apuntes de última hora: Platón 3

mayo 12, 2026 § Deja un comentario

Que el alma pertenezca al mundo de lo verdadero —al mundo de la idea— le sirve también a Platón para dar cuenta de las bases del conocimiento, aunque sea por medio del mito. Como es sabido, para Platón, conocer es recordar. Según el relato mítico, antes de encarnarse en un cuerpo, el alma habitaba el mundo real —y por tanto, tenía frente a sí lo verdadero. Sin embargo, al encarnarse, olvidó lo que vio en su momento —pues la encarnación supone una degradación. Ahora bien, dado que las cosas son, según también el mito platónico, copias imperfectas de la idea que les sirve de modelo, el alma, al entrar en contacto con ellas, recuerda, precisamente, la realidad que representan. Así, al ver cuerpos bellos, al alma le viene a la mente la belleza que encarnan. Una vez topamos con la copia, no podemos evitar recordar el original. Si podemos ver cuerpos bellos es porque ya sabemos en qué consiste la belleza. Igualmente, si podemos decir de una decisión es justa es porque, de entrada, no ignoramos en qué consiste la justicia en general: darle a cada uno lo que merece. De ahí que el conocimiento sea, en el fondo, un reconocimiento.

Con ello Platón inaugura la tradición que culminará con el racionalismo de Descartes. De hecho, la intuición platónica, aunque se exprese por medio del mito, tiene su porqué. Quiero decir que el mito traduce lo que, al fin y al cabo, puede formularse en abstracto, a saber, que el conocimiento del mundo depende de un saber de antemano —el término técnico es a priori—, el que, en los términos del racionalismo, proporcionan las ideas innatas —y en los de Kant, los juicios sintéticos a priori como, por ejemplo, el de que afirma que todo tiene una causa. Y es que si vemos un punto en lo que, de hecho, es una superficie, aunque sea muy pequeña, es porque sabemos de antemano qué es un punto. Paralelamente, tampoco necesitamos que nos enseñen en qué consiste la unidad: ya nacemos, como quien dice, con esta idea en mente. En realidad, este saber de antemano, anterior a la experiencia, es la condición misma de la experiencia. De no disponer de este saber no experimentaríamos nada. El animal carece de experiencia. Pues toda experiencia esde algo ahí —y el animal es incapaz de referirse a algo ahí, a lo que se encuentra fuera de sí. Pues para que pudiera referirse a algo ahí necesitaría diferir de, precisamente, ese algo, en definitiva, tenerlo enfrente. Su conducta no es más que una reacción a estímulos, aun cuando esta pueda ser, ciertamente, sofisticada. Como en el caso de una máquina. Ciertamente, el concepto de mesa, pongamos por caso, lo elaboramos —lo abstraemos— después de ver una cuantas. Pero no sucede lo mismo con la noción de unidad o con la de ente o cosa. Así, somos capaces de decir que hay cosas, aunque ignoremos qué son, porque desde el principio sabemos de algún modo en que consiste que algo esté ahí. Podríamos decir que este saber a priori se encuentra inserto en el lenguaje. Hay un saber implícito donde decimos simplemente esto es azul, el que da por sentado que hay algo ahí …que muestra las características del azul.

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