el mesianismo cristiano
mayo 22, 2026 § Deja un comentario
El cristianismo es un mesianismo. ¿Qué significa esto? Pues que la respuesta a las preguntas últimas, aquella que decide qué cabe esperar —¿habrá redención para los culpables?, ¿qué vida pueden esperar las víctimas de la historia?…—, no nos las dará Dios-en-sí-mismo, sino el Mesías, aquel que carga con el peso del en sí de Dios, su heraldo o, por decirlo a la manera de Küng, su lugarteniente. Pues el Dios que se revela diciendo soy el que soy —o siendo quizá más estrictos, seré— tiene a su quién todavía pendiente. Esto es, en sí mismo es el aún nadie. No es posible comprender la dogmática cristológica y, en definitiva, trinitaria sin tener esto presente.
De ahí que las espiritualidades que equiparan lo divino con el océano, es decir, aquellas que se separan del Dios-voluntad sean incapaces de responder a las preguntas últimas. O mejor dicho, su respuesta será la que nos daremos nosotros a nosotros mismos —y, por eso mismo, una respuesta que cargará inevitablemente con la sombra de la sospecha. Pues es Dios —en mesiánico, su lugarteniente— quien responde o, estrictamente, no hay respuesta (y el nihilista tiene razón).
Ahora bien, que haya respuesta supone que la esperanza es indisociable de la fe en el poder de Dios, aun cuando se trate de un poder transferido al hombre —y llegados a este punto, puede que no esté de más recordar que el resucitado, a pesar de su transfiguración, sigue siendo uno de los nuestros. Y este es la cuestión: si habrá o no un poder que venza al mundo, a su inherente injusticia. Es decir, si acaso los relatos de la resurrección no serán, leídos desde nuestro presente, un admirable ejercicio de ironía.
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