Constantino
mayo 28, 2024 § Deja un comentario
Si el triunfo histórico del cristianismo es el resultado de la traición de la Iglesia al espíritu evangélico —de su pacto con el poder político y, en definitiva, con el mundo—, no debería sorprendernos que la Iglesia tema, precisamente, que las mujeres y los hombres comprendan qué proclama en realidad el anuncio cristiano. Es decir, que tema una justa exposición de la revelación. Pues nadie, salvo los desesperados, puede admitir como verdadero lo que se revela en el Gólgota (y tras el tercer día).
Calvary (de nuevo)
mayo 27, 2024 § 1 comentario
En definitiva —y lo cristiano tiene que ver con el en definitiva—, lo único que interrumpe el ciclo de la violencia —el dominio de Ha-Satán— es el perdón de la víctima, el perdón de lo imperdonable. Se trata de un volver a empezar de dimensiones cósmicas —de una objeción a la totalidad. Sin embargo, es un perdón cuya palabra es, más bien, un silencio elocuente. Pues aquí no hablamos, obviamente, de ninguna disculpa. Una vez acontece ese perdón (el) todo queda en suspenso. Pues ni siquiera podemos hacernos una idea de cómo pueda darse la resolución. A esto se le denomina fe. Esto es, permanecer a la espera, aunque confiando. Aquí cualquier certeza es vana. Esto es, un tomar el nombre de Dios en vano.
la prueba del nueve de la fe
mayo 23, 2024 § Deja un comentario
Si el cristianismo es una buena noticia para los desesperados, entonces ¿acaso un cristiano no proclamaría, aunque no sin que le tiemble la voz, que los muertos resucitarán a quienes están a punto de entrar en las cámaras de gas? ¿Podría proclamarlo sin entrar con ellos? ¿No sería como si dijera este es el final? En cualquier caso, ¿quiénes, hoy en día, serían aún capaces? Con todo, haberlo, los hubieron. A pesar de siempre fueron un resto.
prohibidas las imágenes
mayo 22, 2024 § Deja un comentario
El cristianismo, con sus representaciones pictóricas de la Trinidad, ¿acaso no traiciona la prohibición iconoclasta? Ciertamente, dichas representaciones no le hacen ningún favor a la revelación. Más bien, facilitan su deriva religiosa. Y es que, en el cristianismo, lo que ocupa el lugar de las imágenes de Dios son las historias. De hecho, que el crucificado sea reconocido como la imagen visible del Dios invisible, significa que Dios no tiene otra imagen que la de quien muere, en nombre de Dios, como un apestado de Dios que, sin embargo, se abandona a Dios… lo cual está muy cerca de resultar, cuando menos, paradójico. Por no decir, irónico.
de los océanos
mayo 21, 2024 § Deja un comentario
La imagen de que Dios es algo así como el océano en el que terminaremos disolviéndonos como muñequitos de sal en modo alguno puede entenderse como la imagen que nos permite adaptar la revelación cristiana a nuestros tiempos… a pesar de su éxito en muchas comunidades cristianas de corte progresista. Pues no me parece que responda a la pregunta, sumamente inquietante, que se halla en la base de la confianza creyente, a saber: qué vida pueden esperar las víctimas de la historia. Y es que una cosa es disolverse en el océano y otra en el Zyclon B.
Ciertamente, la respuesta cristiana —la resurrección de los muertos, el Juicio Final— apunta a un imposible. Pero aquí la pregunta no es tanto si acaso el cristianismo no será una religión irónica —si es que se trata al fin y al cabo, de una religión—, sino qué significa, con respecto a la realidad de Dios, que la fe apunte, precisamente, a lo imposible.
la cuadratura del círculo
mayo 20, 2024 § Deja un comentario
¿Qué dice la razón? Más aún, ¿qué sostiene el monoteísmo bíblico?: Pues que un Dios que existe, no existe; que Dios no se revela como dios, sino como su negación de sí —su sacrificio. ¿Qué dice, en cambio, el sentimiento que está en la base del teísmo religioso? Que hay un ángel de la guarda con esteroides —un Dios que nos ampara desde la dimensión desconocida. No parece que estemos hablando de lo mismo. Pues ¿acaso puede ampararnos un Dios que es no siendo en sí mismo aún nadie? Y donde no hay temor de Dios, las imágenes que nos ayudan a incorporar la terrible verdad de Dios cae en el saco roto de la psicología más infantil. En este sentido, me atrevería a decir que hay perspectivas que, en nombre de Dios, no quieren saber nada de Dios. Ciertamente, por la kenosis de Dios, se nos dio la existencia. Pero junto con el don, también el motivo del espanto. Pues el temblor de piernas que experimenta el creyente ante la paradójica realidad de Dios, no responde a la aparición de lo monstruoso —el monstruo sería, en cualquier caso, su figuración—, sino a la revelación de una alteridad que coincide con el nadie, en definitiva, con su voluntad de no ser nadie. Literalmente. Al fin y al cabo, es únicamente ante la paradójica realidad de Dios que podemos reconocernos como hermanos. La esperanza creyente se convierte en una fantasía, por no decir en un narcótico, donde el temor de Dios queda superado por el sentimiento, tan moderno, de estar siempre en compañía de un amigo invisible.
comprender las fórmulas
mayo 18, 2024 § Deja un comentario
No podemos responder a la pregunta por la verdad de las fórmulas cristianas donde no caemos en la cuenta. Quiero decir: difícilmente entenderemos de qué va el asunto, al margen de la situaciones en donde dichas fórmulas son, no ya una descripción —tampoco pueden serlo—, sino la expresión de la carne. Esto es, una confesión, no un saber. Ni siquiera hipotético. Hay que encontrarse bajo la seria amenaza de las fuerzas del mal, por así decirlo, para comprender, cuando menos, el alcance de la posición de quienes creen, contra toda evidencia, en el poder la bondad (y obran en consecuencia). Al fin y al cabo, la fe siempre fue una postura corporal.
Hegel y Nietzsche
mayo 17, 2024 § Deja un comentario
Hegel pensó la muerte de Dios hasta el final. Quiero decir, de manera más radical que Nietzsche. Pues la pensó como lo que acontece en el haber del mundo. En este sentido, Hegel puso en abstracto lo que el cristianismo proclamó en su momento, a saber, la kenosis de Dios. Ciertamente, la cristiandad solo fue posible pasando de puntillas, y con la excusa de la resurrección, sobre la revelación del Gólgota. Nietzsche se limitó a describir las consecuencias socioculturales de la muerte de Dios, esto es, las de una humanidad sin prójimo. Con todo, Nietzsche no pudo ignorar, debido a su formación teológica, que la proclamación de la muerte de Dios fue antes cristiana que moderna. Y quizá por eso mismo, podemos atrevernos a leer su crítica al cristianismo como una crítica a la psicología sacerdotal… desde un cristianismo avant la lettre.
Ahora bien, las conclusiones a las que llegó Nietzsche a partir de la muerte de Dios no fueron las mismas que las de Israel. Al fin y al cabo, el pensamiento de Nietzsche puede comprenderse como una serie de variaciones sobre un tema de Dostoyevski, a saber, aquel que se sintetiza con la fórmula si no hay Dios, todo está permitido. Esto es, da igual el exterminio de un pueblo que la bondad. En cambio, para Israel —y por extensión, para el cristianismo—, lo que se desprende de un Dios que no existe como dios es, precisamente, lo contrario, a saber, la Ley, en definitiva, el deber de preservar los restos de inocencia frente a la impiedad de un cosmos vaciado de Dios.
un señor padre
mayo 13, 2024 § Deja un comentario
Que Dios sea Dios, es decir, el Señor, ¿no depende del reconocimiento del hombre? Un padre sigue siendo un padre, aunque el hijo no lo sepa. Y viceversa. No obstante, una cosa es la biología y otra la autoridad moral. Traducción: aun cuando hubiésemos sido creados por un ente superior, no por ello estaríamos sujetos a su autoridad. También nosotros creamos especies de laboratorio. O virus. Podría ser que dicho ente superior exigiera de nosotros una obediencia sin fisuras: como si fuésemos sus esclavos. Pero, en ese caso, dicho ente sería, más bien, un déspota —y ante un déspota, lo propio es rebelarse—… a menos, que estuviéramos de acuerdo en obedecerle. Esto es, que le obedeciéramos con gusto. Sin embargo, de ser así, lo primero no sería la voluntad del ente superior, sino la calidad moral del mandato, con lo que su autoridad estaría subordinada al principio.
En cualquier caso, nuestra relación con ese ente superior se basaría en la constatación de su superioridad fáctica. Pero no hay tal constatación en la fidelidad creyente. Dios no se revela como un dios al uso. De ahí que, bíblicamente, el vínculo con Dios pase por el reconocimiento previo de su autoridad, reconocimiento que implica, al fin y al cabo, la distinción entre Dios en verdad y lo que naturalmente se nos presenta como divino. Y quien dice reconocimiento dice un acto de fe. Ahora bien, esto, en tanto que apunta a un Dios que está eternamente por venir —un Dios trascendente hasta la ausencia, como decía Levinas—, es algo muy extraño. Y más si ese Dios solo se hace históricamente presente como crucificado en nombre de Dios.
La pregunta es quiénes estarán en la situación de confesarlo. Y la respuesta es los salvados, precisamente, por ese Dios: el torturador que fue abrazado por aquel a quien convirtió en un despojo humano; el pederasta que fue perdonado por su víctima; el hijo heroinómano que, tras haber destrozado a su familia, siempre encuentra un plato en casa.
respondones
mayo 3, 2024 § Deja un comentario
La actual tendencia a la interioridad, en lo que respecta a los asuntos de la fe, tiene sus riesgos. Pues da a entender que la fe depende de nuestra íntima adhesión a determinados contenidos, y no de nuestra respuesta a la pregunta con la se inicia la vida creyente: ¿y tú quién dices que soy yo? Como si el acto de la fe fuese una especie de yo me lo guiso, yo me lo como. ¿No será que una sociedad de narcisos reclama, precisamente, una fe narcisista, algo así como un oxímoron?
En cualquier caso, lo que no cuenta Mateo, aunque Lucas pueda sugerirlo, es que, tras la confesión de Pedro, probablemente no vino lo que Mateo pone en boca de Jesús, sino una enorme perplejidad o estremecimiento. En este sentido, Lucas fue más perspicaz. Pues dicha perplejidad, más que desmentir, confirma la confesión del apóstol.
conjeturas privadas
abril 29, 2024 § Deja un comentario
No, suponer —y actualmente, por nuestra cuenta y riesgo— que hay Dios o algo por el estilo. La fe no reposa sobre una representación mental. Más bien, responde a la pregunta que Jesús dirigió a sus discípulos… como si nos la dirigiera hoy mismo a cada uno de nosotros: y vosotros ¿quién decís que soy yo? (Mt 16, 15-16). Y aquí hay que tener en cuenta que todos, salvo Pedro, se quedan en silencio. Como nos quedaríamos nosotros, probablemente. Sin embargo, es Pedro quien le negará tres veces. Al fin y al cabo, el enviado murió como un apestado de Dios.
curiosidades teológicas
abril 26, 2024 § Deja un comentario
Esto de la fe común es, cuando menos, curioso. Pues el cristiano que proclamase con febril entusiasmo que el crucificado resucitó o que es en verdad el Hijo de Dios ¿acaso no pasaría por iluminado ? ¿Es que la mayoría de quienes van a misa los domingos no lo vería como un extravagante? Como si, al fin y al cabo, se tratase de decirlo pero sin tomárselo demasiado al pie de la letra. Como si las fórmulas del credo fuesen un modo de hablar. Sí, ya sabemos que Jesús fue levantado de entre los muertos. Pero bueno… Lo dicho: curioso. ¿Quizá porque ya no podemos creer sin añadir notas al pie? Y si esto es así, más que creer, ¿no creeremos que creemos?
más cursos de milagros
abril 24, 2024 § Deja un comentario
El milagro es el dato fundacional de la fe. La cuestión es cuál es el verdadero milagro, desde la óptica cristiana. Y la respuesta es que lo milagroso no es el prodigio, sino la bondad —el acto de misericordia, el perdón— que aconteció donde no podría haber ningún atisbo de piedad. En cualquier caso, los prodigios, y para las épocas en las que fueron aceptables, constituyen su anticipación. El milagro avant la lettre es lo que el mundo no puede admitir. Del milagro no se desprende ninguna política. Acaso un sucedáneo —y como tal, fácilmente pervertible. En su lugar, un porvenir increíble por imposible.
De ahí que quien aún no comprende a flor de piel que estar ante Dios es hallarse frente a lo imposible de la existencia —y que, aun así, debe finalmente acontecer en nombre de, precisamente, el milagro— todavía está lejos de creer. Y quien dice creer, dice esperar. En realidad, la imposibilidad de Dios nunca fue eso que aún no sabemos explicar.
el ángel exterminador
abril 22, 2024 § Deja un comentario
Supongamos que efectivamente los extraterrestres nos estuvieran vigilando… y que al final hubiese una selección de las almas: las buenas pasan; las malas, no. Como si la vida en este mundo fuese algo así como una matriz que termina con un control de calidad. Como el ganadero selecciona a sus cerdos para la crianza. ¿Qué diferencia esto del día del Juicio? Más aún: ¿la aceptación de la finitud humana pasa por admitir la sentencia de Dios —o de los dioses? Los paganos —y también el Israel de los patriarcas— se limitaron a aceptar que vivimos dentro de un plazo. Y gracias.
Sin embargo, que nos hallemos sub iudice no es algo en lo que se cree como quien supone que hay unicornios en Marte. En realidad, se constata, por así decirlo, cuando topamos con la mirada de quien no cuenta para nada ni para nadie. Quizá algún día caiganmos en la cuenta de que el más allá tiene que ver con los que están de más. Aunque tampoco podamos preferirlo.
¿experimentar a Dios?
abril 20, 2024 § Deja un comentario
Si Dios es un Dios por venir —si la fe es, sobre todo, un permanecer a la espera de Dios—, entonces la experiencia de Dios no es, ni siquiera por analogía, la de un estar conectado al fondo nutricio del cosmos. Cristianamente, no se trata de descubrir, sino de mantenerse a la espera, mientras se le da al mazo. La fuerza o el ánimo no proceden de una especie de red bull de naturaleza espiritual, sino del Espíritu de Dios, ese resto. Y si el Espíritu se da como resto es porque, desde la óptica bíblica, el aliento de Dios es inseparable del memorial: recuerda el acto de piedad que tuvo lugar en lo más endurecido de la impiedad.
Al fin y al cabo, que el creyente se encuentre expuesto a Dios es algo muy extraño, si se piensa bien. Y pensarlo bien quiere decir más allá del suponer que hay Dios… o algo así. El estar bajo exposición es el envés de una existencia abierta a lo imposible…. en tanto que el Dios que aguarda el creyente no puede hacerse presente como ente superior. Un ente superior aún formaría parte del todo… como para que pudiéramos admitirlo como Dios. Un ente superior no es más que un ente superior, el cual, y como superior, tan solo nos exigiría un saber lidiar. En Dios, al margen de su hacerse cuerpo, no hay nada que reconocer. A lo sumo, una voluntad de incorporarse al presente para llegar a ser alguien. Sin su cuerpo, Dios aún no es Dios. De ahí que, estrictamente hablando, el creyente no espere a Dios, sino al Mesías —y con él, la irrupción del Reino de Dios, en definitiva, una nueva creación. Como decíamos, un imposible. Pues el mundo no puede admitirlo sin que finalice, precisamente, como mundo.
Sin embargo, la fe o apunta a lo imposible o no es fe, sino suposición. Y ello en nombre del milagro de un perdón que tuvo (el) lugar donde no humanamente podía tener lugar. En realidad, únicamente el perdón de lo imperdonable interrumpe la despiadada continuidad de lo histórico, una interrupción que no tienen otro horizonte que el de un reset de dimensiones cósmicas. Increíble, sí. Pues no podemos hacernos una idea del cómo sin falsificar el carácter de la esperanza creyente. Esta no proporciona un saber. Ni siquiera hipotético. Su forma es la del imperativo: el Sí debe triunfar sobre el No —la bondad, sobre la muerte— en nombre de… La fe como acto de confianza nunca fue un dar por descontado.
partir el pan
abril 19, 2024 Comentarios desactivados en partir el pan
El gesto de repartir el pan de cada día —en el fondo, la eucaristía— deviene significativo donde no está nada claro si hoy podremos comer. En caso contrario, no hay más que costumbre. Y la costumbre es erosión. Al final, ni siquiera recuerdas qué era aquello cuyos bordes han sufrido un enorme desgaste. De no tener presente, cuando menos, la posibilidad del hambre, el hecho de bendecir la mesa como quien no quiere la cosa ¿acaso no está cerca de tomar el nombre de Dios en vano?
uno y trino
abril 16, 2024 § Deja un comentario
En realidad, Jesús de Nazaret no intimó con Dios en Getsemaní, sino con el Padre. Y es que, según el cristianismo, el Padre aún no es Dios siendo solo Padre. Con todo, puede que aún estemos lejos de admitirlo.
ya me vale
abril 15, 2024 § Deja un comentario
A pesar de la actual apuesta por la experiencia entendida como simple emoción, me atrevería a decir que no podemos prescindir de la pregunta por la verdad de los contenidos de la fe. Y es que no hay futuro para la fe —ni, por consiguiente, para la esperanza—, si esta solo depende de que el creyente la sienta que hay Dios. Al menos, porque los sentimientos van y vienen.
Ahora bien, la pregunta por la verdad de las fórmulas de la fe no apunta a los hechos que podrían validarlas. El kerigma cristiano no encuentra su confirmación en los hechos, ni siquiera en los que están por ver, sino en un acontecimiento. Los hechos se suceden. El acontecimiento, en cambio, supone una interrupción en vertical: el tiempo queda dividido en dos. Y el tiempo solo puede dividirse en dos en relación con la irrupción de lo imposible. La esperanza creyente nunca tuvo por objeto un ideal. Más bien parte del testimonio de aquella bondad que tuvo lugar donde no cabía ningún gesto de bondad. De ahí que la esperanza sea un tiene que suceder en nombre de y no un me gustaría que la fiesta terminase bien. Si la fe es en gran medida obediencia —o si se prefiere fidelidad—, entonces hay que conservar en la memoria la verdad de lo que tuvo lugar o aconteció como interrupción de la continuidad histórica. Pues de lo contrario el sentimiento que prevalecerá es el de aquel que siempre niega… salvo que no salgamos de nuestro zulo. Pero en ese caso permaneceremos en la ilusión. Y quien cree, y no solo cree que cree, está lejos de ser un iluso.
No obstante, la verdad de lo que en verdad tuvo lugar depende de que veamos el mundo como un escenario en el que combaten el Bien y el Mal. De no ser así —y esto es lo más probable hoy en día— no veremos más que una pugna entre fuertes y débiles. Para verlo a la cristiana —o lo que es lo mismo, a la apocalíptica— hay que ocupar la posición de los que no cuentan para nadie. Así, o es verdad que Dios se opone al mundo, o Nietzsche tiene razón. Incluso donde creemos haberlo refutado porque sentimos a Dios en lo más profundo… como el amigo invisible que siempre nos acompaña. Aunque quienes están convencidos de esto último quizá harían bien en tener presente, al menos de vez en cuando, que Jesús de Nazaret intimó con Dios en Getsemaní.
… y se comió unas sardinas con los suyos
abril 14, 2024 § Deja un comentario
En Lc 24, 35-48 hay unos versículos que me llaman la atención. Dicen así: y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: ¿Tenéis ahí algo de comer? ¿Cómo es que no terminaban de creer por la alegría? Ciertamente, aquí podríamos hablar de una alegría desconcertada o zozobrante. Pero ¿cómo es que no creyeron tras haber visto las manos y los pies ? Aquí la conclusión es casi inmediata: no bastan las apariciones. De hecho, hasta da la impresión de que para los evangelistas estas no son más que uno motivo inicial, algo así como un pistoletazo de salida: dichosos los que creen sin haber visto (Jn 20, 29). Como en el episodio de Emaús, la clave reside en, por un lado, comer juntos —(re)partir el pan de cada día: nadie se quedará con hambre— y, por otro, la comprensión de las Escrituras. Las apariciones, por sí solas, no dicen nada. O mejor, pueden decir cualquier cosa.
Ahora bien, esta comprensión de las Escrituras sería imposible sin la historia que hay detrás, la del Jesús que anduvo por Galilea, y que terminó como terminó. No se trata, por tanto, de añadir un nuevo referente al significado de la palabra Mesías. Ese mismo significado queda alterado por el nuevo referente. Como el significado mismo de la palabra Dios.
la catequesis que confirma
abril 12, 2024 § Deja un comentario
Que vivimos tiempos de miseria es evidente —y por eso quizá los poetas estén de más, como insinuase Hölderlin. Así, no me deja de llamar la atención que muchos de quienes siguen por la senda cristiana… no terminen de saber de qué va el asunto. Que si del amor a los demás, que si Dios está en todas partes o dentro de mí… Casi nadie se pregunta por la verdad de aquello en lo que cree —y no me refiero, obviamente, a si los hechos pueden confirmar su creencia. Más de uno, ni siquiera por aproximación, es incapaz de recitar el credo. La mayoría supone que hay Dios… como pueda suponerlo cualquier que aún mantenga una mínima sensibilidad religiosa. De hecho, muchos creen que hay Dios como podrían creer en la existencia de unicornios. Con todo, hay una diferencia: detrás de la creencia en Dios hay algo así como un me gustaría que hubiese más bondad.
En cualquier caso, están —estamos— lejos de confesar que el cuerpo del crucificado es el cuerpo de Dios —que Dios tiene cuerpo. Y que esta es la respuesta De Dios —si es que la resurrección de los muertos es el envés de la elevación sobre el Gólgota— al clamor de los hombres. Que por estos pagos hayamos reducido el cristianismo a una práctica de buenos sentimientos ¿no está cerca de tomar el nombre de Dios en vano? Y más si llegamos a hacernos una idea de la desgracia de tantos a través de unos cuantos vídeos de Youtube. El medio siempre fue el mensaje.
siempre el re-ligare
abril 11, 2024 § Deja un comentario
La religión fue, desde el principio, un intento de recuperar la conexión con una totalidad de la que nos habíamos distanciado. Su horizonte fue, y sigue siendo, el del formar parte. De ahí que pertenezca a su esencia el espíritu de la negociación. La magia sería la perversión de este espíritu, al sustituir la lógica del do ut des por la de la dominación. En cualquier caso, el sentimiento básico de la sensibilidad religiosa es la nostalgia, un intento de regresar al hogar.
Sin embargo, nunca hubo hogar para los desheredados. Quizá sea por eso que su religión —los rituales que la acompañan— no fuese, tras unos inicios a trompicones, estrictamente una religión al uso. Yavhé siempre fue un Dios intratable, esquivo, impertinente. En realidad, nunca se mostró como un dios del lugar. De hecho, como el verdadero Dios que es, Yavhé impugna cualquier presente. Al fin y al cabo, el creyente permanece a la espera de Dios. Aunque, en un primer momento, ignore que no habrá otra presencia de Dios que la su lugar-teniente, el Mesías.
comentario de texto
abril 9, 2024 § Deja un comentario
Escribe Víctor Morla en su introducción al libro de Job: quien no se siente interpelado por el libro de Job y retratado en alguno de sus versos es que no ha vivido lo suficiente o no ha sabido vivir. Ahora bien, si esto es así —y diría que lo es—, entonces la experiencia de Dios no parece congeniar con la de quienes tienen suficiente con sentir a Dios en los recovecos del alma como si Dios fuera algo así como el amigo invisible de la infancia. En este sentido, me atrevería a decir que una de las lecciones del libro de Job es que la experiencia de Dios pasa por el grito desgarrado que se dirige a Dios. Por no decir que comienza con este. No se trata solo de la invocación, sino de un lamento que se atreve a cuestionar a Dios hasta casi rozar la maldición. Como si no hubiera Dios. O lo que es peor, como si Dios nos hubiese traicionado. Y paralelamente, ¿acaso no podríamos decir que la intimidad con el Padre de la que hizo gala Jesús de Nazaret encontró su momento de verdad en Getsemaní?
el giro
abril 6, 2024 § Deja un comentario
La conversión —el tema espiritual par excellence, y no solo cristiano— puede suceder de dos modos: o bien, como ascenso; o bien, como giro intempestivo. En ambos casos, la conversión implica una modificación de la sensibilidad: uno es de otro modo. Hay cosas que antes te gustaban y ahora no puedes soportarlas. De algún modo, sucede aquí como aquellos ex-combatientes que, al regresar con vida del horror, no pueden soportar nuestra intrascendencia. Han visto el más allá antes de tiempo y, por eso mismo, el mundo deviene una ilusión. Ni siquiera pueden entenderlo como una copia imperfecta de lo real. La vergüenza de volver a ser tal y como eran es el freno que les impide encontrar un lugar en el mundo. Como visionarios, pertenecen a lo absolutamente extraño. Y de ahí que, a ojos de los demás, sean unos inadaptados. Por no decir, desencajados. Monjes.
Según el primer modo de conversión, el horizonte no se mueve. Y de lo que se trata es de acercarse, aunque ese horizonte sea el de una esfera, algo así como un límite asintótico. En cambio, desde la óptica del segundo, la iniciativa es la de lo real: el horizonte viene hacia ti. Ya no es un horizonte, sino el hacha que parte el tronco en dos. Como si lo real fuese alguien y no árbol. Mejor dicho: como alguien —y no como si fuese alguien, pues el como si presupone un haberse distanciado de la experiencia. Conforme al primero aún podemos tomarnos en serio. Difícilmente, donde somos sacudidos hasta el expolio. Aquí solo cabe responder —y encerrarse ya es una respuesta. El primero, parte de la iluminación. Y así vemos claramente cuál es el camino correcto. El segundo, de la revelación —y aquí no hay camino, sino a lo sumo aguardar lo imposible.
Sin embargo, lo imposible puede adquirir dos rostros. El de la nada, en tanto que la nada y el mundo son incompatibles; o el de un nuevo comienzo, algo de por sí inconcebible y que, por consiguiente, solo cabe esperar donde hemos sido testigos de un acto de bondad frente a Satán.
La fe se transforma en onanismo espiritual donde perdemos de vista que nos hallamos en medio de un combate de dimensiones cósmicas. O dicho de otro modo, donde creemos con insultante facilidad que el combate ya ha terminado y que únicamente hay que esperar a que el árbitro pite el final. Es posible que esto sea así —de hecho, es lo que proclama el cristianismo. Pero como aquellos que aún están en el mundo, no podemos creerlo como quien no quiere la cosa. Para nosotros, la última sílaba de la última palabra aún está por pronunciar.
publicanos
abril 5, 2024 § Deja un comentario
Para entender el alcance —por no decir, lo inaceptable— de la parábola de Lucas (18, 9-14), basta con sustituir al publicano por un genocida. Y teniendo en cuenta que los fariseos eran quienes cumplían con la Ley a rajatabla, esto es, ejercían la caridad, iban a misa… , en definitiva, buena gente, cuesta de tragar —o debería costarnos— que Jesús de Nazaret diga que el genocida arrodillado está más cerca de Dios que aquel que cree estar cerca de Dios.
Sin embargo, los que pretenden salvar los muebles podrían ahora decirnos que el problema no es que el fariseo crea estar cerca de Dios, sino que, al creerlo, desprecie a quienes no cumplen. De acuerdo. Pero ¿acaso el desprecio del fariseo es una variante del típico desprecio aristocrático, el que distingue a los elevados de la purria? Es posible. Pero en este caso, quizá no sea del todo así. Pues, aun cuando puedan haber dosis de desprecio —no hay sentimiento químicamente puro—, el agradecimiento por los dones recibidos de algún modo incluye inevitablemente un cierto alegrarse por no ser como los otros.
Ahora bien, de esto último no se desprende, cristianamente, que no quepa el agradecimiento —que solo valga el quedar sepultado por las propias heces morales—, sino que la experiencia de la gracia va de la mano del sentimiento de culpa: derramaste la sangre de Abel (y la seguimos derramando, incluso donde nos limitamos a pasar de largo). Desde una óptica cristiana, la gracia siempre se nos ofrece como el envés de la redención.
la friolera
abril 3, 2024 § Deja un comentario
Cuentan que Sócrates murió serenamente. Como quien se toma unas copas. ¿Admirable? Quizá. Y digo quizá porque incluso en los últimos instantes, sigue habiendo ambigüedad. Pues ¿qué significó esa serenidad? Sin duda, pudo significar valentía. Pero también, una cierta inconsciencia. Es posible, aunque cueste de creer que quien bajo el peso de estas situaciones no siente ningún temblor no haya caído en la cuenta.
¿Cómo saberlo? ¿Juntando pistas? Por ejemplo, difícilmente alguien se atrevería a decir que Sócrates fuese un inconsciente. Pero, en cualquier caso, permanece la ambigüedad. ¿Murió el crucificado con fe? ¿O más bien maldiciendo su destino? Ese abandonarse a un Dios que dio la callada por respuesta ¿fue una interpretación a la luz de Is 53? No lo sabremos nunca por nuestra cuenta y riesgo. De ahí que sin testimonios no vayamos muy lejos. Pues la fe es, cristianamente, la fe en quienes dieron fe. Quizá reguemos fuera de tiesto donde pretendemos basar la esperanza en sentimientos que no salen de los recovecos de una psicología adolescente —de adolecer. Al fin y al cabo, el juicio —el esto es tal y como lo decimos—, al pretender decantar la ambigüedad, es un acto de fe. En definitiva, un debe ser así. Como viera Israel, nada se decide verdaderamente en el presente. Ni siquiera la verdad de Dios.
muy poderoso
abril 2, 2024 § Deja un comentario
No es posible hallarse ante Dios sin plantearse la pregunta por el poder de Dios. El poder de Dios es la posibilidad de Dios. ¿Qué puede Dios? ¿Cuál es su posibilidad? ¿Resucitar a los muertos? Pero ¿cómo es esto posible si admitimos que Dios no opera ex machina? ¿Acaso la posibilidad de Dios no es la del hombre —y porque Dios quiso que fuera así desde un principio? En cualquier caso, un Dios impotente no vale como Dios. Ahora bien, si la posibilidad de Dios es la imposibilidad del mundo, entonces nuestra exposición a Dios es un hallarse expuestos a la posibilidad de lo imposible. O lo que viene a ser lo mismo,. de una nueva creación. Y ello en nombre de. Sin embargo, si Dios crea el mundo de la nada —esto es, retrocediendo hasta rozar la desaparición o, por decirlo a la hegeliana, negándose a sí mismo hacia lo otro de sí— ¿cómo podrá crear de nuevo la humanidad sin volver a dar un paso atrás? Cristianamente, el poder de Dios es el de su cuerpo. De ahí la importancia de la resurrección. Sin resurrección de los muertos el cristianismo, sencillamente, hace aguas. Pero esto está muy cerca de la ironía. Como si la convicción cristiana fuese un modo de decir que no hay esperanza para las víctimas de la historia. La esperanza creyente nunca fue una expectativa.
ya sí, pero aún no
marzo 31, 2024 § 1 comentario
Quienes vieron al crucificado con vida, estuvieron convencidos de que el final de los tiempos había ya comenzado. Y así Pablo pudo escribir —¡y eso, al cabo de unos cuantos años!— los que lloran, vivan como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que adquieren, como si no poseyeran. Luego el asunto se pospuso sine die. Las labios de los ángeles ni siquiera llegaron a rozar las trompetas del Juicio. Vinieron, por tanto, los días difíciles —los tiempos del todavía no. Y ahí seguimos. Como para tomárselo muy en serio.
Sin embargo, y a causa de tanto aún no, ¿no volvemos a estar donde Tomás… antes de que pusiera el dedo en la llaga? Ahora bien, ¿es que hemos olvidado la respuesta del resucitado: porque me has visto has creído; bienaventurados los que no han visto y han creído? De acuerdo. Pero ¿qué significa creer sin haber visto? ¿Quizá que la esperanza no tiene otro sostén que lo que la resurrección reveló, a saber, al crucificado como el quién de Dios —y lo que ello implica para Dios mismo? Y acaso esto último ¿no supone esperar, más allá de cualquier expectativa razonable, que los actos de misericordia en el centro del horror no caerán en saco roto… aun cuando el cómo no quepa imaginarlo, salvo con imágenes imposibles?
de la fe y los hechos
marzo 30, 2024 § Deja un comentario
La fe cristiana se basa en hechos. Si el crucificado no hubiese de hecho perdonado a sus verdugos en nombre de Dios —si Jesús de Nazaret hubiese muerto como morían los crucificados, esto es, como un perro que se retuerce de dolor y no más— el cristianismo sería una enorme creación literaria, acaso la mayor de los tiempos. La pregunta, por tanto, es si hubo perdón.
En principio, diríamos que sí. Pues esto es lo que se nos ha contado. Sin embargo, para el primer evangelista, el crucificado murió gritando, como quien dice, las exclamaciones del salmo 22. Esto es, como un apestado de Dios. ¿No deberíamos concluir, por tanto, que de hecho no hubo perdón, sino una interpretación del carácter redentor de la cruz a la luz de del Is 52, 13-53? No sería exactamente lo mismo. Pues en este último caso, la interpretación se añadiría al hecho y, por consiguiente, no habría habido visión, sino lectura. Así, deberíamos decir que de hecho no hubo perdón, sino que, más bien, leemos los acontecimientos del Gólgota como si lo hubiese habido. El problema es que el como no es un como si.
Ahora bien, lo cierto es que a lo largo de la historia ha habido hechos que encarnan esta lectura. Esto es, gestos de misericordia en medio del infierno. El episodio de las madres de El Salvador es, en este sentido, paradigmático. Son episodios como este los que validan retrospectivamente la interpretación cristiana de los últimos momentos del crucificado… de modo que el como si se convierte, al fin y al cabo, en un como En el ámbito de la literatura, suele decirse que el lector hace al autor. Y esto es, en gran medida, así. Sin embargo, este hacer en modo alguno es arbitrario. Pues se da —y debe darse— bajo la forma del reconocimiento. La autoría de un autor queda suspendida del vacío donde ningún lector admite su autoridad. Quiero decir que aún no hay autoridad donde falta el reconocimiento. El autor no es un tesoro por desenterrar, sino una interpelación que permanece como nada mientras no haya respuesta. Sin lector, el autor es simplemente alguien que juntó letras.
Algo parecido podríamos decir del acontecimiento del Gólgota. De ahí la importancia de las historias que dan testimonio de lo que por sí solo aún no tuvo lugar . Si no hubiera habido ninguna historia, los evangelios no serían mucho más, aunque tampoco menos, que una gran ficción, acaso consoladora. Pero el consuelo tiene los pies de barro donde no se apoya sobre el terreno de lo que en verdad se hizo presente.
el poder de las imágenes
marzo 27, 2024 § Deja un comentario
Como modernos nos disparamos un tiro en el pie donde ridiculizamos las figuras del imaginario religioso y, en concreto, cristiano. Pues al final —es decir, en medio de la catástrofe, de la guerra sin cuartel— tan solo nos quedarán, a la manera de un andamio, las imágenes o la recitación. Es verdad que, dentro del hogar, la devoción a las estampitas fácilmente se pone al servicio de nuestra autosatisfacción. Es verdad que Dios no es aún nadie sin su cuerpo. Como también lo es que su poder no se ejerce ex machina, esto es, sin el fiat del hombre. Es verdad que el clamor de las víctimas se dirige a un cielo de plomo. O que la fe apunta a lo imposible, a lo que el mundo no puede admitir como su posibilidad. Pero donde el sufrimiento deviene insufrible los símbolos de la esperanza apocalíptica —que el león coma hierba; que el ángel de la luz terminarán por derrotar al ángel de la oscuridad— son, como decía, el único punto de apoyo para que el cuerpo siga en pie frente a la soberanía de la impiedad. O mejor, arrodillado ante el Sí. Cristianamente, y por parafrasear a Hegel, el espíritu siempre fue un hueso. O si se prefiere, una transfiguración de la carne.
ambigüedad del horror
marzo 26, 2024 § Deja un comentario
En la compasión, también hay mucha satisfacción de sí. En la pasión romántica, genética. El amor de una madre oculta el amor al vínculo con el hijo. O al revés. No hay sentimiento químicamente puro. Tampoco terminamos de saber qué elemento pesa más. Y así nos movemos entre el no es más que y el más que. Todo está por decidir, si es que hay algo que decidir.
Pero ¿no fue Auschwitz el mal absoluto? En el horror, ¿puede haber también justicia? Es verdad que la hubo para los ejecutores. No pudo haberla para sus víctimas. En los lager, la justicia se encontró mezclada con el espanto. Pero también fue así durante los primeros años de la posguerra, donde las víctimas que sobrevivieron se pusieron el antifaz del verdugo. Para los heraldos de la justicia la metáfora es, por lo común, la de la siega, una metáfora campesina, esto es, pagana. Sin embargo, es la misma a la que recurrieron los profetas apocalípticos. Pero estos la desplazaron al final de los tiempos, más allá de la historia, impidiendo de este modo que podamos ejecutar la sentencia antes de tiempo, aun cuando la tentación sea siempre la de creer que los tiempos finales llegan con la rebelión campesina.
En cualquier caso, el horror parece encontrar su primera legitimidad en el derecho a la venganza —a la compensación. Se trata de la justicia del primate. ¿Qué podrá detener el ciclo interminable de la violencia? ¿La renuncia de las víctimas a la reparación, su perdón? ¿El sacrificio de Dios? Quienes no ven ningún abismo entre Dios y mundo —quienes transforman a Dios en un ídolo—, tarde o temprano cogerán la hoz en nombre de dios.
sobre los ángeles
marzo 25, 2024 § Deja un comentario
Sobre un tierra devastada por la guerra ¿quién alzara la voz para defender la superioridad del perdón o la bondad frente a la venganza? Pues la bondad es superior a la impiedad. ¿Acaso un ángel? Tan solo como bestias tenemos derecho a la revancha —a la compensación. La última justicia —la del ángel, la que nos sitúa en el lugar que nos corresponde, el de una nueva creación— será sin medida. Esto es, sin razón. Pues la Gracia siempre fue una medida de gracia.
Baerwalde
marzo 18, 2024 § 1 comentario
Levinas comienza Totalidad e Infinito con el siguiente párrafo:
Aceptaremos fácilmente que es cuestión de gran importancia saber si la moral no es una farsa. La lucidez —apertura del espíritu sobre lo verdadero— ¿no consiste acaso en entrever la posibilidad permanente de la guerra? El estado de guerra suspende la moral; despoja a las instituciones y obligaciones eternas de su eternidad y, por ·lo tanto, anula, en lo provisorio, los imperativos incondicionales. Proyecta su sombra por anticipado sobre los actos de los hombres. La guerra no se sitúa solamente como la más grande entre las pruebas que vive la moral. La convierte en irrisoria.
Por su parte, Keith Lowe en Continente salvaje narra la siguiente historia:
Marie Naumann, una joven madre de Baerwalde, en Pomerania, fue violada y luego colgada en un pajar junto a su marido por una turba de soldados, mientras que a sus hijos los estrangularon con cuerdas en el suelo debajo de ella. Unos ciudadanos polacos la bajaron, todavía viva, y le preguntaron quién le había hecho eso, pero cuando les dijo que habían sido los rusos la llamaron mentirosa y le pegaron. Incapaz de soportar lo ocurrido intentó ahogarse en un riachuelo cercano, pero no pudo completar la tarea. Empapada, fue al apartamento de un conocido donde se topó con otro oficial ruso que de nuevo la violó. Poco después de dejarla aparecieron cuatro soldados soviéticos más y la violaron «de forma antinatural». Cuando acabaron con ella le dieron de patadas hasta dejarla inconsciente. Volvió en sí cuando otro par de soldados entraron en la habitación, «pero me dejaron en paz porque estaba más muerta que viva”.
No solo la moral se convierte en irrisoria, sino toda la espiritualidad woke. La facilidad con la que hablamos de Dios es, sencillamente, blasfema. Por no hablar de nuestra autosatisfacción al sentarnos en las primeras filas de las iglesias. Quizá aún estemos lejos de comprender Lc 18, 9-14.
Hamburgo
marzo 17, 2024 § Deja un comentario
“Tras el bombardeo de Hamburgo —escribe el historiador Keith Lowe en Continente salvaje—, no fueron las 40.000 muertes lo que llenó de malestar a la población alemana, sino cómo se produjeron. Historias de un infierno enfurecido, de vientos huracanados y tormenta de chispas que quemaban el pelo y los vestidos de la gente —estas cosas acaparan la imaginación con mucha más eficacia que los datos numéricos puros y duros.”
Este fragmento nos permite entender cómo procede la imaginación bíblica. Pues supongamos que tenemos que dar fe de lo que tuvo lugar a quienes no estuvieron allí. Resulta evidente que nos veríamos casi obligados a acentuar, por no decir, exagerar. La descripción objetiva quizá baste para hacernos una idea, pero no para incorporar el horror. Esto es, para hacer cuerpo de cuanto supera, y con creces, una descripción objetiva. Un infierno enfurecido. La imparcialidad —la visión sub specie aeternitatis— va de la mano de la impiedad. Desde la grada del entomólogo, no hay diferencia entre los hombres y los insectos. De ahí que no pueda diferenciar entre hechos y acontecimientos. Pues lo que acontece y no tan solo pasa siempre se revela desde la óptica del final del mundo.
Sin embargo, el entomólogo podría objetar que, tarde o temprano, llegaremos al mismo puerto: desde la óptica de la eternidad nadie cuenta. Como no cuentan los insectos. Ahora bien, para quien comprende la diferencia, no es lo mismo enfrentarse a lo que reclama una respuesta que a lo que simplemente exige una reacción conveniente. El acontecimiento va con la aparición —y nadie aparece a quien solo ve cosas que pasan. Por terribles que sean. La Ilustración riega fuera de tiesto al tachar de superstición las imágenes delirantes de la esperanza bíblica. De hecho, al hacerlo peca de analfabetismo, aun cuando tuviera sus buenos motivos para pecar: la Iglesia, mejor dicho, su implacable poder, no ayudó precisamente a que aprendiéramos a leer.
Hay que haber estado en el infierno —y quien ha leído, pongamos por caso, a Primo Levi puede decirlo— para padecer hasta el tuétano qué significa un acto de bondad.
bajo el poder
marzo 6, 2024 § Deja un comentario
En el cristianismo actual, la experiencia de Dios suele expresarse en los términos de un hallarse en el sentimiento de una presencia, se supone que benevolente. Vamos a dejar a un lado que este sentimiento, por sí solo, no tiene en cuenta que la experiencia cristiana de Dios no es independiente de hallarse al pie del Gólgota —y por tanto, de la confesión que proclama, frente a los verdugos, que el crucificado es el quién de Dios. Pues, lo que quiero ahora destacar es que, siglos atrás, un cristiano hubiese dicho que la experiencia de Dios va con el sentimiento de hallarse bajo un poder insobornable —y en concreto, bajo un poder del que depende la salvación o la condena eternas.
Ciertamente, en ambos casos y habiendo honestidad, no se trata de una suposición, sino de un sentimiento vivido a flor de piel. Sin embargo, no es el mismo sentimiento. El viejo creyente no daba por descontada la misericordia de Dios, sino que confiaba en ella. En cambio, el creyente moderno —o mejor dicho, aquel de talante progresista— da casi por hecho que no habrá juicio. Difícilmente queda rastro de la antigua dependencia. Por un lado, el haberla dejado atrás fue, sin duda, liberador. Al menos, porque la Iglesia decimonónica —o no tanto— se pasó de la raya acentuando el temor. Pero, por otro, donde no queda ni pizca de temor —donde Dios ha quedado reducido a una variante del amigo invisible de la infancia— estamos a un paso de prescindir de Dios… si es que no hemos prescindido ya, aun cuando, en los clubs cristianos, sigamos sirviéndonos de la palabra Dios.
fe y escatología
febrero 29, 2024 § Deja un comentario
Donde los creyentes, en su intento de actualizar su fe, prescinden de la imagen de un combate de dimensiones cósmicas como si fuera el lastre de un antigua superstición, la causa cristiana pierde su fuelle. Por no decir, que se transforma en la excusa del narcisismo espiritual. Una entre otras. Es cierto que va a resultar difícil que el mundo se nos muestre como la pugna entre ángeles y demonios por nuestra alma donde contemplamos el desastre a través de la pantalla. Pero al igual que es cierto que dicho combate se presentará como innegable a quienes sufren la impiedad de los diferentes rostros de Satán —y aquí hay que tener en cuenta que solo cabe incorporar lo que acontece a través del mito.
En cualquier caso, la esperanza en un final de los tiempos va con la fe. Pues fe es, precisamente, esperar una última palabra. Puede que el nihilista haya dado en el clavo y que la fe sea una quimera. Y que, en vez de un tiempo final, el eterno retorno de lo mismo. Ahora bien, no porque no haya Dios, sino porque Dios es el Dios que se puso en manos de los hombres para llegar a ser el que es.
verdad y perspectiva
febrero 28, 2024 § Deja un comentario
Es cierto que juzgamos la existencia desde nuestro punto de vista. Toda visión es, por tanto, perspectiva. Hasta aquí, lo obvio.
Sin embargo, no resultan tan obvio, al menos espontáneamente, que de lo anterior se desprenda que no hay verdad. Pues que la haya o no dependerá de lo que entendamos por verdad. Si por verdad entendemos adecuación a los hechos, entonces es innegable que hay tantas verdades como hechos. Pues no hay hechos sin carga teórica. Es decir, para un aborigen del Mato Grosso no hay dinero, sino simples papeles que los blancos, dicen, consideran como sagrados. Su perspectiva es análoga a la nuestra cuando vemos sus tótems como superstición. En cambio, para nosotros es igualmente elemental que hay dinero. Si encontrásemos en la calle un billete de cien euros no veríamos primero un trozo de papel que a continuación interpretaríamos como dinero. La interpretación va con la visión.
Ahora bien, si por verdad entendemos lo que acontece frente a lo que simplemente sucede, entonces el asunto cambia. Y bastante. Pues sea cual sea la perspectiva, tarde o temprano, caemos en la cuenta de que cualquier cosmovisión cede el paso al acontecimiento de la nada como mundos. Esto es, al tener lugar del todo como la negación de sí de la nada de un puro haber. En el origen, un hágase que, por eso mismo, se sitúa más allá de los tiempos. Y aquí no hay perspectiva que valga… en tanto que aquí no hay nada que ver. El hágase no es un hecho, aun cuando no podamos evitar imaginarlo como tal. Sea como sea, todo es don desde el horizonte del retroceso del Padre, por así decirlo. Y de ahí que junto con el don, también la sombra.
sin medida
febrero 27, 2024 § Deja un comentario
Bonhoeffer tuvo el mérito, entre otros, de lograr sintetizar su pensamiento en fórmulas sumamente acertadas. Una es la que dice: un Dios que existe, no existe. Es verdad que la fe es un trayecto, hasta el punto de que nadie puede decir sinceramente de sí mismo que tenga fe. Pues la fe no se tiene, sino que se ejerce dando un paso al frente… y sin que sepamos en qué medida ese paso es honesto. Ahora bien, si no lo sabemos es porque aquel en quien confiamos —y la fe es, sobre todo, un acto de confianza— no es objeto de un saber. Ni siquiera hipotético.
El creyente se encuentra expuesto, casi por defecto, a la desmesura de Dios, a su exceso. Sin embargo, le hacemos un flaco favor a la causa cuando nos imaginamos dicha desmesura como más de lo mismo es decir, como lo mismo, pero a lo grande:más poder, más justicia, más amor. La realidad de Dios no es la del superlativo, sino la del ahí-nadie-aún. De hecho, solo desde la desmesura del silencio de Dios cabe reconocer al Hijo del Hombre como Hijo de Dios. Y aquí podríamos añadir una nota a pie de página, parafraseando a Bonhoeffer, diciendo que Dios existe; ahora bien, no solo como Dios —aunque tampoco solo hombre. Y aquí parece que ya la liamos… Pero únicamente donde olvidamos las historias que dotan de inteligibilidad a la confesión creyente.
franciscano
febrero 26, 2024 § Deja un comentario
Leo en la prensa que en las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea la tribus llevan décadas destrozándose entre sí (y que ahora son capaces de perpetrar verdaderas masacres al disponer de armas de fuego de gran calibre). Pues bien, supongamos que alguien, no pudiéndolo tolerar, decidiera ir a ese infierno para poner paz. Y ponerla simplemente predicando (con la palabra y el ejemplo). ¿Quién se lo tomaría en serio? ¿Cuánto duraría? Sin embargo, ¿no estaríamos acaso ante un ejemplo de insensatez cristiana? ¿No fue este, precisamente, el espíritu de Francisco de Asís? Que el amor transforma cuanto alcanza es algo que está por ver —y de ahí que solo el amor sea digno de fe. Como de ahí también la esperanza en un final de los tiempos. Diría que muchos creyentes se equivocan, aunque sea con una bondad de fondo, donde dan por hecho lo que aún está pendiente de una última palabra.
espectadores
febrero 25, 2024 § Deja un comentario
Se dice: las carantoñas de los amantes están al servicio del gen. Como si, al fin y al cabo, fuéramos títeres de lo anónimo. Cuanto puedan proclamar los amantes acerca de su experiencia es irrelevante, por no decir, ilusorio. ¿Amor? Tan solo una ficción útil.
Sin embargo, si la alta cultura de hoy en día lo ve así, ¿no será porque hemos dejado atrás, no ya la superstición, sino el lenguaje que nos permitía, precisamente, hacernos cargo de nuestro hallarnos expuestos al carácter absolutamente alter de lo real? ¿Acaso la distinción entre cuerpo y alma no está más cerca de dar cuenta de la escisión que nos constituye que la convicción de que no somos más que cuerpos que reaccionan? Platón ¿fue un ingenuo al creer que la aspiración más íntima es la de un conocimiento de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa —y además, dando por sentado que este conocimiento, aun cuando termine siendo paradójico (o por eso mismo), nos transforma? ¿Es más verdadera la descripción de quien observa el fenómeno humano como el mirmecólogo, las hormigas que la lamentación de quienes quedan sepultados por una oscuridad y un silencio impenetrables?
Evidentemente, la respuesta dependerá de lo que entendamos por verdad. El espectador imparcial, al estar situado fuera del mundo, como quien dice, permanece atado a una concepción de la verdad demasiado estrecha, a saber, la que entiende por verdad la correspondencia entre enunciado y hechos, una concepción que, no obstante, es muy de sentido común… sobre todo, cuando el criterio es el ver y el tocar. De ahí que el espectador imparcial difícilmente pueda dar fe de la verdad como lo que acontece o tiene lugar y no simplemente pasa. Y es que lo que acontece nunca admitirá una descripción. Al menos, porque implica enfrentarse a la nada —o al aún-nadie— que se revela como la más íntima posibilidad de cuanto es. O como decíamos antes, a la oscuridad y silencio más impenetrables.
profetismo y devoción
febrero 23, 2024 § Deja un comentario
Al profeta le está vedada la entrada en la tierra prometida. O lo que viene a ser lo mismo, el consuelo de la fe. Y no porque ande por ahí como un alma en pena, pues por lo común no es así, sino porque el profetismo exige tomar una cierta distancia de las prácticas habituales en el templo. Es precisamente la distancia que le acerca al fuego de Dios. Aunque no por ello, el profeta se dirá a sí mismo que esté más cerca de Dios. Más bien, al contrario. Y es que, con respecto a Dios —y, por extensión, con respecto a lo que tiene lugar y no simplemente pasa, es decir, lo verdadero—, cuanto más cerca, más lejos.