cosas que no cuadran
julio 16, 2026 § Deja un comentario
Un Dios que funciona como un amigo invisible de la infancia no termina de hacer buenas migas con la experiecia de Job, con el hecho de sentirse nadie —y porque no somos nadie— ante el exceso de Dios. Pues un Dios que se preocupa por ti hasta alcanzar los recovecos de la intimidad ¿acaso no fue el paso que, a la larga, hizo posible que hayamos prescindido de Dios? Más aún: ¿acaso no fue en Getsemaní donde el enviado experimento qué significa intimar realmente con Dios?
Ciertamente, el teólogo podrá objetar que la historia del Hijo revela que Dios no nos abandona. De acuerdo. Pero habrá que ver cómo entendemos esto último. Pues lo cierto que el Hijo muere como un apestado de Dios. De ahí que la fidelidad de Dios no pueda entenderse como la entiende muchos cristianos de a pie, a saber, como si el Padre, desde arriba, hubiese enviado a su Hijo para que, tras adoptar un aspecto humano, nos indicase cuál es el buen camino. Más bien lo que entiendo desde los relatos de la Pasión es que el Padre seguirá estando presente —aunque no precisamente como el amigo invisible de la infancia— mientras siga habiendo quienes, tras haber experimentado el abandono de Dios, permanezcan fieles al eco imperativo de su voz. Esto es, perdonando lo imperdonable, dando el pan de cada día a lo que no tienen pan, ofreciendo la otra mejilla… Y ello en nombre de Dios. Es decir, en su lugar.
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