finitud y creencia
mayo 3, 2026 § Deja un comentario
Difícilmente nos haremos una idea de lo que significa hallarse expuestos a la realidad de Dios, la cual no es, aunque así nos lo imagnemos, la de un ente superior, sin partir de la propia finitud, esto es, sin descentrarnos, por no decir, desquiciarnos. Y por finitud no me refiero, o no solo, a las limitaciones corporales o a las propias del carácter, sino al hecho, por ejemplo, de que nada a lo que damos importancia y de lo que, por lo común, nos enorgullecemos resiste el paso del tiempo. Ni siquiera el amor de una madre hacia sus hijos podría soportar una existencia de mil años, de vivirlos. Quizá no fuese casual que, en la Antigüedad, Cronos fuese el dios. Al fin y al cabo, la muerte es fuente de valor (y por eso mismo, según Atenas, los dioses envidiaban a los hombres). Ante lo divino, nadie cuenta. Y este es el punto de partida. Al menos, para comprender que supuso la revelación del Gólgota.
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