Roberto Calasso

septiembre 23, 2026 § Deja un comentario

Leyendo a Calasso, no puedes evitar la impresión de que los dioses siempre fueron una asunto literario. Quiero decir que su lugar es el texto, no el afuera. En el afuera solo hay poderes confusos, ruido y furia. También belleza. Pero aún queda pendiente que sean, precisamente, dioses. El dios se realiza en el texto. Y, por eso mismo, es el fruto del trabajo con el lenguaje. Los textos no levantan ningún acta. Pues es obvio que cuando, por ejemplo, leemos en la Teogonía que las melíades, al igual que las ierinias, nacen de la sangre que brotaba de la herida que la hoz de Cronos había abieto en el vientre de Urano, Hesíodo no pretende describir. Los dioses alcanzan la realidad a través de las interminables variaciones sobre el tema de Dios. En relación con ello, no fue causal que las metamorfosis fuesen el medio par excellence de la epifanía. Al fin y al cabo, la convicción del politeísmo fue que todo estaba lleno de dioses.

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