en nombre de Dios

junio 13, 2026 § Deja un comentario

La respuesta de Israel al pie del Horeb —primero obedeceremos, y luego ya comprenderemos— debería darnos, al menos, una pista de por dónde van los tiros del monoteísmo bíblico. También, el acontecimiento del Gólgota. Pues en definitiva lo que se nos está diciendo es que en nombre de Dios, Dios no es el tema. O mejor dicho, el tema no es nuestra relación con las representaciones que nos hacemos de Dios. Dios no se revela como refugio emocional. La experiencia de Dios —el cara a cara de Moisés— tiene más que ver con la desconexión que con su contrario. No en vano, la palabra abbá, la que expresa la mayor intimidad con Dios, aparece en el evangelio de Marcos —y solo en el de Marcos… curiosamente— en el momento en que el enviado sufre en carne viva el abandono de Dios. Como si el evangeliste quisiera darnos a entender que la mayor intimidad con Dios tiene lugar donde clamamos por Dios. Este es el incipit del paso al frente de la fe.

Ciertamente, el acento en la obediencia es desconcertante para una mentalidad ateniense. Pues parece rechazar de plano lo que acaso sea nuestro derecho más básico, el de la libertad que se asienta sobre un saber a qué atenerse. Y sería así, de tratarse de cualquier obediencia. Pero no es el caso. Y es que la Ley que se desprende de la experiencia del Horeb —una experiencia crucial— es la que nos obliga, precisamente, a la fraternidad. Y ello ante Dios. Al fin y al cabo, obedecemos a Dios como los que se enfrentan a Dios —como los que lo encaran. Es lo que tiene el cara a cara.

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