verse desde fuera
agosto 29, 2026 § Deja un comentario
De topar con nuestro doble —o, más difícil todavía, con nuestro clon—, nos sentiríamos extraños. Pues nos veríamos como nos ven los demás, esto es, como uno más entre otros. Como si nos hubiésemos convertido en el entomólogo de nosotros mismos. La separación entre el yo y el sí mismo —y en el sí mismo va tanto el cuerpo como el carácter— sería radical: Yo no soy ese, nos diríamos. Ahora bien, la separación, sin embargo, es la condición de la subjetividad, esto es, de la identificación con un cuerpo, un modo de estar en el mundo, un perfil. El yo es un estar enajenado de aquello de lo que depende —de la carne sin la cual no es nadie—.
(Y qué diríamos si le viéramos hablar consigo mismo como si se dirigiese a un daimon personal. ¿Acaso no dudaríamos de su sensatez?)
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