apuntes de última hora: Hume

mayo 10, 2026 § Deja un comentario

Las tesis del autor

Hume sostiene que nuestro sentido del deber moral —debemos decir siempre la verdad, ser fieles a nuestro amigos…— encuentra su raíz en las emociones que nacen de la empatía, esto es, de nuestra capacidad para ponernos en la piel de nuestro semejante. Así, por ejemplo, nos sentimos inclinados a compadecernos del que sufre porque, al identificarnos con él, también experimentamos su sufrimiento como si fuera propio.

Explicación

No hay, por tanto, ninguna razón, ningún argumento racional que nos obligue a dicha compasión. La base del deber moral es, meramente, emocional o, en los terminos de Hume, pasional. La razón es esclava de las pasiones. Y lo que esto significa es que el fin de lo que hacemos o dejamos de hacer está enteramente determinado por la pasión, es decir, por nuestras preferencias o inclinaciones. La razón, en cualquier caso, solo admite un uso instrumental. Esto es, nunca nos dirá qué debemos perseguir o preferir, sino solo cuál será el mejor modo de conseguirlo.

Sin embargo, no bastan las emociones que nacen de la empatía para convertirnos en sujetos morales. Además, es necesario que los demás aplaudan o rechacen dichas emociones (y la tendencia a actuar conforme a ellas). Por ejemplo, si me sintiera inclinado a compartir mi desayuno con el compañero que se lo ha dejado en casa y el monitor de patio me abroncase por ello —y no solo él, sino también mi profesora, mis padres…—, me sentiría igualmente inclinado a compartir mi desayuno, pues las emociones surgen espontáneamente, como un picor… pero creería que no debo compartirlo.

Conclusión

Por tanto, nuestro sentido del deber reposa en las emociones que nacen de la empatía y las que acompañan a nuestra educación, las que tienen que ver con nuestro deseo de recompensa o nuestro rechazo al castigo. Así, Hume dirá, literalmente, que no hay nada en la razón que me obligue a preferir la salvación de la humanidad a que se me pase este terrible dolor de gota que ahora sufro. Si, de hecho, nos decantaríamos por lo primero, no es porque la razón lo exija, sino porque no podríamos soportar la vergüenza —y la vergüenza es un sentimiento— de decantarnos por lo segundo.

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