perplejidades de la creencia en Dios

mayo 25, 2026 § Deja un comentario

Esto de la creencia en un Dios personal que nos ampara es, ciertamente, curioso si se piensa bien. Por un lado, el creyente común cree que Dios está ahí, aunque permanezca oculto en su propia dimensión. Sin embargo, por otro, es extraño que, tratándose, precisamente, de Dios, no pretenda comunicarse con Él… como los espiritistas intentan establecer contacto con el espíritu de los muertos. En la creencia en un Dios personal hay algo que no termina de cuadrar. Los espiritistas, de hecho, son más coherentes.

Ciertamente, el creyente también busca señales, indicios. O al menos, a veces. Pero para el Hijo del Hombre no hubo otro indicio que el impenetrable silencio de Dios. Puede que no sea casual que, según el monoteísmo de Israel, la única huella de Dios sea la Creación —y por extensión, el arrojado. No hay otra señal. Ahora bien, el envés de la Creación es la extrema trascendencia de Dios, esto es, el séptimo día. O, por decirlo en místico, el vaciamiento de Dios. Quien entiende el acto creador como si fuese el propio de un demiurgo aún está lejos de comprender de qué va la historia de Dios. Literalmente.

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