Israel y la esperanza
julio 20, 2026 § Deja un comentario
Hay una tendencia, pastoralmente reforzada, a hacernos una idea de cómo terminarán las cosas. Así, decimos que, al final, resucitaremos de entre los muertos como quien dice que, en el futuro, Europa será un desierto. O que, tras la muerte, pasaremos a vivir en esa dimensión en la que no habrá más que dicha. Sin embargo, este hacerse una idea ¿no supone caer en una forma de idolatría? ¿Es que aún no nos hemos dado cuenta de que la resurrección es imposible—y que la fe en Dios tiene que ver con, de hecho, lo imposible en nombre de—?
Para, cuando menos, comprender el carácter de la esperanza creyente estaría bien releer Ex 24, 7. Pues, tras el descenso de Moisés del Horeb, el pueblo de Israel seguía sin entender que cabía esperar. De ahí que su respueste fuese primero obedeceremos y luego ya veremos. Traducción: la extrema trascendencia de Dios —la que nos arroja a la existencia como huérfanos de Dios— nos obliga a la fraternidad en un mundo que está lejos de aceptarla. Ciertamente, el pueblo de Israel confió en que la Ley no caería en saco roto. Pero esa confianza no reposaba en la convicción de que si hacían lo debido otro mundo sería posible —pues, el punto de partida es que la humanidad es incapacaz de hacer lo debido—, sino en el reconocimiento, precisamente, de Yavhé como Señor. Y de ahí que las imágenes de la esperanza creyente siempre fuese delirantes. Nada que ver, por tanto, con un ideal que podamos asumir como una expectativa más o menos razonable.
Deja un comentario