un Dios degradado
mayo 17, 2026 § Deja un comentario
Para la mentalidad antigua, la encarnación de lo divino, de darse, va con su degradación. No puede ser de otro modo… si lo divino es un dios. Pues hay una enorme distancia entre el dios y los hombres.¿Acaso no se degradaría quien, de entre nosotros, decidiese convertirse en chimpancé —y no solo ponerse encima un disfraz? Sin embargo, esto solo vale donde lo divino se entiende en lo términos de un ente superior. Pues otro asunto sería que lo divino fuese concebido como fuerza o poder… a secas. En ese caso, no se trataría de cómo establecer una comunicación —una negociación, un buen trato—, sino de participar.
El caso judeocristiano es, con todo, bastante particular. Pues ya no se trata de negociar, como tampoco de conectarse. Con respecto a Dios, tan solo cabe el encuentro. Ahora bien, hay que entender esta categoría tratándose de Dios. Pues, Moisés no topó con alguien, sino con la alteridad cuyo alguien estaba todavía pendiente. Y este es el asunto: que Dios en verdad se revele como promesa de Dios. Si la Encarnación no supuso una degradación de Dios es porque Dios aún no era nadie con anterioridad a su realización en el centro de la historia. En cualquier caso, la voluntad de ser alguien. Y alguien con cuerpo. Pues nadie puede llegar a ser alguien si no es en lo que difiere de sí mismo. Desde el principio, el quién de Dios no podía ser otro que el de un hombre de Dios. Y esto, ciertamente, no termina de cuadrar con nuestros prejuicios religiosos. De ahí que, para el monoteísmo judeocristiano, la experiencia de Dios sea indisociable del mientras tanto, en definitiva, de la Torá. Al fin y al cabo, la experiencia de Dios es la experiencia de Dios.
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