pedagogismo naïve
mayo 26, 2026 § Deja un comentario
Si Jeff Bezos, Bill Gates et al., están en lo cierto con respecto a las implicaciones socioeconómicas de la IA, entonces no tengo claro si determinadas implementaciones de la nueva pedagogía van en la buena dirección. Me refiero a que no da la impresión de que, por lo común, esta pedagogía contribuya al desarrollo de la inteligencia ni, por extensión, a la formación del carácter. Pues su propuesta tiende a aplanar las pendientes. Es lo que tiene creer que el centro es el alumno en vez de lo que hay que aprender o incorporar (e incorporar significa hacer cuerpo). Por parafrasear a Kant, podríamos decir que unas competencias sin contenidos serios son vacías, mientras que contenidos que no conduzcan a la adquisición de competencias son ciegos. Evidentemente, hay que tener en cuenta de dónde parte el alumno. Pero quizá sea un error hacerle creer que es el centro (y que, consecuentemente, el que sabe —el maestro— es periférico… y por eso mismo, fácilmente sustituible por programas).
Digo lo anterior porque, si Bezos acierta con sus profecías en lo que respecta al futuro laboral cualificado, lo que nos viene encima nos pedirá mucha inteligencia. Es decir, poder enfrentarse a la complejidad, pensamiento lateral, saber hacer buenas preguntas, espíritu crítico… Ahora bien, no —o no solo— para poder trabajar en un mundo en donde lo que pueda resolver la IA, no lo resolverá un currante, sino —y quizá sobre todo— para poder enfrentarse a él… con munición. El reto, si ningún imprevisto interrumpe este ciclo, se nos presenta descomunal. Mientras tanto, muchas de las implementaciones de la nueva pedagogía siguen dando por descontado que la inteligencia y el carácter se desarrollarán espontáneamente donde se achatan las cimas.
Evidentemente, no se trata de impartir contenidos como quien se limita a recitar la lista de los reyes godos. De lo que se trata es de su comprensión —y esto no es fácil. Para ello, se necesitan buenos maestros… o, en su defecto, buenos libros. Sin embargo, los primeros no abundan y los segundos son despreciados por el clima dominante. Y quizá sea debido a este cambio climático que pocos chicos y chicas, hoy en día, son capaces de seguir un discurso estructurado o, simplemente, entender las primeras páginas de un ensayo.
Por eso —o al menos, esta es mi suposición—, una educación que no renuncie a la exigencia y el esfuerzo que implica será inevitablemente minoritaria. Sospecho que, actualmente, una genuina propuesta educativa debe elegir entre café con leche para todos o hay que salir de aquí sabiendo quién fue Dostoyevski —es un decir— y por qué es importante leerlo. O mejor dicho, que nos lea. De obviar la segunda opción, sería como quien pretende desarrollar su musculatura sin hacer pesas.
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