the break

marzo 21, 2011 Comentarios desactivados en the break

Entre uno y otro hay una sola diferencia, la que separa una cierta altura del abismo. (El cuadro —el bueno— es de Josep Llort, of course.)

Llort hopkins

Anthony Hopkins portrait

…y también hay hierro en tus palabras de vida

marzo 20, 2011 Comentarios desactivados en …y también hay hierro en tus palabras de vida

Ayer volví a ver por segunda vez, después de muchos años, uno de los mejores westerns que jamás se hayan filmado, The outlaw Josey Wales, del inmenso, ya por aquel entonces (1976), Clint Eastwood. Posee todos los elementos del mito. De entrada, los dioses, el bien y el mal claramente diferenciados. Tenemos, así pues, un héroe, Josey Wales, que como tal no acaba de encontrar asiento en esta vida, y un príncipe del mundo, el capitán de los botas rojas, el cual, como era de esperar, encarna una maldad sin cortapisas. Si la película funciona como una perfecta representación de la existencia, si transmite tanta verdad, es porque entre ambos se ubica el resto de los mortales, aquellos hombres y mujeres que a ratos son buenos y a ratos no tan buenos… Como si solo pudieran ser espectadores del gran combate que se libra entre Dios y el Mundo. Como si a lo sumo tan solo pudieran colaborar puntualmente en una realidad que les supera por entero. Ahora bien, si su vida posee un cierto relieve es porque ese combate sigue ahí, presente, tangible, olfateable. Todos, en cualquier caso, deambulan por un paisaje hostil, devastado. El hogar es, pues, una quimera a la que nadie puede, sin embargo, renunciar. Acaso solo quienes ya han visto demasiado, nuestro héroe y satán. Puede que la cultura, al fin y al cabo, no consista en otra cosa que en rescatar, a través de los grandes relatos, esos extremos que nuestra vida acomodada tuvo que necesariamente dejar atrás, pero sin lo cuales no es posible ninguna vida con mayúsculas. Y es que la vida, ciertamente, es vida solo donde la muerte se nos revela como la última palabra del mundo. Valga como muestra un botón: el diálogo entre Diez Osos y Josey Wales debería verlo cualquier criatura, para que se le quitaran de la cabeza esos pájaros que confunden, revoloteando sin ton ni son, la paz con el buenismo.

 

poderosa Afrodita (1)

marzo 19, 2011 Comentarios desactivados en poderosa Afrodita (1)

Muchos cristianos de hoy en día cuando proclaman que Dios es amor creen que el amor es el dato fundamental y la palabra «Dios», algo secundario. Quizá porque ya no se atreven a decir que Dios nos ame como pueda hacerlo un fantasma bonachón, se sienten obligados a creer que el amor —su impulso, su fuerza, su poder…— es lo que en verdad importa frente a los intentos, más o menos infantiles, de personificarlo. Pero quien cree de este modo no dice estrictamente que Dios sea amor, sino que el amor es Dios, con lo cual la declaración cristiana acerca de Dios (1 Jn 4, 8) deja de ser una revelación de Dios y se convierte, simplemente, en un modo, entre otros, de concretar la idea religiosa de Dios. O por decirlo con otras palabras: quien sostiene que el amor es Dios no dice nada sobre Dios que nos obligue a abandonar la típica concepción de lo divino, sino que propiamente dice algo del amor, a saber, que es divino. Ahora bien, quien defiende que el amor es Dios no hace otra cosa que aplicarle al hecho bruto del amor, una determinada idea de Dios, da igual si se trata de la idea que concibe a Dios como todopoderoso o como el que salva o, si se prefiere una traducción más moderna, como aquello definitivo de la existencia. Lo cierto es que decir que el amor es Dios sería, pues, lo mismo que decir que el amor todo lo puede o que solo el amor salva o bien que el amor es el acontecimiento definitivo de la existencia. Sin embargo, el inconveniente de este modo de entender las cosas es que Dios se convierte en un predicado subjetivo, una atribución que, en última instancia, solo puede ser comprendida como el supuesto o la interpretación del creyente. Así, quien sostiene que el amor es Dios no diría más que yo supongo que el amor es salvífico o fullpower o lo determinante de mi existencia. Y no parece que sea esto lo que pretende decir el autor de la primera carta de Juan cuando proclama que Dios es amor. ¿Cómo entender, si no, que el amor de Dios se muestre no como el hecho bruto del amor, sino como el sacrificio expiatorio del Hijo? ¿Qué progre puede admitir sin que se le atraganten los cantos —o, en su defecto, la silaba om— que Juan vea el amor de Dios en la agonía de un Crucificado? ¿No es ésta una visión sumamente extraña? ¿Podemos decir que Dios nos ama de este modo sin que ello afecte a la naturaleza misma de Dios? ¿Acaso no acabaron los primeros cristianos viendo la cruz de Jesús de Nazareth como la cruz de Dios? ¿Es que el Espíritu, la fuerza del amor, no es cristianamente algo que solo nace de la inmolación de Dios y no algo que se encuentra en el fondo de los corazones esperando nuestra ascesis o purificación? Quizá el único problema de quienes se decantan por un cristianismo friendly es que no tienen tiempo para leer. O para sufrir.

futuro simple

marzo 19, 2011 Comentarios desactivados en futuro simple

Un cristianismo que haga de Dios algo a nuestra medida —y esto siempre ocurre cuando creemos tener, por ejemplo, una experiencia de Dios sentados sobre un cojín— no tiene ningún porvenir y menos en una época en donde podemos perfectamente prescindir de Dios para explicar incluso nuestros mejores sentimientos. Un Dios a medida es, sin duda, una superstición. Dios —el Dios que se revela en la inmolación del Hijo— o es intragable o no acaba de ser Dios. Por eso es difícil de comprender como tantos creyentes de hoy en día insisten en presentar a Dios como si fuera el motivo de nuestra bondad. Como si nuestra bondad no tuviera ningún recoveco, ningún sin embargo. Como si la experiencia de Dios, contra lo que atestigua la tradición bíblica, fuera algo reproducible a voluntad. Cuestión de sentirse bien con uno mismo, dicen quienes aún persiguen la inocencia del alma. No se dan cuenta de que con eso solo consiguen ahuyentar a quienes pretenden, aunque sea a tientas, tomarse en serio al Dios que parece sostener las pocas vidas santas que han habido y habrán. No se dan cuenta de que esas vidas no tuvieron nada de tibias. Una vez más se confirma aquello de que las comunidades, sean o no progres, solo pueden servir a la fe traicionándola.

barthianas

marzo 19, 2011 Comentarios desactivados en barthianas

La realidad de la religión está en el horror que el hombre siente ante sí mismo.

Cada paso que damos en este mundo se encuentra en verdad en la sombra del mal. […] Y no olvidemos el síntoma de los síntomas: la Iglesia —no el mundo, sino la Iglesia— ha crucificado a Cristo.

Karl Barth

homo homini

marzo 18, 2011 Comentarios desactivados en homo homini

Esto de la vida es ciertamente curioso. Por un lado, no podemos evitar estar confrontados a un ideal, a la promesa de una vida inobjetable. Y esto es extraño, sí, pues no hay animal que crea que deba ser algo distinto de lo que es. Como si no hubiera otra vida para el hombre que la de quien logra vivir como dios. Por otro, sin embargo, parece que no haya más felicidad que la de quienes, habiendo caído una y otra vez en sus intentos de alcanzar la perfección moral, terminan por admitir que no hay mayor abundancia que aquella que siempre estuvo ahí, de buen comienzo y, además, gratis. Como si la cumbre consistiera en ver a tus hijos correr por el parque, pasear sin paraguas bajo la lluvia, dejar caer el pincel sobre la tela, respirar… Como si, al fin y al cabo, todo fuera decir, mientras tomas unas cuantas cervezas con los amigos: hasta aquí hemos llegado. Es lo que se pierden, sin duda, aquellos que andan por la vida como si se hubieran tragado la vara con la que se azotan.

ataraxia

marzo 18, 2011 Comentarios desactivados en ataraxia

El impío no es aquel que pasa de los dioses, sino aquel que los conforma a las opiniones de los mortales.

Epicuro

terminator 4

marzo 17, 2011 Comentarios desactivados en terminator 4

Una humanidad extravíada necesita un maestro. Una humanidad sin remedio necesita un Dios. En el primer caso, basta con saber qué exige el orden natural de las cosas. En el segundo, no parece que haya orden natural al que agarrarse. Todo aquí pende del hilo de un Dios ignoto que, para colmo, nos exige lo que humanamente no podemos admitir. Las diferencias entre Atenas y Jerusalén no son, pues, folclóricas.

aletheia

marzo 15, 2011 Comentarios desactivados en aletheia

Si puedo constatar las cosas como algo ahí es porque siempre cabe ir más allá de las cosas que constato. Si puedo, por ejemplo, ver una mesa es porque la mesa no es propiamente una mesa, sino otra cosa, por ejemplo, unos pocos átomos en un inmenso vacio. Y así indefinidamente. Como si la realidad, en tanto que solo puede ser algo último, siempre estuviera más allá. O por decirlo a la manera del dialéctico: si puedo ver hechos es porque, en definitiva, no hay hechos. Si puedo ver algo ahí es porque, al fin y al cabo, no hay nada que ver. Comprender esto es comprenderlo todo. O casi.

mamá quiero ser artista

marzo 15, 2011 Comentarios desactivados en mamá quiero ser artista

Aquí la cuestión es quién decide lo que vales —quién te juzga—. Por lo común, tus mayores, tus cracks, al fin y al cabo, el mundo. ¿Acaso no nos pasamos media vida, por decir algo, buscando su bendición? ¿Quién no pretende triunfar, parecerse, en definitiva, a aquellas imágenes que el mundo nos presenta como las que corresponden a las vidas logradas, inmaculadas, bellas? Da igual que se trate de un oscarizado, un deportista de élite, un santo. En cualquier caso, el prejuicio es el mismo: yo aún no; ellos ya sí. Son, lo que se dice, nuestros ídolos. Pero quien se encuentra sometido al poder de su imagen, difícilmente va más allá de sí mismo. Difícilmente alcanza la libertad de espíritu del cínico, ese perro al que apenas le importa su mal olor. Por eso resulta tan escandaloso —tan inaceptable para cualquiera— que cristianamente se nos diga que aquellos que deciden finalmente el valor de nuestra vida —aquellos que nos juzgarán— son, de hecho, quienes merecen nuestro desprecio, el leproso, el lumpen, el hijoputa, aquellos que encarnan, precisamente, ese excremento, esa lacra que el hombre debe apartar de sí mismo para poder reconocerse como alguien humanamente digno. Y es que el cristianismo no pasa tanto por compadecerse del pobret, cosa la cual es de por sí, cuanto menos, equívoca, sino por invocar —y responder— a su perdón.

the answer

marzo 15, 2011 Comentarios desactivados en the answer

Porque Dios no responde, el alba es la respuesta de Dios a la oscuridad de la noche. Pero quien entiende esto, entiende también que la noche es igualmente debida a Dios. Ésta y no otra parece ser la moraleja del libro de Job. En cualquier caso, Dios responde obligando al hombre a responder a la llamada de quien sufre el abandono de Dios.

 

Images 6

más spam

marzo 15, 2011 Comentarios desactivados en más spam

«cualquiera que sea tu cruz, cualquiera que sea tu dolor, siempre habrá un resplandor, un atardecer después de la lluvia…»

 

 

Images 1

 

impagable

marzo 15, 2011 Comentarios desactivados en impagable

Siempre que veo la tele y veo a esos pobres niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Quiero decir, me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas, y muerte, y esas cosas…

Mariah Carey

spam

marzo 14, 2011 Comentarios desactivados en spam

Hace un par de días recibo el siguiente mensaje: «solo hay una salida para los sufrimientos… y es pasando por ellos. Dios nunca te dará más de lo que puedes cargar. Así que carga con tu cruz y regocíjate en el premio. Aprendamos a cargar nuestra cruz sin renegar y sólo pidamos al Señor fuerza y fortaleza para salir adelante y salir triunfadores. Cualquiera que sea tu cruz, cualquiera que sea tu dolor, siempre habrá un resplandor, un atardecer, después de la lluvia… Quizá puedas tropezar, quizás hasta caer… Pero Dios siempre está listo a responder a tu llamada… Dios siempre enviará un arco iris después de la lluvia.»

Esto está bien para levantar el ánimo. La cuestión, sin embargo, es si es verdad. Mejor aún: si es una verdad cristiana. De hecho, no lo es… a pesar de que corra como una especie de mantra por algunas comunidades cristianas benestants. Para darse cuenta de ello nada mejor que leer Mc 15, 33-37. No es casual que para quien tiene fe, el «premio» de Dios, por hablar en los términos del mensaje, sea un asunto del final de los tiempos o, lo que viene a ser lo mismo, algo aún pendiente. En realidad, la respuesta de Dios al clamor del hombre no es un atardecer después de la lluvia, sino un Crucificado. Si mi hermana se muriera de hambre y sed o deambulara como muerta en vida tras una cruel violación en un campo de refugiados del Congo, resultaría casi obsceno regocijarme por el arco iris con el que Dios ha premiado mis sufrimientos.

no todo Steve es Job(s)

marzo 14, 2011 Comentarios desactivados en no todo Steve es Job(s)

No es que Dios no responda, sino que Dios mismo —su inaccesibilidad, su altura— es la respuesta. Ésta y no otra parece ser la lección del libro de Job. Ahora bien, que Dios sea la respuesta y no tanto el que responde implica que la respuesta sigue siendo una falta de respuesta. O por decirlo con otras palabras: solo porque tanto el Bien como el Mal son debidos a Dios, la Creación sigue pendiente del Juicio de Dios.

salto cuántico

marzo 13, 2011 Comentarios desactivados en salto cuántico

Para la física cuántica, las cosas emergen como una turbación de un vacío fundamental. Como si el mundo fuera el resultado de una quiebra de la nada. Como si la creación solo hubiera sido posible por la negación misma de Dios. Ésta es, de hecho, una conocida tesis de la mística judía, en concreto de la cábala luriana. La osadía de la mística judía, su gran hallazgo, consiste, sin embargo, en hacer coincidir la negación de Dios, su contracción originaria, con su voluntad. Si hay mundo es solo porque Dios quiso suicidarse, como quien dice. Todo se sostiene, pues, sobre el impracticable cadáver de Dios.

otra vez persona

marzo 12, 2011 Comentarios desactivados en otra vez persona

Para crear me he destruido; me exteriorizado tanto por dentro que no existo sino fuera de mí.

Fernando Pessoa

carlos y martin salen de paseo cogidos de la mano

marzo 12, 2011 Comentarios desactivados en carlos y martin salen de paseo cogidos de la mano

Marx dijo, con cierta razón, que la existencia precedía a la esencia. O por decirlo a la manera de Heidegger: el trato cotidiano con las cosas que nos rodean posee, aunque no seamos conscientes de ello, una carga teórica, una visión de largo alcance. Así, nadie puede ser, por ejemplo, budista zen, si su modo de vida le impulsa inevitablemente a tratar a las cosas como, en último término, desechables. La ceremonia del té no puede hacerse con vasos de plástico. Nuestro modo de ser —la esencia según Marx— se encuentra determinado por nuestra praxis. Somos, en definitiva, lo que hacemos. Y la praxis de las actuales sociedades avanzadas, en tanto que se sostiene sobre el supuesto de que todo es, por defecto, transformable, no puede reconocer ningún orden de por sí sagrado. El modo de ser que se corresponde con la visión del mundo como algo por entero disponible es el modo de ser del consumidor. O, por decirlo, llanamente: para nosotros mismos, no somos más que cuerpos sometidos a fuerzas, un amasijo de inclinaciones. Por consiguiente, es difícil que hoy en día, haya alguna norma que, por defecto, se encuentre por encima de nuestras preferencias. No hay principio —no hay orden sobrenatural— que nos indique que es lo que deberíamos desear. De hecho, para el consumidor, todo se da según la medida de su deseo. Todo deseo es, así, legítimo, siempre y cuando no interfiera sobre la posibilidad de que otros puedan también realizar sus preferencias. El único límite al deseo es, por tanto, político, legal, en modo alguno congénito. Esto se observa con claridad en la manera actual de considerar las relaciones afectivas. La preferencia del homosexual, por ejemplo, ya no se encuentra fuera de la naturaleza de las cosas. El deseo homosexual es, en cualquier caso, un deseo diferente del habitual, pero no por ello bastardo. Bien pensado, el paradigma de las relaciones afectivas en nuestras sociedades avanzadas no sería, propiamente, el heterosexual ni el homosexual, sino el bisexual. Y es que para un consumidor cuanta más oferta mejor. No sería extraño, pues, que, de aquí a un tiempo, la fidelidad sea solo un asunto de pobres, un motivo del que socialmente avergonzarse en nombre, precisamente, de la intocable libertad de compra.

dogville (2)

marzo 12, 2011 Comentarios desactivados en dogville (2)

Ésta es la tesis de Dogville: la Gracia —la bondad incondicional de un Dios encarnado— no puede transformar el corazón de los hombres. Podríamos decir que Lars von Trier filma una réplica veterotestamentaria a la antropología de René Girard y, en última instancia, de la piedad cristiana. Para Girard, como es sabido, la crucifixión del ‘Hijo de Dios’ —la inmolación del inocente— revela el carácter ilusorio del sacrificio ritual del chivo expiatorio, aquel que, al cargar sobre sus espaldas la mierda de cada uno de los miembros de la comunidad, hace posible su purificación simbólica. En cambio para von Trier, la intercesión de Grace por aquellos que la habían vejado —su voluntad de perdón, su amor— se revela como inútil. Grace, después de observar nuevamente el rostro de esos hombres y mujeres ya sometidos a los arcángeles de Dios, acabará por darle la razón a su Padre —un enorme James Caan—: ninguna conversión, tan solo el miedo. No hay, pues, catarsis cristiana. De hecho, no deja de ser causal que la única liberación —el único milagro— que aparece en la película, la del ciego que acaba por admitir su ceguera, sea el resultado de una falta de piedad por parte de Grace. La dureza de las vidas de los habitantes de Dogville no justifica su envilecimiento, aun cuando, ciertamente, lo explique. La moraleja es inmediata: para que dejen de ser unos perros, los hombres deben ser castigados duramente. Como si solo pudieran elevarse por el temor de Dios. Como si el corazón de piedra, mientras no llega el final de los tiempos, el inicio de una nueva creación, solo pudiera simular los latidos de la carne bajo la férrea disciplina de la Ley.

la mala educación

marzo 10, 2011 Comentarios desactivados en la mala educación

El problema del cristianismo happy es que hace de lo extraordinario, esto es, de la altura de Dios, algo ordinario, en definitiva, algo demasiado familiar como para que sea digno de nuestra ciega confianza. Si Dios estuviera al alcance de quien se sienta en un cojín, la experiencia de Dios sería homologable a la que proporciona un superdildo. Pero no parece Dios que esté por la labor. Por esto resulta incomprensible que alguien se extrañe de que un dios a la medida de mi satisfacción acabe por perder el aura originaria de la divinidad. Tal y como ya supo verlo Walter Benjamin, no puede haber una genuina experiencia de aquello que se da por entero según el estrecho rasero de nuestra subjetividad.

de nada

marzo 10, 2011 Comentarios desactivados en de nada

Hay dos modos de concebir lo real: o bien como algo sobrenatural o bien como algo natural. En el primer caso, la realidad propiamente dicha se halla, en cierto sentido, por encima de las cosas de este mundo. En el segundo, no hay más que las cosas de este mundo. En el primer caso, la realidad, de la cual solo poseemos una idea, se revela como la medida arquetípica de las cosas del mundo. Así, por ejemplo, las cosas bellas son más o menos bellas en relación con una belleza real, esto es, imperecedera, divina. La realidad se encuentra, pues, más allá de lo tangible como aquello a lo que apuntan las cosas del mundo. Ahora bien, por eso mismo, las cosas del mundo no acaban de ser lo que parecen. Un cuerpo que solo es bello por imitación, esto es, solo hasta cierto punto o en cierta medida, en realidad no es bello. Se trata, como es sabido, de la visión platónica de lo real, la cual no hace otra cosa que poner en abstracto la división típicamente religiosa entre los dos mundos. En el segundo caso, decíamos, no hay más que cosas. Sin embargo, esta manera de concebir lo real, contra lo que podríamos inicialmente pensar, no supone posicionarse en la línea del materialismo. Para un materialista —mejor dicho: para un materialista sofisticado—, el hecho de que haya algo ahí solo puede ser comprendido como un constructo de la mente y lo que se da, sobre la base de los datos brutos de las sensaciones, como el resultado de una operación mental, no es propiamente nada realmente otro —nada del otro mundo—, sino algo que siempre se da según nuestra medida. Por consiguiente, si las cosas de este mundo pueden cargar con el aura de lo real —si las cosas pueden ser vistas como algo en verdad otro—, no es porque podamos percibirlas —o, en general, concebirlas— como pueda hacerlo una mental machine, pues, la percepción por si sola no capta nada en verdad otro, sino porque podemos ad-mirarlas sobre el fondo mismo de la nada. Las cosas poseen la carga de lo trascendente, no porque reproduzcan una realidad modélica, sino porque surgen, en verdad, de la nada. No digo que de hecho aparezcan de la nada, pues es innegable que cada cosa tiene su causa en otra cosa. Digo que, solo bajo el peso de la nada, se nos ofrecen como algo que en verdad tiene lugar. Los viejos judíos no iban tan desencaminados cuando defendían, en medio, por cierto, de una feroz persecución, una creación ex nihilo (2 Mac 7, 28) frente al ex nihilo nihil fit de los vencedores. Al fin y al cabo, si los animales, aunque perciban, no ven nada es porque no ven la nada por debajo de lo que perciben.

 

 

utopía

marzo 10, 2011 Comentarios desactivados en utopía

 

 

comentario de texto

¿Cuál es el inconveniente de este ideal y, por extensión, de cualquier ideal? Pues que, casi sin darnos cuenta, se nos cuela la convicción de que el hombre tiene remedio… siempre y cuando logre un completo dominio de su entorno o, en última instancia, de sí mismo. Como si nuestro extravío no fuera, de hecho, congénito, sino circunstancial. De hecho, una fábula moral siempre resulta demasiado buena como para ser verdad. El polvo, sin embargo, sigue ahí, debajo de la alfombra. Hay que ser muy ingénuos para creer que los protagonistas del spot no incubarán ningún resentimiento, ninguna perturbación, ninguna falta de coincidencia consigo mismos… De hecho, si en verdad no quedara en ellos ningún rastro de maldad —si la reconciliación fuera completa— serían, al fin y al cabo, unos inconscientes, unos bichos felices. Se trata de pura lógica: nadie puede resolver su carencia, sin abandonar su humanidad. Y es que donde el hombre supera su indefinición característica, donde se aleja de la situación que le es propia, ése no acabar de ser ni una cosa ni otra, ni bestia ni dios, donde realiza, al fin y al cabo, el sueño de vivir como los ángeles, deja sencillamente de ser lo que es, a saber, un cuerpo con alma o, por decirlo de otro modo, ése extraño de sí. Ya lo hemos dicho otras veces: en tanto que consciente de sí mismo, el hombre no acaba de coincidir consigo mismo. El desajuste interior es la raíz de la profundidad y, en definitiva, del hecho de que existimos arrojados a un futuro absoluto, inconcebible. Nuestro futuro no es, así, una posibilidad del cuerpo, en tanto que esta posibilidad es, por defecto, inteligible, sino una posibilidad que, en tanto que va con nuestro desarraigo, con nuestro esencial no acabar de ser en ningún modo de ser, siempre se halla fuera de lo fácticamente posible. Si estamos siempre más allá de nosotros mismos es porque nunca nos encontramos donde estamos. O por decirlo con otras palabras, si somos quienes existen sometidos a una imposible posibilidad es porque somos, en definitiva, quienes debemos lograr una reconciliación que no podemos alcanzar sin entregar nuestra alma al diablo. Quizá sea por esto mismo que la esperanza bíblica —aquella que confía, por ejemplo, en que el león comerá hierba (Is 11, 6-7)— no pueda comprenderse como un perfeccionamiento del hombre y, por tanto, como una prolongación del mundo, sino como un tiempo absoluto, es decir, un tiempo que, en tanto que separado de cualquier tiempo anterior, resulta inviable. Así pues y contra pronóstico, la esperanza bíbilica, como la imposible posibilidad que es, lejos de proyectar al hombre hacia un mundo ideal, le mantiene en su estado, en su situación ante Dios, en su indigencia. Esperar que el león com hierba es vivir de rodillas, pendientes de la decisión de un Dios del que no podemos hacernos la más mínima idea. Vivir, por tanto, a ras del suelo como aquel aplastado por la altura de Dios. Y quizá por eso mismo esa esperanza solo pueda ser tomada en serio por quien no puede admitir en carne propia que el hecho incuestionable del mundo, a saber, que la vida nos ha sido dada, precisamente, desde la nada —el milagro del inicio—, termina, en cualquier caso y no solo a causa de nuestro error o impericia, por corromperse. Al fin y al cabo, una exigencia sin ideal solo puede soportarse como el por-venir mismo de Dios.

etimologías

marzo 8, 2011 Comentarios desactivados en etimologías

Decir que el mundo depende de Dios no significa decir que Dios es algo así como el titiritero del mundo. Si el mundo sigue (de)pendiente de Dios es porque ni el Bien ni el Mal acaban por pronunciar una última palabra. El mal, su inmensidad, no puede ser solo el fruto de nuestra ignorancia. Sin embargo, no hay mal, ni siquiera el genocida, que logre anular la experiencia del nacimiento de una vida, la cual solo puede darse como tal experiencia, y no solo como cúmulo de sensaciones más o menos intensas, en tanto que es vista como vida arrancada de la nada. Por eso un creyente no es aquel que cree estúpidamente en la posibilidad de una intervención sobrenatural, sino aquel que permanece absurdamente a la espera de Dios y, por consiguiente, de un final para el mundo. Entre la estupidez y el absurdo andan, pues, los hombres que se ocupan de Dios. Sin embargo, solo el absurdo posee dignidad epistemológica, en tanto que la espera de Dios y de los tiempos finales no es algo que se decida conforme a las necesidades de un sujeto, sino en el seno de la experiencia moral de lo real, aquella que, a la manera de Job, nos sitúa entre un Bien y un Mal inconmensurables.

qohelet

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en qohelet

Contra lo que pueda parecer, el Eclesiastés no es un libro nihilista. Su visión es la visión del hombre que se encuentra ante Dios. Y por eso entiende que el hecho de que el mundo penda del hilo de Dios no significa que el mundo esté tutelado por Dios. Al contrario. Porque Dios es Dios —porque Dios se encuentra más allá incluso del otro mundo— el mundo sigue su propia norma. Así, no debería extrañarnos que el autor del Eclesiastés insista hasta la obsesión en que, desde la óptica del mundo, todo es lo mismo y que, por tanto, nada hay que esté por encima del resto. Al fin y al cabo, la muerte —el gran juez del mundo— afecta por igual a culpables e inocentes. Sin embargo, hemos de reconocer que, por eso mismo, un creyente se encuentra más cerca del nihilismo que muchos de los nihilistas que dicen haberse tragado a Nietzsche.

las cuatro estaciones

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en las cuatro estaciones

El hombre es la necesidad de enigma. Como si la realidad solo pudiera darse como lo incomprensible del ahí.

lectio divina

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en lectio divina

¿Cómo es que cristianamente seguimos sin estremecernos ante el hecho de que todos los profetas, incluido el nazareno, hayan fracasado en su misión? ¿Acaso este fracaso, toda una constante bíblica, no nos señala, precisamente, como los incapaces de Dios? ¿Cómo es que nuestros fariseos siguen aún creyendo como si nada en sus posibilidades para alcanzar una íntima experiencia de Dios?

casi una obviedad

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en casi una obviedad

Si se me estuviera permitido llevar una sola obra a una isla solitaria, eligiría el Bach de Koroliov, en concreto sus Goldberg. Escuharía ese disco una y otra vez hasta el último suspiro mientras me consumo de hambre y de sed.

György Ligeti

el traje nuevo del emperador

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en el traje nuevo del emperador

Quien después del Holocausto dejó de creer en Dios, no creyó nunca en Dios, sino en la ayuda de Dios.

Yeshayahu Leibowitz

los querubines pueden esperar

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en los querubines pueden esperar

La desgracia del ángel viene de no tener que debatirse para acceder a la gloria: ahí nació, en ella se pavonea, le es consustancial. ¿Qué más puede desear? Incluso carece de recursos para inventarse deseos. Si producir y existir se confunden, no hay condición más irreal ni más desoladora que la del ángel.

EM Cioran

hipótesis

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en hipótesis

Los hombres se dividen entre quienes viven con zozobra, incluso con cierta angustia, la consustancial falta de entidad de todo cuanto nos rodea y los que no. Entre los que huelen la nada más allá de un palmo de sus narices  y los que no ven nada más allá de un palmo de sus narices. Entre los que le reclaman a Dios una respuesta bajo el peso de una eternidad indiferente y los que se contentan con la compra de cada día. Los primeros no obtienen nada de este mundo. Los segundos no se diferencian de las bestias.

dreamer

marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en dreamer

Tenemos todos dos vidas: la verdadera, que es la que soñamos en la infancia y que continuamos soñando, de adultos, en un sustrato de niebla; la falsa, que es la que vivimos en convivencia con los demás, que es la práctica, la útil, aquella en la que terminan por meternos en un cajón.

Fernando Pessoa

le bon sauvage

marzo 6, 2011 Comentarios desactivados en le bon sauvage

Es sabido que Rousseau defiende que el hombre es bueno por naturaleza. Que si es capaz de hacer el mal es porque la sociedad ha corrompido esa bondad originaria. En este sentido, ser malo sería lo mismo que ser una víctima de las circunstancias. Es menos sabido, sin embargo, que todo esto es, hasta cierto punto, gnosticismo secularizado. Lo que en Rousseau es la bondad, en gnóstico, es la chispa divina que habita en el fondo de los hombres. Y el lugar que en Rousseau ocupa la sociedad, en el gnosticismo lo ocupa el mundo. Las diferencias, con todo, son apreciables. Para un gnóstico, la transformación del mundo, más que innecesaria, es inconcebible. En cambio, para Rousseau la revolución no solo es deseable, sino también posible. Más aún: Rousseau no cree que la reconciliación del hombre consigo mismo —o como suele decirse también, la redención— pase por desprenderse de la máscara que encubre al verdadero yo, sino de transformar el mundo para que el hombre pueda vivir conforme a lo que, en el fondo, es: un buen salvaje. Así, no es causal que, en un mundo sin cielo, la divinidad gnóstica acabe por reducirse a una idea de cómo debería ser el mundo. El más allá que exige la redención del hombre deja las alturas para transformarse en el horizonte de la historia. Entender, pues, el giro que va del gnosticismo a Rousseau supone, al fin y al cabo, entender la Modernidad como el triunfo paradójico del gnosticismo frente a una tradición judeocristiana, según la cual, el hombre, sepultado por una culpa originiria, solo puede se capaz de Dios en tanto que sufre el silencio de Dios.

 

postconcilium

marzo 5, 2011 Comentarios desactivados en postconcilium

Quienes se hallan sometidos al poder de la imagen —¿y quién, al menos inicialmente, no lo está?— ven tan solo una de las dos caras de la moneda, por lo común, la más iluminada. Como cuando estamos enamorados. Por eso quien se encuentra sometido a Dios —y no simplemente quien dice creer en su existencia— no sabe qué decir acerca de Dios. Para el creyente no hay visión que valga de Dios. Un creyente sufre, como quien dice, tanto la bendición como el abandono de Dios. Así, no nos enteramos de qué va la película mientras nos quedamos con uno de los lados. O, por decirlo con otras palabras, nadie en su sano juicio puede estar enamorado de Dios.

PS: en esta misma línea, podríamos decir también que el cristianismo progre se equivoca cuando defiende la imagen de un dios-amiguete frente al dios oscuro y terrible del cristianismo preconciliar. Un Dios que es capaz de resucitar a los muertos en tanto que brilla por su ausencia no puede ser ni solo bueno ni solo malo. De este modo, mientras estemos ligados a una determinada visión de Dios, difícilmente saldremos del embrollo de las lides intraeclesiales.

decir religión

marzo 4, 2011 Comentarios desactivados en decir religión

Decir cultura es decir religión. Y esto es así con independencia de si la cultura es, oficialmente, atea.  Al fin y al cabo, no hay cultura que no exija de cada uno de sus miembros una purificación. Da igual cuál sea la imagen que regule la purga —da igual si se trata de héroe de una pieza, de Megan Fox o del dios de la bondad inmaculada— que lo cierto es que siempre se nos exigirá eliminar, o cuanto menos ocultar, aquello que se encuentra en nosotros y, sin embargo, no puede ser admitido como propio: nuestro excremento, nuestra ineptitud, nuestra esterilidad. Y quien dice religión dice injusticia, pues no hay religión —no hay ideal de pureza— que no fabrique excluidos, esos pobres hombres y mujeres que representarán, precisamente, la suciedad de la que hay que desprenderse. No hay, pues, religión que no engendre hijos de puta. No es casual que la religión sea un baile de máscaras, para aquellos que, sometidos al poder de la Cruz, abrazan la pústula del leproso. Y, en tanto que no admite otra pureza que la que pasa por reconciliarse con la suciedad, tampoco es casual que el cristianismo fuera visto en la Antigüedad como una variante del cinismo.

una dosis de dogma

marzo 3, 2011 Comentarios desactivados en una dosis de dogma

A veces se olvida que el sujeto de la Encarnación no es el hombre, sino Dios. No decimos, así, que un hombre fue capaz de vivir como Dios, sino que Dios vivió como un hombre… y esto no es posible sin que Dios, en cierto modo, sacrifique su divinidad. Por consiguiente, desde la óptica cristiana, no es que Dios exija el sacrificio del hombre, sino que es el hombre quien debe responder a la inmolación de Dios. De hecho, bastaría con esta dislocación para, cuanto menos intuir, que el cristianismo no es una religión entre otras. En la religión, Dios —o la nada equivalente— es siempre la meta. En cambio, el cristianismo contempla la relación del hombre con Dios desde el punto de vista de Dios: la meta es el hombre, no Dios. De hecho, ninguna religión se ha atrevido a decir que si el hombre puede vivir con el espíritu de Dios —si el hombre puede vivir por encima de la muerte— no es porque el hombre sea, de por sí, capaz de Dios, sino porque Dios mismo quiso morir como Jesús-Crucificado. La cuestión, no obstante, es si cabe comprender todo esto sin que quede alterado inaceptablemente el sentido habitual de la palabra Dios.

dublineses

marzo 2, 2011 Comentarios desactivados en dublineses

Hay quien se relaciona con Dios como otros se relacionan con sus muertos. De hecho, parece ser que el culto más antiguo es el culto a los propios fantasmas: como si la superstición más arraigada fuera aquella que da por sentado que los muertos siguen, de algún modo, ahí, dispuestos a intervenir en nuestras vidas. En cualquier caso, es obvio que la creencia en la existencia de espiritus que, de un modo más o menos eficaz, tutelan nuestra existencia, puede adquirir diferentes ropajes. Es así que desde un punto de vista formal, no hay diferencia entre dirigirse a un dios-espectral e invocar a los parientes que fallecieron. Cuestión de costumbre.

distancias

marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en distancias

Cualquiera de los nuestros, a diferencia, por ejemplo, de los orangutanes es capaz de sentir vergüenza. De hecho —¿quién podrá negarlo?— la posibilidad de la vergüenza es lo que provoca la gran brecha entre ellos y nosotros. Al fin y al cabo, si podemos decir ‘yo’ es porque nuestro cuerpo es algo extraño, algo a lo que, tarde o temprano, debemos enfrentarnos. Si soy alguien para mí mismo es porque no termino de admitir la integridad de mi cuerpo. El mandato fundacional es, así, incuestionable: hay algo en mí —algo de lo que no puedo desprenderme— que debe ser ocultado, encubierto, ignorado… como si no existiera. Decir humano es decir, pues, intimidad. No hay humanidad que no cabalgue sobre el secreto. Ni siquiera los nudistas pueden andar desnudos: ellos también tiene su rincón para hacer sus cosas. De esta forma y salvo que decidamos vivir en un tonel, existimos como culpables. Nadie nunca se encuentra donde está. Y quizá por eso mismo el colmo de la conciencia —el síntoma de la mayor elevación— sea el de sentir asco, no ya de ese grano de pus que siempre nos acompaña, sino de la propia felicidad. Como si otro y no yo fuera, en cualquier caso, quien gozara en medio de mi goce.

aceras

marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en aceras

Hoy me crucé con dos ancianos. Uno andaba con dificultad. No podía, literalmente, levantar cabeza de tan curvado que iba sobre sí mismo. Hurgaba en las papeleras. El otro, en cambio, hurgaba en La Central. Vestía bien y acabó por comprar la edición de la pléiade de los ensayos de Montaigne. Charló un buen rato con Marta, la dueña de la librería. Diría que estaba lo suficientemente satisfecho de sí mismo. Lo más probable es que su vida sea, lo que se dice, una vida lograda, mientras que nadie quisiera para sí la vida quebrada del primer anciano. Resulta, pues, desconcertante, por no decir humanamente inaceptable, que alguien pueda decirnos que, del lado de Dios, la vida del primero es más verdadera que la del segundo. ¿Qué clase de Dios es aquél que dice amar a quienes abandona? ¿Cómo hemos podido creer con tanta facilidad que posee más valor una vida sin valor? El cristianismo, hoy en día, está lejos de ser esa provocación que originariamente fue. Se confirma una vez más que la mejor manera de desactivar al provocador es dándole, precisamente, la razón. En un mundo cristiano —en un mundo en donde el escándalo del evangelio se ha convertido en un lugar común— el cristianismo ya no tiene, ciertamente, nada que decir.

desire

marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en desire

Todavía persiste la gran diferencia: los hombres utilizan a las chicas fáciles, pero se unen a las madres. Y esto es así con independencia de sí esa madre, de entrada, se ofreció como una chica más o menos fácil. Las mujeres, por su parte, también desean lo imposible. ¿Cuál, de ellas, no quisiera para sí un amo al que poder dominar… sin que deje de tener la espalda plateada? El problema salta a la vista: los dos polos del deseo masculino pueden socialmente diferenciarse. Difícilmente, los de la mujer. No debería extrañarnos que la mujer ponga en juego su integridad psíquica —su entera felicidad— cuando pretende satisfacer su deseo, pues es difícil que éste pueda realizarse por mitades. O todo o nada. Y es que la inversión es más arriesgada donde todos los huevos van en el mismo cesto.

de unas cañas con Faus

marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en de unas cañas con Faus

Lo más probable es que nada verdadero tenga lugar en nuestras vidas donde simplemente cedemos a nuestro deseo. Como si la única autenticidad fuera la que nace de nuestro estar sometidos a un mandato imposible. No es casual que la única libertad —la única posibilidad de ir más allá de uno mismo— sea la de quien, en cierto sentido, sabe que debe hacer lo que no puede hacer.

(Y puede que sea por eso que, en el relato del Génesis, todo acontece en relación con un hágase. O por decirlo a la manera de Platón: quizá sea por eso que si las cosas no acaban de ser lo que parecen es porque, en definitiva, se encuentran sometidas a la exigencia insatisfacible de ser lo que parecen.)