del desierto y la verdad
julio 28, 2026 § Deja un comentario
Tradicionalmente, el desierto ha sido visto como un ámbito de revelación —como un territorio espiritual—. No hay mapas del desierto. Porque en medio del desierto —sobre todo, durante la noche— el ruido y el oropel han sido colocados entre paréntesis nos encontramos expuestos a la anónima desproporción que abraza el mundo. Y quizá sea por esto que, en el desierto, sentimos una mezcla de paz y angustia. Si vemos la puerta de salida —si el desierto es simplemente una ocasión—, predominará la sensación de paz. En cambio, si nos perdimos o fuimos abandonados, la desazón tendrá más peso. Ahora bien, en el primer caso, la paz irá haciendo hueco a una cierta intranquilidad. La presencia del exceso —y precisamente porque ignoramos qué puede suceder a continuación— siempre fue amenazante. En el segundo, sin embargo, la inquietud irá cediendo el paso a la serenidad de quien acepta. En el desierto, permanecemos a solas sobre la arena y bajo un cielo estrellado: nada más. Y este nada más se revela como lo más real o inalterable. Esto es, la nada es más. Pues, por detrás de las estrellas, la oscuridad y el silencio de un puro haber. Sin embargo, por eso mismo, hay la solidez de la tierra que pisamos. Pues la nada solo es donde no es nada. Es decir, donde no (es nada).
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