asombro y espíritu

octubre 11, 2026 § Deja un comentario

La experiencia bíblica de Dios, la cual se halla originariamente asociada a la de Dios como creador, tiene su envés secular en la del asombro: todo se nos presenta como dado. Ahora bien, la pregunta del asombro —por qué hay algo en vez de nada— presupone la nada como horizonte. Al fin y al cabo, la rosa es sin porqué. Todo es gracia. La diferencia entre quien posee una sensibilidad religiosa y el filósofo —al menos, sobre el papel— consiste en que el primero imagina a Dios como ente superior, y por tanto, como alguien con el que, en principio, cabe dialogar o, cuando menos, tratar, mientras que el segundo permanece atónito ante la nada que el mundo dejó atrás, relegada a un tiempo anterior a los tiempos.

Sin embargo, en el fondo, cabe admitir una extraña convergencia… como supo ver Filón de Alejandría. Pues la espiritualidad bíblica, una vez deja atrás la monolatría de los primeros tiempos, vive a flor de piel la extrema trascendencia de Dios, la cual anda rozando la nada. De hecho, la mística de Isaac Luria piensa la creación ex nihilo como la contracción de Dios —como su hacerse, precisamente, nada—. Aunque tampoco es que tengamos que estirar tanto este chicle. Ya el libro de Job nos da a entender que Dios no es que sea, precisamente, un interlocutor.

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