una fe acomodada
julio 13, 2026 § Deja un comentario
¿En qué consiste una fe acomodada, esto es, al servicio de nuestra satisfacción de sí? Pues en quedarnos con la compasión que nos inspira el pobret —y, de paso, creer que, así, cumplimos con la voluntad de Dios. Sin embargo, con la compasión natural seguimos aún dentro de lo humano, demasiado humano.
Para, cuando menos, comprender de qué va esto de la fe hay que tener en cuenta que la experiencia de Dios nos saca del quicio de lo natural. En este sentido, quizá no sea casual que la mayoría de los santos nos parezcan unos delirantes. Al fin y cabo, el otro lado de dicha experiencia —la de los huérfanos de Dios— es el amor al enemigo, a aquel que masacró a tus hijos porque quiso masacrarlos, el heraldo de Satán. Tan solo el perdón de lo imperdonable interrumpe —y en vertical— el ciclo de la violencia histórica.
Sin embargo, esta interrupción no es algo que esté en nuestras manos, es decir, algo que podamos concebir como un objetivo moral. El quien de quien perdona lo imperdonable no es el de aquel que aún confía en sus posibilidades. Al contrario: es el de aquel que ya no tiene vida por delante, el despojado de sí. O dicho de otro modo, el de quien ha vuelto de la muerte con vida, precisamente, la que ofrece a los que están muertos sin saberlo. Y ello en nombre de Dios. Esto es, en su lugar.
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