parroquias
enero 3, 2025 § 1 comentario
El riesgo de una pastoral centrada en alimentar a los parroquianos con espejismos, esto es, ahorrándoles la verdad —y con ello no quiero decir que los pastores deban presentarla de buen comienzo, pues incluso la verdad tiene su momento— es que, al final, el cristianismo quede reducido a una religión para niños. Hoy por hoy, quienes buscan la verdad y no solo ejercitarse en los buenos sentimientos, tarde o temprano, dejan de ir a misa. Normal, si nadie dentro de las canchas cristianas ha sido capaz de mostrarles qué de verdadero hay tras las fórmulas del credo. Y quien dice verdad, dice historias verdaderas, las cuales nada tienen que ver con lo paranormal. A muchos pastores —aunque no solo: también a muchos escribas— les iría bien leer de vez en cuando las palabras de Ap 3, 16.
microbios
enero 2, 2025 § Deja un comentario
Supongamos que fuéramos unos de los tipos de microbios que habitan en nuestro intestino… y que pudiéramos desplazarnos más allá. ¿Acaso no veríamos otros mundos —paisajes desconocidos, incluso inhóspitos, por no decir absolutamente incomprensibles: el corazón, los pulmones, las vértebras, la masa cerebral…? Sin embargo, lo que no veríamos —ni podríamos ver— es que todos esos mundos forman parte de un todo consciente. Imaginemos ahora que uno de esos microbios llegase a comprender que los diferentes mundos componen un organismo. ¿Es que no se le presentaría como un diseño inteligente? Más aún: ¿podría eludir el postulado de una inteligencia creadora?
Sin embargo, ese todo consciente de sí no se crea a sí mismo. A lo sumo, interviene sobre sí: alimentado a los microbios beneficiosos a base de probióticos y eliminando a la Helicobacter Pylori. Ciertamente, a esos microbios les parecería que existen bajo el poder de un dios. Pero se equivocarían. Su error sería un error de perspectiva. Aun cuando espontáneamente no pudieran evitarlo. Pues el haber de Dios en verdad se sitúa más allá del todo.
Ahora bien, más allá del todo —y por el que el todo es eternamente el aún no-todo— no hay nada. Esto es, un puro haber sin nada, en definitiva, la negación de la nada. Este es el último misterio. Por no decir, lo absoluto como misterio o el misterio de lo absoluto. Llegados a este punto, resulta obvio que ya no cabe hablar de una cosa misteriosa. De ahí que ante Dios nos encontremos siempre sin Dios. Y de ahí también que obedecer al mandato que se desprende de este ante Dios, sin Dios suponga un enfrentarse a Dios en nombre de Dios. Y ello para que Dios sea. Esto es, adquiera un presente —una presencia—, al fin y al cabo, un cuerpo.
dar fe y tener fe
enero 1, 2025 § Deja un comentario
A menudo me preguntan cómo tener fe en tiempos en los que Dios ya no se da por descontado. Y lo que suelo contestar es que la fe siempre se afirma en donde Dios no puede darse por descontado. Como sucedió en el Gólgota. En realidad y como escribiera Bonhoeffer, ante Dios siempre nos encontramos sin Dios.
Ciertamente, la mayoría de creyentes no se hallan en la situación del crucificado. De ahí que la fe común sea indisociable de un dar fe: he visto…. Por otro lado, la fe va con su momento, aquel en el que se nos exigirá, precisamente, dar el paso. La fe, como acto de confianza, no se tiene. En cualquier caso, se tiene la creencia. Pero en la creencia acaso pese más nuestro lado que el de Dios.
poder y sentido
diciembre 31, 2024 § 3 comentarios
¿Cómo es que tantos jóvenes se sienten atraídos por el yihadismo? ¿Por qué las teorías de la conspiración consiguen tantos adeptos? Sentirse alguien e ir a la contra ¿acaso no serán dos caras de la misma moneda? Si, como viera Nietzsche, no hay más que voluntad de dominio, ¿no deberíamos entender cualquier vínculo como político? Y la política ¿no exige un enemigo? ¿Puede haber vigor una vez se ha disuelto el espíritu de combate?
Quizá no fuese casual que la filosofía naciera en el seno de la democracia. Pues la interrogación socrática, cuya actitud básica es una mezcla de asombro y sospecha, corroe todo mapa mental. El problema de los mapas mentales es que nos fijan en una perspectiva. Y quien dice fijar dice esclavizar: difícilmente logramos ver más allá. Ahora bien, y dado que una perspectiva con sentido es siempre binaria —amigo/enemigo, superior/inferior— no hay modo de evitar el conflicto donde conviven diferentes mapas mentales. Y menos, si hay desigualdad de por medio.
De ahí que los sofistas, al proporcionar los mapas mentales que servían a intereses particulares, fuesen, según Platón, el inevitable cáncer de las democracias. Pues el escepticismo socrático, el cual relativiza, precisamente, cualquier perspectiva, siendo a su vez consciente de que no disponemos de otro recurso para orientarnos en el día a día, nunca tendrá las de ganar. Y sin un escepticismo de fondo, no hay democracia que sobreviva. Pues entre escépticos solo cabe el acuerdo, la negociación, el consenso.
Sin embargo —y este sería el asunto— el escepticismo no proporciona ningún sentido a la existencia. A lo sumo, un esperar lo imposible. Y aquí Israel puede que fuese más perspicaz. Aunque a costa de un enorme sufrimiento.
el haber y el todo
diciembre 30, 2024 § 2 comentarios
¿Hay el todo? No, según Kant. Estaríamos ante una idea de razón, algo así como un horizonte, un límite asintótico, una idea regulativa. Pues lo que hay se decide desde las condiciones de posibilidad de la experiencia. Y estas no admiten una experiencia de la totalidad.
Sin embargo, hay el haber. Y en ocasiones, sin duda extremas, una experiencia del puro haber. Esto es, cuando nos cubre una completa oscuridad y silencio. Kant, por tanto, estuvo en lo cierto: con respecto al todo no hay nada que ver. Ahora bien, por eso mismo, hay el todo. Hegel fue más perspicaz. Pues supo ver que el todo incluía en su seno el no-todo. Y esto significa ver muy lejos.
nihilismo y cristianismo
diciembre 29, 2024 § Deja un comentario
Nihilismo significa ninguna esperanza. Por supuesto, ninguna para los vencidos. Pero tampoco para quienes se alzaron con la victoria. Pues esta no es más que una tregua, un impasse. Al final, todos morderemos el polvo. Mientras tanto, la distracción. Si cupiese. ¿La solución? Morir como el Ricardo III de Shakespeare: soltando una gran carcajada. O al menos, una risa tonta.
No obstante, ¿qué cabría esperar? ¿Un paraíso? Quizá. Pero es como apuntar a un espejismo. También que haya alguien —y alguien bueno— en medio de la más completa oscuridad y silencio. Para el nihilista, no habrá nadie ahí. Y si lo hubiese, no estaría para salvarte. Prevalece la lucha. De hecho, los contratos civilizados reflejan un combate que terminó en tablas. Nada más allá de la voluntad de dominio. Esto, como sabemos, es Nietzsche.
¿Qué presenta el cristianismo como alternativa? Un horizonte imposible —la resurrección de los muertos, un Juicio Final. ¿Opio? Probablemente, si la expectativa creyente solo se basa en la necesidad psicológica de que la película termine bien. Otro asunto es que el punto de partida de dicha esperanza sea el acontecimiento de un gesto de bondad en medio del infierno, esto es, donde no cabía ninguna bondad. Pero en ese caso, la esperanza no podrá entenderse como previsión, sino únicamente en los términos de un debe —y un debe que se afirma frente a cualquier ideal que podamos concebir desde nuestro lado. Lo dicho: un imposible. Sin embargo, no acabamos de comprender en qué consiste tener fe si su horizonte es lo que los mundos pueden dar de sí. Ni por supuesto, qué significa estar ante Dios.
sur-prise
diciembre 28, 2024 § Deja un comentario
La experiencia básica de la alteridad, al margen de cuanto podamos pensar acerca del carácter absolutamente otro de lo real, es la del ser tomado. En definitiva, la de la propia finitud ante algo que (nos) adviene. Y quien dice finitud dice dependencia. El pensar solo es posible una vez hemos sido dejados.
Sin embargo, uno de los efectos del pensar que nace de la sospecha es, precisamente, el de relativizar la experiencia básica de la alteridad. Pues la sospecha siempre se interrogará —y aquí la interrogación es, por lo común, retórica— sobre la posibilidad de que el rapto únicamente tenga que ver con nuestra situación y no con la revelación de lo absolutamente trascendente. Las lombrices probablemente experimentarían la misma sensación de dependencia si pudieran entrar en contacto con nosotros. Pero se equivocarían si de su experiencia dedujeran que somos dioses.
En cualquier caso, que finitud y alteridad vayan de la mano significa que la cuestión sobre Dios es, en definitiva, la cuestión sobre el poder. Y aquí Israel dio un paso al frente al comprender, y no sin sufrimiento, que lo que no admite dominio —lo que nos sitúa ante una genuina alteridad— tiene más que ver con el silencio que cubre por igual los campos de batalla y los de amapolas que con el temblor de la tierra.
agermanats
diciembre 26, 2024 § Deja un comentario
Decimos: somos hermanos. Pero nos relacionamos como si no lo fuéramos. El prójimo es en verdad una aparición. Sin embargo, nos tratamos como si no fuésemos más que cosas-a-disposición. Pues se impone el aspecto, la serie de rasgos que nos empujan a reaccionar. La amabilidad sería el eco formal del respeto al que nos obliga una genuina alteridad. Durante el tiempo diario, rige el código más elemental: me gusta, no me gusta. ¿El horizonte del mundo? La utilidad, el provecho, la ventaja.
Aquí sigue siendo cierto lo que, en su momento, vieron los griegos, a saber, que vivimos de espaldas a lo que en verdad acontece. En su lugar, permanecemos anclados a las apariencias —a la tergiversación de lo verdadero. Con todo, el corazón de la verdad sigue latiendo por debajo de la cháchara, el rumor, la dispersión. Pues la verdad es lo real. Y lo real, en sí mismo, es inalterable. En cuanto tal, no admite versiones.
Ahora bien, ¿por qué podemos afirmar que, en verdad, somos hermanos? ¿Quizá porque lo verdadero es lo que se nos ofrece, más allá de cualquier perspectiva, donde topamos con el vacío absoluto, esa oscuridad y silencio últimos. De ahí que solo ante Dios —y porque ante Dios estamos sin Dios— podamos encontrarnos bajo el imperativo de la fraternidad. Pues este se deriva de una común orfandad. Y se deriva en nombre de Dios como los que se enfrentan a Dios. Como Jacob en Penu-Ēl. La experiencia del valor y, en definitiva, de lo sagrado comienza donde ya no hay caballo que montar
catolicismo transcultural
diciembre 25, 2024 § Deja un comentario
Me atrevería a decir que la revelación cristiana —a saber, aquella que proclama un crucificado como el quién de Dios— no necesita de ninguna adaptación. Pues no estamos ante una visión de Dios entre otras —y ello aunque se trate de un ver a Dios en aquel que cuelga de una cruz en nombre de Dios, esto es, en su lugar. De hecho, si se piensa bien, la revelación cristiana supone una impugnación de lo que tomamos espontáneamente por divino. Y lo supone porque la kenosis de Dios no termina de ligar con un superman de carácter espectral. Al fin y al cabo, la confesión cristiana, en tanto que judaísmo llevado a las últimas consecuencias, nos habla de lo que queda de Dios una vez se han hundido los cielos. Así, o nihilismo, o un nuevo comienzo. Y aquí Dios no opera a la manera de un deus ex machina.
¿qué es el cristianismo?
diciembre 23, 2024 § 4 comentarios
Teresa de Calcuta, terminó no sintiendo a Dios. Oscar Romero, incapaz de orar. El de Nazaret, como un apestado del Padre. Y, sin embargo, permanecieron fieles al mandato: sacando a los parias de la calle, dando de comer al hambriento, perdonando a sus verdugos. ¿Qué queda de Dios donde ya no queda nada de Dios? Acaso quienes obedecen contra toda evidencia al clamor que ocupa el lugar de Dios (y por eso mismo, es de Dios). El resto es un permanecer a la espera. Estrictamente, un no saber.
nihilismo, again
diciembre 22, 2024 § Deja un comentario
El nihilismo es una psicosis, la negación de la posibilidad de que lo Real interrumpa el mundo. Pues lo Real es la posibilidad de lo imposible —la posibilidad de lo nuevo, la aparición. Frente a la aparición tan solo cabe un heme aquí. El problema es que confundamos lo sorprendente —la novedad— como lo nuevo. Por eso la aparición tiene que desaparecer. No es posible acostumbrarse. O dicho de otro modo, tiene que apuntar a un tiempo más allá de los tiempos. Nihilismo significa, por tanto, nada nuevo puede aparecer; en realidad, tan solo la eterna reiteración de lo mismo.
Sin embargo, es cierto que una esperanza que solo esté al servicio de nuestra tranquilidad es una ilusión. De ahí que la genuina esperanza apunte a un final del mundo en nombre de la bondad que tuvo lugar donde no podía haber ninguna bondad. Y de ahí también que las imágenes de esta esperanza solo puedan ser delirantes.
Bonhoeffer
diciembre 21, 2024 § 2 comentarios
Ante Dios, nos hallamos sin Dios. De acuerdo. Y de acuerdo porque es así. Sin embargo, podríamos añadir, como quien juega, una nota al pie: y enfrentados a Dios. La respuesta del hombre —su fiat— niega el silencio de Dios, su en sí. Pues ese silencio es, sencillamente, aniquilador… donde el hombre no responde con su arrojo.
De ahí que el crucificado sea, cristianamente, la Palabra de Dios, aquella que rompe su enmudecimiento. No hay otra. Es verdad que el todo nos habla de Dios. Pero no porque apunte a un demiurgo espectral, sino, precisamente, a su paso atrás.
maneras de hacer mundos
diciembre 20, 2024 § Deja un comentario
No hay mundo sin cosmovisión —mejor dicho, sin los presupuestos que rigen una cosmovisión. Una pura exterioridad es silencio y oscuridad sin resquicio. La interpretación va con la visión. Ningún hecho es químicamente puro —ninguno se nos da al margen de cómo se nos presenta. Así, en la Antigüedad hubieron espíritus en los bosques. Ya no. En cualquier caso, aún puede haber quienes lo supongan por su cuenta y riesgo. Nunca hubo dinero para los aborígenes del Mato Grosso. En cualquier caso, trozos de papel que los blancos veneran.
Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia religiosa de Dios, a saber: que es relativa a un mundo que ha dejado de ser el nuestro. Otro asunto es la visión que se desprende del Horeb —y por extensión del Gólgota. Pues Moisés no tuvo la impresión de que el Dios que se le reveló en el desierto fuese algo así como un dios.
Hay mucha soledad en las cimas. Al fin y al cabo, una cima es una sima. De hecho, Moisés no descendió del Horeb con una descripción, sino con las tablas de la Ley. El pueblo de Israel lo comprendió de inmediato: primero obedeceremos y luego ya veremos. Esto es, primero la carta de Santiago y el resto es esperar. Desde un óptica bíblica, Dios en verdad nunca formó parte de un perspectiva. De hecho, las quiebra.
megacasting 2
diciembre 19, 2024 § 3 comentarios
Si el cogito se encuentra limitado por el mientras de su actividad mental, entonces automáticamente, como quien dice, hay lo que se halla fuera del límite: lo in-finito, literalmente, lo no-finito, la negación de lo finito, en definitiva, del yo. La pura exterioridad sería, por consiguiente, lo otro en absoluto. Sin embargo, también podríamos decirlo, en principio, a la inversa: desde el lado de lo absoluto, el yo sería su negación —su límite. Ahora bien, ¿cómo lo infinito puede admitir la limitación siendo, precisamente, infinito?
patriarcado
diciembre 19, 2024 § Deja un comentario
Diría que mal vamos donde los instructores de la educación woke insisten en el que la clase magistral es patriarcal. Y muchos insisten sin haber dado nunca una clase. Es decir, sin haberse enfrentado nunca a jóvenes abducidos por modelos de vida que, precisamente, les impiden entrar mentalmente en un aula. Asombroso.
¿Qué proponen en lugar de la clase magistral? Actividades de aprendizaje. Es cierto que uno aprende —interioriza— lo que hace. Pero resulta una ingenuidad pretender que, sin una exposición autorizada de lo que hay que saber, el alumno lo aprenderá por sí mismo con la única compañía de un monitor de aprendizaje, el cual en principio solo tendría que limitarse a garantizar que el alumno sigue las instrucciones.
La pedagogía woke no admite lo que es natural, a saber, que la relación entre maestro y alumno es una relación de poder. De hecho, si el maestro seduce es porque ejerce cierto poder sobre aquellos que lo escuchan. En el fondo, lo que hay por debajo del wokismo es un rechazo visceral a la autoridad. Como si el ejercicio de la autoridad fuese, por sí solo, un abuso de poder. Sin embargo, los vínculos humanos siempre están mediados por un cierto tipo de autoridad. Y lo que consigue, secretamente, la pedagogía woke es que la autoridad se desplace del maestro al alumno. El centro es el alumno: este es el mantra. Y así tenemos claustros desquiciados por las encuestas. Ja us ho fareu.
Ciertamente, hay que tener en cuenta dónde se encuentran quienes están en la situación de aprendizaje. Pero con el propósito de elevarlo y no de reírle las gracias. Y para ello hay que decirle que él no es el centro: el centro es la cosa, lo que hay que saber. Una pedagogía que no lo admita, sencillamente, no es seria. En realidad, supone prolongar la infancia hasta las edades en las que deberíamos dejar atrás la etapa infantil. Primaria hasta en la sopa.
Puede que una escuela woke sea lo que demandan, en el fondo, los nuevos padres, también denominados padres helicóptero, aquellos que giran continuamente en torno al capricho de sus hijos. Sobre todo, que no se frustren. ¿Qué consiguen? Hijos que difícilmente sabrán lo que quieren. Pues no sabrán distinguir entre querer y desear. Y es que nadie sabe lo que quiere hasta que no sabe qué quiere de él su padre. Los nuevos hijos no tienen padres. Tienen progenitores. Y ninguna escuela, ya despoblada de maestros, podrá compensarlo.
¿El resultado? Oriente gana.
tour
diciembre 18, 2024 § Deja un comentario
La metáfora del viaje se halla en todas las culturas. La vida como trayecto de ida y vuelta. La cuestión es hacia dónde se dirige —y cómo se regresa. El viaje de Gilgamesh no fue exactamente el mismo que el de Ulises. Tampoco lo fue el del prisionero de la caverna. Para el cristianismo, se trata de ascender al Gólgota… para luego descender con una mezcla de esperanza y sangrante perplejidad.
Ahora bien, sea cual sea el viaje, la sabiduría que se alcanza es siempre paradójica. Pues no es, estrictamente, un saber a ciencia cierta.
sin clamor
diciembre 17, 2024 § Deja un comentario
Donde el cristianismo olvida el horizonte apocalíptico que lo anima —donde pierde de vista que su esperanza es un clamor— no va mucho más allá del cultivo de los buenos sentimientos. Y para este viaje, ciertamente, no hacen falta las alforjas de quien ha ido —y regresado— de los Gólgotas de este mundo.
esperar (y 2)
diciembre 16, 2024 § 1 comentario
La esperanza naÏve no termina de congeniar con la dialéctica. Y quien dice dialéctica, dice lucidez. ¿Un final feliz y para siempre? ¿No habrán ya más tormentas? Donde no hubiese más que luz, ¿podría haber luz? Más aún: ¿acaso lograríamos soportarlo?
No hay todo para quien es consciente de sí mismo —para quien no termina de encontrarse en donde está. La experiencia de los cielos, ¿no estaría cerca de la de una eterna vacuidad? ¿Qué inquietud para los cuerpos hinchados solo de bondad? De ahí que la imagen de la esperanza bíblica no sea la de unos cielos repletos de idiotas felices, sino la de la bestia bajo las botas del arcángel. Las sombras siguen. Pero ya no cubren la superficie de la tierra.
La esperanza sin el clamor de aquellos que, viviendo como perros, esperan lo imposible —el final de la injusticia, es decir, del mundo— no está tan lejos de la expectativa del espectador: que la película termine bien y, así, podamos dormir a pierna suelta.
un símil para este momento
diciembre 15, 2024 § Deja un comentario
Para hacerse una idea de lo que supone hoy en día creer que el crucificado es Dios —y que fue rescatado del sheol al tercer día— basta con imaginar que lo anterior es proclamado en medio de una macrodiscoteca con la masa desquiciada bailando reggaeton. Y proclamado intentando convencer al personal de que no cabe otra esperanza que la de una resurrección de los muertos tras el fin de los tiempos.
Sin embargo, el paso de la fe siempre se ha dado en situaciones hostiles. De hecho, aún más hostiles que la de una macrodiscoteca. Pienso en los Auschwitz de la historia. Ahora bien, la desaparición de la cristiandad empuja al cristianismo a partir de cero. Quiero decir que la transmisión de la fe —al menos, si se pretende ir más allá de los muros de la parroquia— no puede comenzar con las fórmulas del credo. Más bien, debe tomarse en serio que no hay otro acceso a Dios que aquel que parte de las situaciones —humanas, demasiado humanas— en las que no parece que haya Dios. Es lo que tiene que no haya Dios sin el cuerpo de Dios.
Las fórmulas del kerigma cristiano no necesitan traducción. Para comprenderlas —y aquí comprender supone caer en la cuenta de su carácter disruptivo con respecto a lo que experimentamos espontáneamente como divino— basta con escuchar las historias que hay detrás. De hecho, como hicieron los evangelistas.
la ambigüedad de Pablo
diciembre 14, 2024 § 1 comentario
La tesis cristiana par excellence no admite el Dios de la religión, el ente supremo cuyo modo de ser es independiente de su hacerse cuerpo. Sencillamente, Dios o tiene cuerpo, o no hay Dios. Pues que Dios sea un Dios encarnado no significa que Dios adoptase el aspecto de un hombre o que Jesús de Nazaret fuese la máxima ejemplificación de la misericordia de Dios. Significa que Dios en cuanto tal —el Padre— no es aún nadie sin su cuerpo.
Sin embargo, el cristianismo ha sobrevivido históricamente por admitir el Dios de naturaleza espectral por la puerta de atrás. Inevitable, por otra parte. De hecho, la proclamación de la resurrección del crucificado no fue un modo de hablar…. como si simplemente hubieran querido decirnos, por ejemplo, que Jesús seguía vivo en el corazón de sus discípulos. Dicha proclamación presupone un Dios que interviene ex machina. Es decir, ningún seguidor de Jesús se hubiera tomado en serio que había sido levantado de entre los muertos, a pesar de la ambigüedad de las apariciones, sin la fe en el poder de Dios.
Hay por tanto un hiato entre la verdad cristiana —la que se expone con la revelación— y el imaginario que permite su incorporación donde no nos hallamos al pie de la cruz. Parafraseando a Hegel, podríamos decir que la revelación cristiana deviene otra cosa cuanto más alejados del Gólgota nos encontremos.
Ahora bien, una teología de la revelación que prescinda del Dios de la religión —el Dios que ya es alguien al margen de su encarnación— tendrá serias dificultades para integrar el poder de Dios. Y sin ese poder el horizonte apocalíptico, sin el cual la esperanza cristiana es un whisful thinking, se disuelve como azúcar en el café. Pues si Dios no puede hacer nada por sí mismo, entonces el único modo de seguir refiriéndonos al poder de Dios es haciendo de Dios algo así como el enchufe al que necesitamos conectarnos —aunque cristianamente esa conexión implique el salto sobre el vacío de la fe— para que la energía fluya e ilumine la habitación. O mejor dicho, ponga de nuevo en marcha el motor. Aunque quizá se trate de eso.
un breve sobre la descomposición
diciembre 13, 2024 § Deja un comentario
Mal vamos donde el ejercicio de la autoridad del padre —y autoridad no significa autoritarismo— se entiende como abuso de poder. El puritanismo woke es, literalmente, una idiotez. Pues olvida que no hay luz sin oscuridad. Quiero decir que es inevitable que la autoridad, en tanto que se impone sobre aquellos a quienes autoriza, incorpore unas dosis de violencia. La idea de un sujeto que decide sobre el vacío su modo de ser revela una insultante falta de lucidez. Como si el modo de ser se eligiera como quien elige entre diferentes marcas de refrescos. No hay sujeto que no esté sujeto a. La cuestión es a qué. O a quién. SI el wokismo peca de idiotez es porque ignora que la principal cuestión que tenemos que resolver si queremos dejar atrás la infancia es quién es nuestro padre.
el precio de la reflexión
diciembre 12, 2024 § 2 comentarios
Vivir sometidos al deseo significa que no hay otro horizonte que el de su realización. La situación es parecida a la de los niños que juegan pegados al balón. Sin embargo, también podemos reflexionar sobre la relación con nuestro deseo. En ese momento, tomamos una cierta distancia con respecto a lo dado… hasta el punto de caer en la cuenta de que ningún deseo es, propiamente, nuestro. Como si fuera un implante. Quizá Homero no anduviera tan desencaminado al dar por descontado que éramos títeres de poderes que nos sobrepasaban por entero. El descubrimiento de la interioridad, el cual no es independiente del socrático volver sobre uno mismo desde el espíritu de la sospecha de sí, fue un arma de doble filo. Pues hizo posible que nos apropiásemos, ingenuamente, de los poderes que, de manera espontánea, atribuimos a los dioses. Esta apropiación es, de hecho, un error. Al menos, porque nos dificulta una mejor comprensión de quienes somos, en definitiva, de nuestra condición de extraños.
La cuestión, sin embargo, es hasta qué punto cabe incorporar los resultados del examen de sí. No es fácil. Pues el cuerpo reclama —y poderosamente— sus derechos. Puede que no sea casual que madurez y sabiduría vayan de la mano. El problema de los tiempos actuales es que tampoco facilitan el marco simbólico para poder madurar. Así, fácilmente llegamos a los cincuenta… sin haber salido aún del supermercado. Como si el lugar de la aparición lo hubiese ocupado el anuncio. De ahí que cuanto mayor sea nuestro dominio tecnológico del mundo, menor sea nuestra profundidad. Al fin y al cabo, la superación de lo humano que pronosticó Nietzsche consiste en ponerse al servicio de una impersonal voluntad de dominio, cuyo principio rector es que debemos llevar a cabo cuanto se presenta como posible.
Alexandre Kojève, enorme lector de Hegel, pero también de Nietzsche, no regó fuera de tiesto al decir que no deberíamos desestimar la posibilidad de que el superhombre fuese un perfecto imbécil. Aunque, de hecho, Kojève no se refirió, estrictamente, a una posibilidad.
perspectivas y parábolas
diciembre 11, 2024 § Deja un comentario
La idea de Dios es algo que, a pesar de su inconmensurable superioridad, puede captarse, aunque siempre relativamente, desde diferentes ópticas —la idea que está presente en la parábola de los ciegos y el elefante— es, sin duda, sugestiva. Es decir, seduce por su aparente obviedad. El problema es que no vale para Dios. Si valiese, entonces la revelación hubiese sido irrelevante. Y no vale para Dios porque Dios, en cuanto tal, carece de entidad. Al fin y al cabo, aquello que, según el cristianismo, se nos reveló en el Gólgota es que Dios no tiene otra entidad —otro quién o modo de ser— que el de un crucificado en nombre de Dios. Ahora bien, que Dios sea en sí mismo el todavía nadie —que su hacerse presente dependa de la fe de quien depende de Dios— no es algo que admita diferentes perspectivas. La realidad de Dios en sí —en trinitario, la realidad del Padre— no es la de algo que pueda describirse, ni siquiera por aproximación.
Ahora bien, ello no quita que nos cueste aceptarlo. Pues religiosamente no podemos evitar concebir lo divino como un poder sobrenatural que, por eso mismo, aún tiene mucho de natural. Y para este viaje no hacen falta, ciertamente, las alforjas de la revelación.
esperar (1)
diciembre 11, 2024 § Deja un comentario
El cristianismo se hace un flaco favor al presentar su esperanza como el meteorólogo prevé el tiempo de los próximos días. Así, muchos cristianos dan por hecho que Dios no nos abandonará… cuando estrictamente esto es algo que está por ver. Ciertamente, la esperanza creyente no es un salto en el vacío —no responde simplemente a un ya me gustaría. Pues hubieron gestos de bondad donde no era posible ninguna bondad. Sin embargo, no deberíamos olvidar que el maranatha con el que concluye el Nuevo Testamento es, sobre todo, un clamor. Aunque sea un clamor esperanzado.
bandazos
diciembre 10, 2024 § Deja un comentario
La infinita misericordia de Dios es la raíz de la política de izquierdas. Al pobre se le debe justicia… aunque esté carcomido por el odio. Sin embargo, ante esa misma misericordia también estamos sub iudice. Según Mt 25, Dios no tendrá piedad de quien no dio de comer al hambriento o de beber al sediento. Y no porque Dios no quiera que todos se salven, sino porque la redención o la condena, al fin y al cabo, son el efecto colateral de nuestra respuesta a la ofrenda de Dios —a su sacrificio. Es el alumno quien aprueba o suspende. Este sería el origen de la política de derechas de talante protestante: no aprovechaste la oportunidad. Con todo, estas derechas fácilmente olvidan que las oportunidades no se reparten por igual.
Libertad y justicia nunca hicieron muy buenas migas. Y, como ya vieron los griegos, no hay una política del equilibrio. O no la hay que sea lo suficientemente estable. En su lugar, bandazos.
la anomalía
diciembre 9, 2024 § Deja un comentario
Está lloviendo. Pero ninguna nube cubre el cielo. Nace un niño con tres ojos. O con seis dedos en un pie. ¿Raro? No solo. Espontáneamente, la anomalía se nos presente como la irrupción de lo enteramente otro. En cambio, la mentalidad científica —nuestra mentalidad— ve simplemente lo que aún no podemos explicar o una mutación genética. Hace tiempo que el mundo se quedó sin signos del más allá. O cuando menos, esta es la tesis oficial. Quien ve señales, las ve por su cuenta y riesgo.
El origen de esta ausencia de signos se halla en la metafísica, en definitiva, en la posibilidad de pensar el carácter absoluto de lo real sin el recurso del dios. Después de Platón, la referencia a la divinidad religiosa queda relegada al plano de lo imaginario. Y ello al margen de que se siga hablando de dioses. Pues el Bien trasciende incluso el Olimpo… hasta el punto de que, siendo lo más real, carece de la entidad de cuanto existe. Ciertamente, podemos denominarlo Dios, con mayúscula. Pero no inspirará, como vio Pascal, ninguna piedad. La escolástica fue, de hecho, un apaño. Esto es, la racionalización de una creencia.
belleza y existencia
diciembre 7, 2024 § Deja un comentario
La belleza sin tara es la belleza como tal. La tara —la salida de tono, el disgusto— es la marca de la individualidad. Y por eso mismo, el individuo es la negación del paradigma, de lo ejemplar, el sello del mal. La conversación encuentra su origen en el desgarro. La belleza absoluta no habla. La piedra —el mármol— no representa al dios. Es el dios.
Tan solo existe el individuo. Por consiguiente, si hay lo que tiene que haber, entonces tan solo el individuo debe ser. Sin embargo, ¿cómo podemos decir que debe ser lo que niega lo que debe ser? ¿Quizá porque la belleza solo se hace presente negándose a sí misma o, siendo más estrictos, siendo, en definitiva, esta negación de sí? Puede que no sea anecdótico que la apocalíptica cristiana concibiese la redención por medio de la imagen de Satán bajo la bota del Arcángel. Pues no puede haber nada —ni, por consiguiente, redención— que no incorpore una dosis de su contrario.
sobre la duda y el haber
diciembre 6, 2024 § Deja un comentario
Es posible que la filosofía moderna nazca de un malentendido o incluso quizá de un eficaz ejercicio de retórica. Pues, al partir de la pregunta por la certeza, lo primero será la representación mental y no el haber. Sin embargo, lo primero nunca puede ser nuestra representación de lo que hay. Al menos, porque la representación apunta, por defecto, a lo que hay.
Es posible que la representación no dé en el clavo. Y este es el principio de cualquier sospecha. Sin embargo, la intencionalidad de la conciencia no puede prescindir del afuera sin caer en el absurdo. Aquí el escéptico dirá que para el afuera basta con la representación, en tanto que esta se encuentra frente a la conciencia. Ahora bien, por eso mismo, la representación deviene un límite del saber. Y donde hay límite hay un más allá del límite, aunque ignoremos en qué consiste este más allá… si es que admite consistencia. Así, porque tiene sentido afirmar que no cabe ir más allá de la representación, hay un más allá de la representación. A pesar de que este más allá sea, en última instancia, el de una nada que es no siendo nada.
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lo verdadero
diciembre 5, 2024 § 2 comentarios
Hay lo verdadero. Y lo verdadero no admite perspectiva. Evidentemente, hoy en día es difícil decirlo sin añadir alguna nota al pie. Pues espontáneamente nos decimos que no hay verdad —que todo es opinable. Y acaso este sería el síntoma de nuestro adelgazamiento espiritual —de nuestra indigencia anímica.
¿Qué sería, por tanto, lo que no admite perspectiva? La irrupción del silencio y la oscuridad más inobjetables —los Gólgota de este mundo. Pues lo verdadero o inmodificable —y por eso mismo, eterno— es lo que en verdad tiene lugar… después de que los cielos se hayan desplomado sobre nuestras cabezas. Y lo que tiene lugar no es que la nieve sea blanca o la tierra, esférica, sino el no hay nada más allá del silencio de Dios… un silencio que transforma el más acá en el único más allá. Pues acaso la pregunta religiosa por el más allá solo pueda resolverse como la pregunta por el más allá de Dios, en el sentido subjetivo del genitivo, aquella nos sitúa en la posición donde se decide en definitiva lo humano de la existencia. Al fin y al cabo, todo comienza de nuevo donde no somos más que —aunque tampoco menos— que el heme aquí de Abraham. Y ello sin Dios, aunque siempre ante Dios. De ahí que el heme aquí vaya con el y ahora qué quieres que haga.
Quizá Israel no fuera tan desencaminado al comprender lo real —lo que acontece en verdad— en los términos del imperativo y no del presente indicativo. La verdad nunca fue una frase verdadera acerca las cosas que pasan.
sobre el origen del significado
diciembre 4, 2024 § Deja un comentario
El significado de cuanto es siempre apuntó a los cielos. Así, los antiguos creyeron, pongamos por caso, que el vínculo entre hombre y mujer reproducía a menor escala la relación entre determinados poderes cósmicos. El significado fue —y sigue siendo— representación… aunque, actualmente, los cielos hayan sido sustituidos por la ficción, el acontecimiento cósmico por Pretty Woman, el combate entre ángeles y demonios por Star Wars. Una vez la voluntad de dominio tomó el lugar de la sensación de formar parte, el mundo queda vaciado de sentido —y quien dice sentido, dice dioses. El romanticismo alemán, con Hölderlin a la cabeza, fue muy consciente de ello. Y de ahí su reacción sentimental. Como si el sentimiento —en definitiva, la nostalgia— fuese el último refugio de la espiritualidad, ahora sin trascendencia.
bien y poder
diciembre 3, 2024 § Deja un comentario
El pensamiento clásico siempre fue muy consciente del vínculo entre el ser y el bien: todo lo que es aspira a realizar su esencia —a ocupar el lugar que le corresponde dentro del orden cósmico. Nietzsche, siendo un buen lector de Spinoza, sustituirá el bien por la voluntad de dominio. No es lo mismo. Probablemente, la cesura entre el mundo de la Antigüedad y el nuestro pase en buena medida por ahí.
apocalíptica básica
diciembre 2, 2024 § Deja un comentario
Últimamente, no puedo evitar el sentimiento de hallarme en medio de un mundo a punto de colapsar. Y no porque las cosas anden mal, sino porque en realidad todo pende de un hilo. Spinoza recomendó, como sabemos, ver cuanto sucede desde la óptica de la eternidad. A la manera del antiguo estoicismo. Al fin y al cabo, estamos muy cerca de la mota de polvo. Sin embargo, se impone otra perspectiva cuando la mirada apunta a la posibilidad de un final de los tiempos —de la aniquilación. Atenas o Jerusalén, una vez más.
el resto
diciembre 1, 2024 § Deja un comentario
Si lo que un cristiano espera no es más que lo que puede imaginar —si no sale de ahí—, entonces lo verdadero de la fe queda en manos de la teología. Pues Dios no admite otra imagen que la de un crucificado en su nombre. Ahora bien, lo verdadero, sin las imágenes que traduciéndolo, lo falsifican, es difícilmente incorporable. Así, recitaremos el credo, pero no habremos caído en la cuenta del carácter excesivo de lo que recitamos. Cristianamente, el único modo de caer en la cuenta es siguiendo el camino que conduce al Gólgota. Esto es, cargando con la cruz. La fe siempre fue una trayectoria —y una trayectoria que comienza, no con las fórmulas de la fe, sino con quienes cargaron con la cruz antes que nosotros.
Algo parecido nos cuenta Platón a través del mito de la caverna. La vida es, ciertamente, un trayecto hacia la revelación. Sin embargo, preferimos permanecer entre sombras. En cristiano: pocos cogeremos el camino de la cruz. Ciertamente, nadie carga con ella por cargarla, sino por cargar con la que muchos llevan sobre sus espaldas desde que nacieron.
Con todo, esto siempre fue así: muchos fueron los llamados, pero pocos, los que respondieron. Apenas hay quien crea. En cualquier caso, la mayoría de los que dicen creer, creen que creen. Una teología cómoda —una que solo esté preocupada por mantener el rebaño en el redil y, por eso mismo, presente como religiosamente obvio lo que está lejos de serlo, centrándose en promover los buenos sentimientos— inevitablemente estará al servicio del fariseísmo, en modo alguno al de aquel que fue condenado por la buena gente. Y es que conviene tener presente que los fariseos fueron, de hecho, los más puros del lugar.
la quinta cuestión
noviembre 30, 2024 § Deja un comentario
¿Podemos decir que hay alma si esta no es observable —y mucho menos medible? Hoy en día, no parece que podamos afirmar como quien no quiere la cosa que existe algo así como un espectro interior que sobrevive a la muerte del cuerpo. Sin embargo, lo cierto es que la conciencia de sí no termina de coincidir con el cuerpo —ni siquiera con el carácter— con el que, por otro lado, se identifica. De hecho, si podemos decir que somos alguien y no solo algo es porque el yo difiere continuamente de sus rasgos. Así, y a diferencia del chimpancé, no somos cuerpo, sino que tenemos cuerpo (y por eso mismo, podemos relacionarnos con nuestro cuerpo e incluso transformarlo). Por otro lado, nunca tenemos suficiente con lo que satisface al cuerpo. En lo más íntimo, ¿acaso no aspiramos a lo que ningún mundo puede ofrecernos? Como si, en definitiva, no perteneciéramos al mundo. De ahí que nunca terminemos de encontrarnos en donde estamos. El lenguaje sobre el alma pretende, en definitiva, dar cuenta de esta inquietud. Que no podamos ver el alma no es un argumento para negar que haya alma. De hecho, hay materia, aunque, como tal, nunca llegaremos a verla. En cualquier caso, vemos su hacerse presente en las cosas que podemos ver y tocar.
la tercera cuestión
noviembre 29, 2024 § Deja un comentario
Platón se pregunta por la naturaleza de lo real. ¿De qué hablamos cuando hablamos de lo real? La respuesta más inmediata es que lo real es lo que podemos ver y tocar. Y en cierto modo es así. Pues lo real es, por definición, lo que, estando ahí, aparece —se muestra, se hace presente… bajo un aspecto u otro. De hecho, el aspecto o forma de lo real es lo que podemos ver y tocar, es decir, lo que es accesible a nuestra sensibilidad.
Ahora bien, si lo real es lo que aparece de diferentes modos ¿qué es en sí mismo lo que aparece de un modo u otro? Por ejemplo, ¿qué es lo que aparece en un cuerpo bello en tanto que bello? ¿Es algo? Mejor ¿puede serlo?
En principio, lo que aparece o se hace presente en los cuerpos bellos la belleza. Vemos la belleza en los cuerpos que la encarnan o representan. Sin embargo, la belleza de los cuerpos bellos siempre se muestra relativamente, esto es, hasta cierto punto o medida. Ningún cuerpo bello es por entero bello. Al menos porque, en tanto que sometido al tiempo, va dejando de ser lo que en un momento dado parece ser, es decir, bello. Y lo que no termina de ser, propiamente, no es. Con todo, es innegable que hay belleza. ¿Qué sería, por tanto, la belleza en cuanto tal o en sí misma, es decir, al margen de su hacerse presente en los cuerpos bellos? Estrictamente, nada en concreto. Pues la belleza se concreta, precisamente, en los cuerpos bellos. No obstante, hay belleza… en tanto que se hace, de hecho, presente. ¿Cómo entender, por tanto, que haya belleza —que la belleza sea real— si, en sí misma, no es nada en concreto?
Como sabemos, la tesis de Platón es que el ser —lo real—, y con independencia de su mostrarse a una sensibilidad, es idea… y, por extensión, ideal —pues la idea es la norma, el paradigma de lo sensible… lo que nos permite ver o, cuando menos, tantear en qué medida un cuerpo es, por ejemplo, bello. La realidad de lo real —su en sí— es la realidad de lo abstracto. Pero ¿lo abstracto no es siempre el resultado de un proceso de abstracción —de un extraer mentalmente los rasgos comunes a una serie de cosas? ¿Cómo Platón puede decirnos que lo abstracto es real y no solo un contenido mental? Esto es, ¿qué razones pone encima de la mesa para demostrar que lo abstracto está ahí, fuera de nuestra mente?
Es evidente que lo que tienen en común las diferentes cosas es que son —que están ahí. Sin embargo, el ahí en cuanto tal —el que sean o estén ahí, al margen de que sean, además, un árbol, un hipopótamo, una piedra…— no es nada. Si se nos hiciera presente el ahí como tal —el ser absoluto, es decir, ab-suelto de lo concreto o particular— , no veríamos nada. Únicamente experimentaríamos la oscuridad y el silencio más impenetrables, en definitiva, la presencia de un simple afuera. O por decirlo de otro modo, la presencia de una ausencia. Sin embargo, la nada no es. El puro ahí —el ser puro o absoluto— no puede ser, no puede hacerse presente como tal. Por eso mismo, tiene que haber algo. Este tiene que haber algo es el envés del puro haber —de su no ser nada en sí mismo. De ahí que Platón diga que ser y deber ser —al fin y al cabo, el bien— sean, en definitiva, lo mismo. El puro haber —o ser— es no siendo nada y, por eso mismo, es negándose a sí mismo, como quien dice, como puro haber o ser. Ahora bien, las cosas se encuentran sometidas al tiempo —a un no ser por entero—… porque el puro haber —el ser en su carácter otro o absoluto— permanece como lo que es continuamente dejado atrás en su hacerse presente como el haber de las cosas.
De ahí que Platón afirme que hay un hiato entre lo real —el haber en cuanto tal— y su manifestación sensible —entre el mundo sensible, el de las cosas que podemos ver y tocar, y el mundo real, el de la idea, tan solo accesible a la razón. La realidad del haber en cuanto tal es la de lo abstracto. Y abs-tracto significa lo que queda liberado del trato. Por eso, lo real en sí es invisible —y, por eso mismo, intratable. Pero es. Aunque no sea nada en concreto.
ruptura epistemológica
noviembre 28, 2024 § Deja un comentario
¿Cómo sucede el cambio de marco epistemológico —de paradigma, del saber de fondo que determina cuanto hay en tanto que todo ver es siempre un ver como? ¿Cómo fue posible dejar de ver a Dios en todas las cosas? El cambio nunca es interno al paradigma. Un paradigma se resiste a la anomalía —a lo inexplicable—, casi por definición.
La cosa, diría, es como sigue. En un principio, el fuego fue evidentemente un regalo de los dioses. Y fue evidente porque el fuego caía del cielo. Posteriormente, aprendimos a hacer fuego, aunque este saber de entrada también fue debido al dios. El dios nos enseñó a pescar. Con los siglos, la razón descubrió el orden matemático. Los números que, en primer lugar, estuvieron al servicio de la contabilidad, pasaron a regir el cosmos. Pero esto, por sí solo, no nos obliga a prescindir de Dios. Dios escribe en el libro del cosmos con el lenguaje de la matemática, decía Galileo. Con todo, de ahí al Dios relojero media un paso. Y del Dios relojero a prescindir de Dios, otro medio, el que dimos una vez el capitalismo se encargó de disolver todo lo sólido en el aire. Aquello inicialmente inexplicable, el indicio de otro mundo —el milagro— deviene lo aún por explicar. Ciertamente, el modo de producción determina la cosmovisión —el ver como. Y no hay nada definitivo en el como… a pesar de que, al igual que los prisioneros de la caverna platónica, no sea fácil desprenderse de las sombras, de tomar lo nos parece que es como lo que es.
Sin embargo, el hallazgo griego consistió en confiar en la razón —en su exigencia— a la hora de trascender las apariencias en la dirección de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. La teología fue la respuesta cristiana al reto de una razón que, frente al imaginario mítico, solo admite un arjé impersonal. El haber de Dios tenía que ser, también, accesible a la razón… si es que el cristianismo tenía que eludir el relativismo histórico. Y ello porque la verdad del Dios cristiano —la que se nos revela en la cruz— no admite perspectiva. Con todo, el precio a pagar por el uso teológico de la razón será la ruptura entre religión —la cristiandad— y fe. O de otro modo, entre la creencia como suposición y la mística, la cual, como insistía JB Metz, frente al misticismo oriental, mantiene los ojos abiertos. Por no decir, desorbitados.
Otro asunto es que esta ruptura conserve en su seno una cierta continuidad con lo que deja atrás. Pues, por volver a la caverna… o a los evangelios, el ascenso atraviesa diferentes fases. Jesús de Nazaret no comenzó pisando Getsemaní. Al fin y al cabo, el cuerpo también tiene derecho a participar del saber. Aunque, a menudo, olvide quién lleva las riendas.
platonismo y nihilismo
noviembre 27, 2024 § Deja un comentario
El platonismo medio —el que triunfó históricamente— fue con respecto a Platón lo que la cristiandad fue con respecto al cristianismo: una versión de manual. Y es que el último Platón no tiene nada de idealista. En cualquier caso, fue un idealista a la Hegel: la doble negación —el sí como negación de la negación— es el alfa y el omega de cuanto hay. La dialéctica —y todo pensamiento profundo, tarde o temprano, termina desembocando en la orilla de Heráclito— difícilmente congenia con la creencia, ciertamente ingenua, de que al final no habrá más que luz… al menos, porque si todo fuese luz, no habría luz. Un mundo en el que, habiendo luz, no hubiese oscuridad se revelaría, en el caso de que llegásemos a ver algo, como irreal. Satán debe permanecer, como quien dice, bajo las botas del arcángel.
Así, Platón supo ver o cuanto menos intuir que el haber en cuanto tal —el ser con independencia de su hacerse presente, esto es, al margen del tiempo— no es nada en concreto. Su naturaleza es, sencillamente, la de lo abstracto —y esto no debemos entenderlo como si hablásemos de una abstracción, del resultado de un proceso mental. Al contrario. Hay más realidad en lo abstracto que en lo concreto… porque, en lo concreto, el carácter absolutamente otro de lo real da un paso atrás. Lo real, en sí mismo, es idea. Y la idea solo es accesible al pensar.
Todo cuanto vemos y tocamos podemos verlo y tocarlo porque lo real se da relativamente, es decir, ajustándose al molde de nuestra receptividad… y, por tanto, perdiendo por el camino, como decíamos, su carácter otro o absoluto. Esto último, no obstante, es un modo de hablar. Pues lo absoluto no es anterior a su negación de sí. No hay tiempo con anterioridad a dicha negación. Es el paso atrás, como quien dice, lo que constituye lo absoluto de la existencia —el carácter ab-suelto de lo absolutamente otro o real. La negación de la nada es el envés del puro haber… en tanto que el puro haber es no siendo nada. Sin embargo, queno sea nada significa que tiene que ser algo. De ahí que ser y deber ser sean lo mismo. Y quien dice deber ser dice bien.
Por consiguiente, el mundo —el haber de las cosas, el que las cosas sean… y que, con el paso de los días, vayan dejando de ser lo que parecen, esto es, deformándose— es el otro lado de la doble negación . Y, por eso mismo, el mundo no es nada. ¿Lo primero? Un acto sin sujeto —el hágase de la creatio ex nihilo. Ahora bien, aquí hay que tener en cuenta que lo primero, como decíamos antes, no es anterior a todo tiempo en tanto que lo primero da origen, precisamente, al tiempo. No habrá, por tanto, un final del tiempo… mientras haya el haber. No puede haber ese final. Y si no hay un final del tiempo, nada nuevo —nada en verdad otro— puede tener lugar.
Ahora bien, esto es lo que afirma el nihilismo: no cabe esperar nada que no sea el eterno retorno de lo mismo, en definitiva, el eterno combate entre el bien y el mal. A lo sumo, que haya más bien que mal. Ciertamente, Nietzsche creyó que el platonismo es la raíz del nihilismo negativo —el que mereció su desprecio— por devaluar la vida… al contrastarla con el ideal. Pues nada de lo que podamos vivir estará a la altura del paradigma que juzga la existencia desde arriba. Sin embargo, la devaluación fue el resultado de la lectura de manual del pensamiento de Platón. En sus diálogos, sobre todo en los últimos, no hallamos una devaluación del mundo, a pesar de su carácter derivado, sino un ejercicio de extrema lucidez. Y en este sentido, es posible que Platón estuviera más cerca de Nietzsche de lo que él mismo se imaginó.
Quizá solo la mentalidad apocalíptica, la cual experimenta el mundo como un territorio de combate entre las fuerzas del bien y las del mal, pueda hacer frente al nihilismo. La creencia de que al final todo será luz sin sombra es una ingenuidad. En cualquier caso, lo dicho: Satán bajo las botas del arcángel.
Más aún: si Dios es la voluntad de Dios —si lo primero es el hágase—, entonces la bondad de Dios —y, en definitiva, su quién— dependerá de la posición que adopte el hombre en medio de dicho combate. Esto es, de su fe. Y por eso mismo, el cristianismo acaso sea, en el fondo, una religión nietzscheana. Al menos, porque el Dios cristiano es el Dios que, negándose a sí mismo, se encarna en un crucificado… arrojando al hombre a la rebelión contra lo absoluto del retroceso de Dios en nombre, precisamente, del acto creador.
necesitamos más Eliot
noviembre 26, 2024 § Deja un comentario
¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo?
TS Eliot
Dios y el mapa mental
noviembre 25, 2024 § Deja un comentario
Ya no vemos el mundo desde la óptica de Dios. Quiero decir que dejaron de haber indicios de un mundo sobrenatural. Sin embargo, la existencia sigue apuntando al misterio que abraza el mundo. No cabe otra. Solo que, ahora, el punto de partida no es la presencia invisible, sino el retroceso de Dios —su extrema trascendencia o altura… como comprendió Israel hace milenios. De hecho, la quiebra de los mapas mentales, incluidos los religiosos, es la condición de posibilidad de la fe. En realidad, Dios siempre se afirmo contra la evidencia del dios.
más allá de la novedad
noviembre 24, 2024 § Deja un comentario
En lo más íntimo anida el anhelo de descubrir lo nuevo —de sacar de sus entrañas el misterio. Sin embargo, más allá de lo ordinario, tan solo hallaremos la novedad, la sorpresa, la falta de costumbre. De ahí al nihilismo media un paso: nada realmente nuevo habrá bajo el Sol. Ni podrá haberlo sin que finalice el mundo. Pues lo nuevo es lo absoluto. Y lo absoluto es lo ab-suelto, precisamente, lo que tuvo que dar un paso atrás para que pudiera haber mundo. Quizá Karl Rahner no anduvo tan despistado cuando dijo aquello de que incluso en los cielos Dios seguiría siendo un misterio. Como tampoco la parusía obedece a un mente delirante. Al menos, porque lo nuevo —en definitiva, la redención— solo puede coincidir con el final del mundo.