cuerpo y alma —o del haber y lo sagrado
noviembre 11, 2023 § Deja un comentario
La mujer que tienes ante ti —el hombre, incluso el árbol, la piedra, el ácaro…— es un milagro. Y lo es porque desde el horizonte de la nada —de un haber que en sí mismo es no siendo nada en concreto y, por tanto, haciéndose presente a la inteligencia como lo que desaparece del campo de visión—, todo es acontecimiento. Y quien dice acontecimiento dice sagrado. Pues la mujer que aparece ante ti como si fuera, literalmente, un revelación es intocable. Y no porque, de hecho, no puedas tocarla, sino porque su carácter milagroso o excepcional retrocede al tocarla. Tocar es, en cualquier caso, profanar.
Sin embargo, el mundo nos obliga al trato —a la profanación. El cuerpo de esa mujer —de ese hombre, del árbol, la piedra…— tiene que ser tratado. Esto es,utilizado. Y ya sabemos que el destino de lo útil es lo inútil —el container. Así, la verdad permanece oculta tras el tratamiento —la aparición, tras las apariencias. La escisión entre lo que contempla el alma y lo que necesita un cuerpo se impone, por consiguiente, como un dato. No hablamos de una opinión entre otras, sino de lo que la razón, tarde o temprano, debe admitir. Es por ello que Platón decía que el territorio del alma es el de la verdad —el mundo verdadero. Y que, por eso mismo, el cuerpo es una cárcel. Pues en la cárcel las ventanas son muy estrechas. Por no hablar del cielo abierto.
(Al fin y al cabo, estamos apuntando a la sensibilidad religiosa. Pues el asunto principal de la religión es cómo permanecer conectados a la revelación en medio de un mundo que solo admite el (con)trato.)
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