea esto, precisamente, lo que hacemos. Si lo devorásemos a lo bestia, ¿podríamos soportarnos? La caída —que vivamos de trampantojos— ¿acaso no será el origen de la posibilidad del asombro? Nuestra humanización ¿no es el envés de la ilusión —del haber dejado atrás el milagro… aunque por eso mismo se revele como tal? Sin embargo, no hay aquí inocencia. Nuestra dureza —nuestra impiedad— hunde una de sus raíces en el hecho de que humanamente no podemos evitar tomarnos las sombras en serio . Pues no es cierto que el extranjero sea una rata. Aunque a veces nos lo parezca. No es casual que, para Israel, el asombro vaya de la mano de la indignación. Al menos, porque no solo nos descoloca la desmesura de lo real, sino también, y quizá sobre todo, que haya quienes, por haber nacido en la orilla equivocada, lleven una vida desgraciada.

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