apuntes de última hora: Hume y Kant
junio 6, 2026 § Deja un comentario
Para Hume —aunque también para los racionalistas— tan solo existen dos tipos de juicios o enunciados: los que se refieren a los hechos y aquellos que se limitan a exponer una relación entre ideas. Los primeros suelen denominarse sintéticos a posteriori, mientras que los segundos, analíticos a priori. Sintéticos porque el predicado añade una información que no está contenida en el sujeto. Por ejemplo, los cisnes son blancos. Que sean, de hecho, blancos no es algo que se desprenda del significado de cisne. Necesitamos apelar a la experiencia para decirlocon la intención de dar en el clavo. Por eso mismo, cabe la excepción. Como sabemos hay cisnes negros. En los enunciados analíticos, en cambio, lo que se afirma del sujeto se limita a explicitar de lo que está contenido en el sujeto —y por eso mismo, no necesitamos recurrir a la experiencia: su verdad es a priori. Por ejemplo, todo cuerpo es extenso. Por definición, es así… y no puede ser de otro modo. No puede haber ningún cuerpo que no ocupe un espacio. Este tipo de enunciados, sin embargo, no supone que exista aquello que definen. Por eso, dirá Hume, son enunciados vacíos, puramente formales. No hacen más que relacionar ideas —nociones, conceptos— entre sí. Los enunciados de la razón lógics son de este tipo.
La originalidad de Kant consiste en haber puesto sobre el tapete un tercer tipo de enunciado: los juicios sintéticos a priori. Esto es, juicios que se refieren a la experiencia… pero con anterioridad a la experiencia (a priori). Por ejemplo, todo tiene una causa o todo es una y la misma cosa. La tesis de fondo de Kant es que la experiencia es posible porque damos por descontado, por ejemplo, que todo tiene una causa o que todo es una y la misma cosa. Dicho de otro modo, los juicios sintéticos a priori son la condición de posibilidad de la experiencia. No hay experiencia que no presuponga la validez de dichos enunciados. Si no supiéramos de antemano que todo es, cuando menos, cosa… no podríamos llegar a experimentar un árbol o una piedra como algo ahí. Pues toda experiencia es, por principio, de algo ahí. Y este no es un saber que podamos extraer de la experiencia, sino, como decíamos, su condición.
De hecho, los juicios sintéticos a priori constituyen la objeción kantiana al empirismo de Hume. Así, Kant admite que necesitamos recurrir a la experiencia para saber cuál es la causa de, pongamos por caso, el arco iris. Pero no para saber que todo necesariamente tiene una causa. Ciertamente, Hume podría replicar que esta última afirmación es el resultado de un haber generalizado o inducido que nuestra mente haya construido, siempre por hábito o costumbre, las causas de diferentes hechos. De ahí que Kant se viese obligado a demostrar que los juicios sintéticos a priori son una exigencia de la razón y no el resultado de una atrevida inducción. Pero este es otro asunto.
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