teodramática
septiembre 24, 2026 § Deja un comentario
El cristianismo es inseparable de la experiencia dramática del presente. Donde esta experiencia es apartada por insensata, el cristianismo pierde fuelle, precipitándose hacia una ética de los buenos sentimientos —y acaso de lo políticamente justo— con la excusa de Dios. Hay en el cristianismo un sentido de la urgencia que no se encuentra en otra religiones, salvo quizá en el Islam: no nos queda mucho tiempo por delante y los gritos del hambre son insoportables. El drama consiste en que esta urgencia se vive en medio de un combate entre los poderes que mueven —y sostienen— el mundo y el poder de Dios. La esperanza creyente no es más que una mera expectativa personal sobre la vida post mortem donde prescinde del horizonte escatológico. De ahí que dicha esperanza apunte a la resurrección de los muertos. No hay otra: los muertos deben resucitar por el poder de un Dios para el cual la injusticia histórica es, sencillamente, intolerable. Aunque nos resulte difícil de creer por nuestra cuenta y riesgo. Por no decir imposible.
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