la muerte y el Dios
junio 8, 2026 § Deja un comentario
Topamos con la muerte —nos quedan apenas unos meses, semanas, días…— y entonces podemos sentir, de manera espontánea, que habrá alguien esperándonos. Y así se nos dice: si no lo sientes, no crees. Pero hubo un tiempo —el del primer Israel— en que la experiencia de estar ante Dios no iba asociada a la de una vida post mortem. De hecho, la distancia que nos distanciaba del Dios era, precisamente, la que separa al mortal del inmortal: se te ha dado la vida dentro de un plazo; da las gracias y no esperes más.
La esperanza en la resurrección de los muertos, como es sabido, comenzó a cuajar en Israel durante el período de los Macabeos —un período de una represión feroz— cuando la pregunta qué justicia pueden esperar los mártires de Yavhé se hizo inevitable. Nada que ver, por tanto, con una creencia cuya única base es el miedo a morir. Y, por eso mismo, el Dios que hay tras esta esperanza no puede ser el mismo que aquel que los mártires invocaron mientras sus verdugos pusieron a hervir el aceite.
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