apuntes de última hora: Kant
mayo 10, 2026 § Deja un comentario
La tesis del autor
Frente a Hume, Kant sostiene que la razón posee fuerza motivadora —que no solo se limita a un uso instrumental. Es decir, no solo nos dirá qué medios son los más adecuados para alcanzar tal o cual fin, sino que también nos impone el fin. Y este no es otro que hacer lo debido por hacer lo debido, esto es, por puro sentido del deber. En este sentido, Kant defenderá que tan solo es buena, moralmente hablando, la buena voluntad. Pero ¿qué significa que el fin, lo que pretendemos a la hora de hacer lo debido, sea, precisamente, la buena voluntad? ¿En qué consiste esta última?
Explicación
La intuición de base es que no somos moralmente íntegros donde nos limitamos a hacer lo debido —en términos de Kant, a cumplir con la máxima: no robarás, siempre dirás la verdad…. En ese caso, seríamos legales, en terminos de Kant, pero aún estaría por ver si somos o no morales. Pues podríamos devolver el móvil de última generación que nos hemos encontrado por temor a que nos descubrieran o, simplemente, con la intención de obtener el aplauso de los demás. Así, no basta con devolver el móvil para ser moralmente íntegros. Porque se sobrentiende que, de no temer el castigo o desear la recompensa, no lo habríamos devuelto. Así, lo que presupone que todos, seamos de aquí o de allá, condenemos a quien hace lo debido movido por un interés particular o egoísta es que lo moralmente debido es, precisamente, hacerlo porque debemos hacerlo. Esto es, hacer lo debido con la única intención o voluntad de cumplir con nuestro deber. El deber por el deber. A esto Kant lo denomina buena voluntad. Y su expresión es el imperativo categórico, el cual admite tres formulaciones a) haz lo debido, es decir, cumple con la máxima, de tal manera que tu interés pueda ser el de cualquiera; dicho de otro modo, que tu interés sea el de hacer lo debido desinteresadamente; b) actúa de tal modo que tu máxima pueda entenderse como una ley universal, es decir, que tu máxima no sea a medida de tu interés particular; c) que el otro sea tratado como un fin en sí mismo y no utilizado como un medio para alcanzar un objetivo interesado. En el fondo, lo que Kant pretende decirnos con estas tres formulaciones es que tras el imperativo categórico o el hacer lo debido por puro sentido del deber no hay más, ni menos, que el respeto al otro.
Sin embargo, ¿qué tiene que ver lo anterior con la libertad? ¿Por qué Kant sostiene que estamos ante una exigencia o mandato racional? Para entender esto último, hay que tener en cuenta que la razón es imperativa. Así, estamos obligados a aceptar los resultados de su ejercicio. O por decirlo de otro modo, Pitágoras va a misa. La razón, sencillamente, manda. Ahora bien, mandar, en el terreno práctico, equivale a voluntad. Así, como sujetos racionales somos, en el ámbito de la acción, voluntad. Y la voluntad es, al fin y al cabo, un mandarnos a nosotros mismos. ¿Y qué es lo que nos mandamos? Pues no depender ni del deseo de recompensa ni del temor al castigo, en definitiva, hacer lo que debemos hacer porque queremos hacerlo —y aquí conviene tener en cuenta que querer no equivale a apetecer: cuando simplemente nos apetece nos dejamos llevar; en cambio cuando en verdad queremos algo nos obligamos a nosotros mismos a no ceder. Según Kant, en este por querer hacerlo consiste la genuina libertad. Por eso, Kant entiende la libertad como autonomía, literalmente, como un darse a uno mismo la ley, no cualquier ley, sino la que del imperativo categórico. Este sería algo así como una voluntad de voluntad. Lo contrario a la libertad sería, por tanto, actuar o hacer lo debido por motivos, en términos de Kant, heterónomos, esto es, motivos que se nos imponen desde fuera y que, por eso mismo, impiden nuestra libertad… como son el deseo de recompensa o el temor al castigo.
Conclusión
Por tanto, lo moralmente decisivo en Kant no es cumplir con la máxima teniendo en cuenta las consecuencias, sean porque las deseamos o las tememos, sino la voluntad —la intención, el propósito— con la que cumplimos con ella. Es en este sentido que Kant dice que tan solo es buena la buena voluntad. Al fin y al cabo, esto no es lo que nos imponemos a nosotros mismos como sujetos racionales y como individuos que pertenecen a una determinada cultura o época.
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