polis y filosofía
noviembre 3, 2026 § Deja un comentario
El político necesita convencer, justificar sus decisiones, las cuales siempre jugarán a favor de unos y no de otros. No es posible que todos queden contentos. En esta fiesta infantil —violencia incluida—, los trozos del pastel que se reparten nunca serán iguales. En política, unos ganan, mientras otros se quedan atrás. Sin embargo, el político solo podrá convencernos con medias verdades, aunque las presente como si fueran una obviedad. En esto consiste el truco de la demagogia. De ahí que los Sócrates les resulten incómodos. Pues es incómodo caer en la cuenta de que, por poco que pensemos, nunca terminamos de saber de lo que estamos hablando, sobre todo cuando empleamos grandes palabras. Por ejemplo, ser. El aborto no es un crimen porque el feto aún no es nadie, dijo en su momento la ministra. Sin embargo, el recién nacido tampoco lo es… y no nos parece que dé lo mismo amamantarlo que tirarlo a un container. One more thing: no parece que sea lo mismo, aunque en sus fases iniciales no se distingan, un amasijo de células que, por su misma naturaleza, terminará siendo un muñon de carne que otro que acabrá realizándose como María, Pedro, Andrés…
Tengamos por seguro que si los Sócrates son, al final, invitados a la fiesta, entonces esta terminará antes de tiempo y con los invitados con cara de idiota. Pero, políticamente, la fiesta no puede terminar. Para el tábano, cicuta.
De ahí que el único modo en que los Sócrates puedan permanecer en la ciudad es que sean tomados como bufones. Esto es, que nadie les tome en serio —que sus pensamientos sean calificados de ocurrencias—. Por eso, la ironía como sesgo existencial —y no solo como tropo— es el recurso. Al menos, mientras la polis no salte por los aires.
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