lo de siempre, vaya

octubre 2, 2026 § Deja un comentario

La presencia de Dios es la de un Dios oculto, pero oculto de tal modo que tampoco podríamos verlo de cruzar el umbral. Por tanto, como dijera Karl Rahner, incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio.

Ahora bien, un misterio irresoluble no es el de algo misterioso o todavía por descubrir: es el de la imposibilidad de resolver la incógnita, en este caso, la de Dios. De ahí que Dios sea, en sí mismo, la eterna falta de Dios, su negación de sí. Únicamente desde esta constatación, cabe comprender que Dios se le diera a Israel en el modo de la promesa de Dios. Y por eso Dios exige fe y no, más bien, creencia. Pues la creencia —la hipótesis, la suposición— es la fe despojada de esperanza. En su lugar, la expectativa, la posibilidad.

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