positivismo cristiano

enero 24, 2025 § Deja un comentario

La resurrección de los muertos, como el contenido de la esperanza cristiana, no puede consistir simplemente en un modo de hablar de una experiencia interior. Apunta a un hecho que, aun cuando imposible, no deja de ser un hecho. Es verdad que la palabra sería acontecimiento, en tanto que interrumpe la continuidad del tiempo histórico. Pero, en cualquier caso, se trata de ver y escuchar. El cristianismo se desvirtúa donde olvida el positivismo apocalítpico que le dio su nervio inicial. Y aquí no basta con repetir las fórmulas del credo.

No obstante, para comprender el alcance de lo anterior deberíamos tener presente que la fe no está al alcance de cualquiera. Pues esta es un privilegio. Ahora bien, no de los privilegiados —para estos, a lo sumo la comprensión de la fe—, sino de aquellos que, habiendo sido despojados de todo privilegio, esperan en nombre de lo que el mundo les niega. Y rotundamente. Para ellos, no hay otro futuro que el de la imposible posibilidad de Dios. Al fin y al cabo, la fe siempre fue un asunto corporal.

mapa mental

enero 23, 2025 § Deja un comentario

Un mapa mental es un puzzle… ya terminado. Todas piezas encajan. Aun cuando un mapa mental incluya, por lo común, justificaciones, estás son, más bien, racionalizaciones, esto es, prejuicios que se presentan como conclusiones. SI hay mapa mental es porque no ha habido la suficiente reflexión. Pues la reflexión, en tanto que su resultado es la paradoja, hace trizas los puzzles. Solo sé que no se nada, que decía Sócrates. Y no fue una boutade

Así, pongamos por caso, el mapa mental religioso coloca a Dios en el centro a la manera de una piedra angular. Sin embargo, por poco que pensemos en aquello a lo que nos referimos cuando hablamos de Dios, tarde o temprano, caeremos en la cuenta de que Dios en sí mismo es no siendo nada. Y que por eso mismo solo puede hacerse presente en su negación de sí hacia lo otro de sí.

Ahora bien, esto es irrepresentable. Tan solo puede ser pensado. O sufrido, colgando de una cruz. De ahí que trascienda cualquier mapa o representación que abarque la totalidad. Pues el todo queda en suspenso. La cuestión es y ahora qué hacemos. Es decir, a qué obediencia nos obliga la revelación. Más aún: qué cabe esperar… que no sea, precisamente, lo imposible.

lo otro de Dios

enero 22, 2025 § Deja un comentario

Si Dios, desde nuestro lado, es la alteridad avant la lettre —lo absolutamente otro o extraño—, el hombre es la alteridad de Dios, esto es, lo otro de Dios y, por eso mismo, su negación. Ahora bien, nada puede haber fuera del Dios —nada más allá del puro haber de Dios. De ahí que la negación de Dios —su alteridad u otro de sí— deba comprenderse como la negación de sí de Dios, en el doble sentido del genitivo. Lo finito es, por consiguiente, el resultado de una doble negación: lo no-no finito (in-finito). Esto es, al fin y al cabo, Hegel.

Ahora bien, por eso mismo, la historia será la historia del Espíritu Absoluto, esto es, la historia de la reconciliación de Dios con lo otro de sí mismo, en definitiva, consigo mismo. Y habrá reconciliación cuando Dios logre identificarse con el que tuvo que negarlo desde el principio. Pues mientras no haya reconciliación y como resultado de su acto creador, Dios aún no es nadie. Sin embargo, eso solo será posible cuando el nuevo Adán vuelva su rostro hacia Dios, es decir, cuando deje de negarlo o darle la espalda. Traducción: cuando el abandonado de Dios —y abandonado por su negación de Dios— se abandone a Dios. Solo así Dios —el Espíritu Absoluto— llega al presente, esto es, a hacerse presente. El Espíritu es un hueso.

Es posible que únicamente Hegel comprendiera la verdad del cristianismo. Incluso en mayor medida que Nietzsche. Otro asunto es qué Ley —qué deber ser, qué obediencia— se desprende de dicha verdad. Y aquí Hegel, diría, se separa de Israel.

caer en la cuenta

enero 21, 2025 § Deja un comentario

Diría que no acabamos de, cuando menos, comprender el alcance de la confesión cristiana —la que proclama la humanidad de Dios—, mientras no tengamos presente que los humanos mean y defecan, además de oler mal. ¿Dios buscando unos matorrales porque el vientre aprieta? ¿O apestando a sudor? Que Dios huela a podrido, ¿no es demasiado humillante para un dios? Evidentemente, el crucificado no fue proclamado Hijo de Dios porque mease —y, probablemente, sobre sí mismo durante su ejecución. Pues afirmar que Dios no es más que hombre equivaldría a negar que haya Dios. Sin embargo, una cosa no quita la otra.

Ahora bien, que Dios se hiciera carne tampoco implica que haya en nosotros algo así como un resto de naturaleza divina que tuviera que ser rescatada por un dios. Pues la encarnación , en tanto que esta no consiste simplemente en adoptar nuestro aspecto, impide que podamos seguir refiriéndonos a la naturaleza divina con independencia del cuerpo del abandonado de Dios que se abandonó a Dios. Y, ciertamente, un Dios que depende del hombre que depende de Dios —por decirlo sucintamente— no es un Dios que viva en las alturas por su cuenta y riesgo a la espera del ascenso espiritual del hombre. En el Gólgota, sencillamente, estuvo en juego el ser o no ser de Dios. En definitiva, su haber.

cristianismo como meta-religión

enero 19, 2025 § Deja un comentario

El cristianismo no es una religión entre otras porque la Encarnación supone la quiebra de lo que espontáneamente se experimenta como divino. Es decir, cuando el cristianismo proclama al crucificado como Hijo de Dios, lo que esta en juego no es simplemente quién fue Jesús de Nazaret, sino, sobre todo, quién es Dios. La confesión cristiana responde, y de manera ciertamente chocante, a la pregunta sobre aquello de lo que hablamos cuando hablamos de Dios. Pues la dogmática cristológica, en el fondo, no dice otra cosa que esta: Dios no tiene otro quién que el de un abandonado de Dios que se abandonó a Dios. Y esto equivale a decir que, sin ese quién, en sí mismo —trinitariamente, el Padre— Dios no es aún nadie. Sencillamente, el galileo es el modo de ser de Dios, su esencia. Escandaloso, sí. Nada que ver, por tanto, con un ente superior —o si se prefiere supremo— que vaya por su cuenta y riesgo manejando los hilos de la historia desde la dimensión desconocida.

Ahora bien, la referencia a Dios es indisociable de la cuestión acerca del poder de Dios. Y con respecto a este asunto, el cristianismo afirma que eso está, precisamente, por ver. El cristiano permanece a la espera de que el poder de Dios se manifieste como un poder capaz de resucitar a los muertos. Hablamos, sin duda, de un imposible. Sin embargo, el creyente aún está lejos de comprender en qué consiste su fe si concibe el poder de Dios como aquel que se ejerce desde arriba y, por eso mismo, en el interior de la totalidad.

reinos

enero 14, 2025 § Deja un comentario

El Reino de Dios no es un mundo en el que la bondad surge espontánea o naturalmente. Pues en ese caso, el Reino sería un mundo de autómatas morales. Quien es bueno por naturaleza —aquel que fuese incapaz de hacer daño— no es moralmente bueno. En el Reino, Satán sigue vivo, pero bajo las botas del arcángel. Por tanto, la creencia en el Reino —en su imposible posibilidad— es indisociable de aquella cosmovisión en las que potencias del Bien combaten a las del Mal. Nada que ver, por tanto, con un ideal al que pudiéramos aproximarnos de hacer las cosas bien. Es decir, nada que ver con la higiene. Como si solo fuera cuestión de ir desprendiéndonos progresivamente de las costras que cubren nuestra piel.

los límites de la analogia entis

enero 13, 2025 § Deja un comentario

El presupuesto de la analogía es que Dios posee atributos. No obstante, aquí la atribución es siempre paradójica. Y por eso mismo, se quebrará la analogía: misericordioso… al abandonarnos. ¿Por qué? Porque el abandono es el envés de la renuncia de sí en favor de Adán, de lo otro de sí… —y porque es otro tendrá que negarlo: la expulsión del Edén es el envés de la imagen y semejanza. Sin embargo, se trata de un otro de sí que no es anterior al acto creador. El acto creador es el mayor poder. Ahora bien, Dios es omnipotente… en la kenosis. El autovaciamiento de Dios puede con el todo… al mantener el mundo, precisamente, sobre el vacío. Esto es, (de)pendiente.

redimir

enero 12, 2025 § Deja un comentario

Para hacerse una idea del alcance de la redención —de hacia dónde apunta— basta con ponerse en la piel de un genocida arrepentido. ¿Quién me salvará de esta culpa imborrable —cómo podré comenzar de nuevo? ¿Es posible que mis víctimas lleguen a perdonarme si no regresan con vida de la muerte?

El nihilismo posee la respuesta más razonable. Sin embargo, lo razonable siempre estuvo constreñido por las coordenadas de una cosmovisión. Pues dichas coordenadas —esos pre-juicios— establecen el campo de lo posible. Al fin y al cabo, digamos lo que digamos, seguimos anclados en lo que nos parece. De ahí que no quepa trascender las apariencias donde la razón no se ejerce contra lo razonable. Ahora bien y por eso mismo, el resultado de este ejercicio acabará constatando que no hay otra realidad que la imposible. El mito logra su nemesis en el despliegue radical de la razón.

primero: megacasting 2

enero 9, 2025 § Deja un comentario

Kant dice —más o menos—: debo respetar al otro… porque, en definitiva, no puedo hacer otra cosa. Y es que, literalmente, deber hacer equivale a no poder no hacer. Es decir, moralmente hablando, no debo servirme del otro para satisfacer mi interés particular. Nunca utilizamos a quien respetamos. Ahora bien, si no puedo hacer otra cosa que respetarlo es porque el otro como tal —su yo— es inalcanzable, y por eso mismo, un inútil. Siempre utilizaremos, de utilizarlo, su cuerpo —siempre negociaremos con su aspecto—, en modo alguno el yo que hay detrás. De hecho, ese yo no podemos verlo, solo reconocerlo a través de la reflexión o el pensar. Sin embargo, porque el yo siempre va con su cuerpo —porque no es nadie al margen del cuerpo con el que se identifica—, el respeto al otro implica respetar su cuerpo.

De ahí que el mandato que nos obliga a respetar al otro —a hacer lo debido por hacer lo debido, esto es, por respeto— sea, en definitiva, racional. Es decir, en el debo respetar al otro no solo hay las emociones, entre el temor y la admiración, que inevitablemente acompañan al respeto. No obstante, sí que, y con independencia de la razón, podemos, cuando menos, intuir el carácter inalcanzable del yo que se sitúa ante nosotros… si nos alcanza su mirada, esto es, si nos mira desde lo más profundo de sí —desde el más allá de sí mismo.

Kobalsky, sin embargo, plantea la siguiente objeción: de acuerdo. Ahora bien, también podríamos tener esta misma sensación ante la mirada de un chimpancé… y no diríamos que debamos respetar al chimpancé como sí debemos hacerlo con nuestro semejante.

Pregunta: ¿que podríamos decirle a Kobalsky?

qué es, qué debería ser

enero 6, 2025 § Deja un comentario

¿En qué consiste la fe, la esperanza cristiana, el creer auténtico? Esta es una pregunta griega —y, por eso mismo, aún en parte nuestra. Y con ello pretendo decir que fácilmente se responderá, como cualquier interrogación sobre el de qué se trata, en los términos de lo paradigmático o ejemplar. ¿Qué es, pongamos por caso, una madre o la justicia? Lo que debe ser una madre. O la justicia. De estas lluvias, los lodos de la escisión entre el mundo ideal y el que nos ha tocado en suerte.

Ahora bien, el problema es que las respuestas a las preguntas sobre la consistencia o naturaleza de lo que nos traemos entre manos siempre será formal. Esto es, sin entidad. ¿La justicia? Darle a cada uno lo que se merece. Obviamente. Pero lo que se merezca cada uno queda, nunca mejor dicho, en el aire. Pues no puede deducirse de la mera definición de lo justo. De hecho, en el día a día todo es mezcla. En el amor de una madre hay espíritu de sacrificio. Pero también amor al vínculo con el hijo. No es lo mismo. En cuanto posee entidad, no hay luz sin sombras.

Algo parecido podríamos decir de la esperanza creyente. La esperanza pura es de otro mundo. O en judío, del final del mundo. Hablamos de la ciega confianza de un crucificado. Y digo ciega, no porque su esperanza fuese talibán, sino porque en el Gólgota, y con respecto a Dios, no hubo nada que ver —ni escuchar. Durante el tiempo diario, únicamente una esperanza mezclada… con los motivos de la religión. Y es que resulta inevitable que el desesperado aguarde la intervención ex machina de Dios.

Sin embargo, lo dicho hasta ahora también podríamos aplicarlo a la palabra Dios. ¿Qué es —de qué se trata? Aquí toda respuesta será, como decíamos, formal. De ahí que el cristianismo responda a la aristotélica: la única consistencia de Dios es la de su cuerpo. Por eso, la pregunta del cristianismo no será, cristiandad al margen, qué es Dios, sino quién. La pureza divina solo posee entidad donde asume lo impuro, en definitiva, lo que no termina de ser lo que debiera. Dios es inmortal porque abrazó la mortalidad.

Y aquí se produce un giro interesante. Porque, tras la revelación, caemos en la cuenta de que lo que debe ser es que lo que debe ser no pueda ser como tal. Y ello, precisamente, para que pueda darse o hacerse presente.

En realidad, todo lo que debiera decirse ya fue dicho.

patetismo creyente

enero 5, 2025 § 1 comentario

Si estamos en manos de Dios, entonces el punto de partida de la experiencia religiosa es el sobrecogimiento. Literalmente: un ser arrebatados por. ¿El problema? Que de lo insobornablemente patético, también en su sentido más literal, no puede derivarse ninguna afirmación. Ni siquiera aquella que sostiene que el arrebato es la experiencia más elemental de lo divino. De hecho, los microbios también se sentirían arrebatados si pudieran intuir, cuando menos, nuestra presencia.

Cualquier afirmación supone un haberse ya desplazado al espacio de la interpretación… con lo que el puro presente del rapto es tematizado como pasado. Y nos desplazamos a dicho espacio en el instante en que nos preguntamos de qué se trata. La única respuesta que no atraviesa completamente el umbral es el heme aquí bíblico. Esto es, y ahora qué debo hacer. Ciertamente, no escucharemos nada en medio de lo arrebatador. Pero desde su ensordecedor silencio, el mundo se nos revelará como descentrado —y por tanto como un mundo a reparar en vez de dominar.

Resulta inevitable que, como seres conscientes, lo que tiene lugar —el acontecimiento— se transforme en lo que pasa… a menos que el acontecimiento permanezca —y permanezca de manera subyacente, esto es, determinante— como trauma. Y el trauma, cristianamente hablando, es la fe de un crucificado en nombre de Dios, en definitiva, en su lugar. Así, lo traumático o sobrecogedor, en tanto que continúa presente en lo más recóndito, es el índice de que la voluntad de dominio que nos caracteriza —el propósito de suplantar a Dios— no es lo dominante. Es decir, que no define nuestro carácter… y, por eso mismo, no decide nuestro destino. La irrupción de lo arrebatador no está sometida a ningún a priori.

De ahí que lo inesperado sea, religiosamente hablando, la raíz de la esperanza creyente, a saber, que haya un nuevo comienzo… en el que nada volverá a ser igual. Sin embargo, el creyente ignora en qué podrá consistir la novedad de la recreación. A lo sumo, confía en que sea algo bueno. No hay certeza epistemológica al respecto. Es lo que tiene el en manos de.

cómo la fe cristiana se transforma en fantasía

enero 4, 2025 § 2 comentarios

1— De entrada, una historia algo más que sorprendente —o bastante más que sorprendente: imposible. Casi un milagro, si no fuera porque sus escenas son humanas, demasiado humanas. Por ejemplo: una mujer que es capaz de cuidar del fruto de una violación como don de Dios. El gesto roza, ciertamente, lo delirante.

2— Después viene la imagen o la fórmula que pretende sintetizar el relato. Así, por continuar con nuestro ejemplo, el cristianismo concibe la figura de una madre inmaculada, esto es, sin haber conocido varón, una figura que, por cierto, rescata de la tradición bíblica. ¿Imposible? Pues claro. Al igual que el hecho de que llegase a amar al hijo que engendró de quién no tuvo piedad. Se trata de un gesto que, al cancelar el interminable ciclo de la violencia, nos sitúa ante un nuevo comienzo. Inmaculada, esto es: el mal no alcanzó lo más íntimo de ella.

3— Finalmente, los cristianos olvidan la historia de que hay detrás del símbolo… tomándolo como si fuera la representación de un hecho. De este modo, habrá vírgenes como hay árboles. O fantasmas. Con ello, el cristianismo confunde lo sobrenatural, por sobrehumano, con lo paranormal, alejándose, consecuentemente, del acontecimiento de la encarnación. De hecho, quizá no sea casual que muchos cristianos sigan dirigiéndose a Dios como si este no tuviera cuerpo. Aunque probablemente este fuera el precio que tuvo que pagar el cristianismo por su éxito histórico.

parroquias

enero 3, 2025 § 1 comentario

El riesgo de una pastoral centrada en alimentar a los parroquianos con espejismos, esto es, ahorrándoles la verdad —y con ello no quiero decir que los pastores deban presentarla de buen comienzo, pues incluso la verdad tiene su momento— es que, al final, el cristianismo quede reducido a una religión para niños. Hoy por hoy, quienes buscan la verdad y no solo ejercitarse en los buenos sentimientos, tarde o temprano, dejan de ir a misa. Normal, si nadie dentro de las canchas cristianas ha sido capaz de mostrarles qué de verdadero hay tras las fórmulas del credo. Y quien dice verdad, dice historias verdaderas, las cuales nada tienen que ver con lo paranormal. A muchos pastores —aunque no solo: también a muchos escribas— les iría bien leer de vez en cuando las palabras de Ap 3, 16.

microbios

enero 2, 2025 § Deja un comentario

Supongamos que fuéramos unos de los tipos de microbios que habitan en nuestro intestino… y que pudiéramos desplazarnos más allá. ¿Acaso no veríamos otros mundos —paisajes desconocidos, incluso inhóspitos, por no decir absolutamente incomprensibles: el corazón, los pulmones, las vértebras, la masa cerebral…? Sin embargo, lo que no veríamos —ni podríamos ver— es que todos esos mundos forman parte de un todo consciente. Imaginemos ahora que uno de esos microbios llegase a comprender que los diferentes mundos componen un organismo. ¿Es que no se le presentaría como un diseño inteligente? Más aún: ¿podría eludir el postulado de una inteligencia creadora?

Sin embargo, ese todo consciente de sí no se crea a sí mismo. A lo sumo, interviene sobre sí: alimentado a los microbios beneficiosos a base de probióticos y eliminando a la Helicobacter Pylori. Ciertamente, a esos microbios les parecería que existen bajo el poder de un dios. Pero se equivocarían. Su error sería un error de perspectiva. Aun cuando espontáneamente no pudieran evitarlo. Pues el haber de Dios en verdad se sitúa más allá del todo.

Ahora bien, más allá del todo —y por el que el todo es eternamente el aún no-todo— no hay nada. Esto es, un puro haber sin nada, en definitiva, la negación de la nada. Este es el último misterio. Por no decir, lo absoluto como misterio o el misterio de lo absoluto. Llegados a este punto, resulta obvio que ya no cabe hablar de una cosa misteriosa. De ahí que ante Dios nos encontremos siempre sin Dios. Y de ahí también que obedecer al mandato que se desprende de este ante Dios, sin Dios suponga un enfrentarse a Dios en nombre de Dios. Y ello para que Dios sea. Esto es, adquiera un presente —una presencia—, al fin y al cabo, un cuerpo.

dar fe y tener fe

enero 1, 2025 § Deja un comentario

A menudo me preguntan cómo tener fe en tiempos en los que Dios ya no se da por descontado. Y lo que suelo contestar es que la fe siempre se afirma en donde Dios no puede darse por descontado. Como sucedió en el Gólgota. En realidad y como escribiera Bonhoeffer, ante Dios siempre nos encontramos sin Dios.

Ciertamente, la mayoría de creyentes no se hallan en la situación del crucificado. De ahí que la fe común sea indisociable de un dar fe: he visto…. Por otro lado, la fe va con su momento, aquel en el que se nos exigirá, precisamente, dar el paso. La fe, como acto de confianza, no se tiene. En cualquier caso, se tiene la creencia. Pero en la creencia acaso pese más nuestro lado que el de Dios.

nihilismo y cristianismo

diciembre 29, 2024 § Deja un comentario

Nihilismo significa ninguna esperanza. Por supuesto, ninguna para los vencidos. Pero tampoco para quienes se alzaron con la victoria. Pues esta no es más que una tregua, un impasse. Al final, todos morderemos el polvo. Mientras tanto, la distracción. Si cupiese. ¿La solución? Morir como el Ricardo III de Shakespeare: soltando una gran carcajada. O al menos, una risa tonta.

No obstante, ¿qué cabría esperar? ¿Un paraíso? Quizá. Pero es como apuntar a un espejismo. También que haya alguien —y alguien bueno— en medio de la más completa oscuridad y silencio. Para el nihilista, no habrá nadie ahí. Y si lo hubiese, no estaría para salvarte. Prevalece la lucha. De hecho, los contratos civilizados reflejan un combate que terminó en tablas. Nada más allá de la voluntad de dominio. Esto, como sabemos, es Nietzsche.

¿Qué presenta el cristianismo como alternativa? Un horizonte imposible —la resurrección de los muertos, un Juicio Final. ¿Opio? Probablemente, si la expectativa creyente solo se basa en la necesidad psicológica de que la película termine bien. Otro asunto es que el punto de partida de dicha esperanza sea el acontecimiento de un gesto de bondad en medio del infierno, esto es, donde no cabía ninguna bondad. Pero en ese caso, la esperanza no podrá entenderse como previsión, sino únicamente en los términos de un debe —y un debe que se afirma frente a cualquier ideal que podamos concebir desde nuestro lado. Lo dicho: un imposible. Sin embargo, no acabamos de comprender en qué consiste tener fe si su horizonte es lo que los mundos pueden dar de sí. Ni por supuesto, qué significa estar ante Dios.

agermanats

diciembre 26, 2024 § Deja un comentario

Decimos: somos hermanos. Pero nos relacionamos como si no lo fuéramos. El prójimo es en verdad una aparición. Sin embargo, nos tratamos como si no fuésemos más que cosas-a-disposición. Pues se impone el aspecto, la serie de rasgos que nos empujan a reaccionar. La amabilidad sería el eco formal del respeto al que nos obliga una genuina alteridad. Durante el tiempo diario, rige el código más elemental: me gusta, no me gusta. ¿El horizonte del mundo? La utilidad, el provecho, la ventaja.

Aquí sigue siendo cierto lo que, en su momento, vieron los griegos, a saber, que vivimos de espaldas a lo que en verdad acontece. En su lugar, permanecemos anclados a las apariencias —a la tergiversación de lo verdadero. Con todo, el corazón de la verdad sigue latiendo por debajo de la cháchara, el rumor, la dispersión. Pues la verdad es lo real. Y lo real, en sí mismo, es inalterable. En cuanto tal, no admite versiones.

Ahora bien, ¿por qué podemos afirmar que, en verdad, somos hermanos? ¿Quizá porque lo verdadero es lo que se nos ofrece, más allá de cualquier perspectiva, donde topamos con el vacío absoluto, esa oscuridad y silencio últimos. De ahí que solo ante Dios —y porque ante Dios estamos sin Dios— podamos encontrarnos bajo el imperativo de la fraternidad. Pues este se deriva de una común orfandad. Y se deriva en nombre de Dios como los que se enfrentan a Dios. Como Jacob en Penu-Ēl. La experiencia del valor y, en definitiva, de lo sagrado comienza donde ya no hay caballo que montar

catolicismo transcultural

diciembre 25, 2024 § Deja un comentario

Me atrevería a decir que la revelación cristiana —a saber, aquella que proclama un crucificado como el quién de Dios— no necesita de ninguna adaptación. Pues no estamos ante una visión de Dios entre otras —y ello aunque se trate de un ver a Dios en aquel que cuelga de una cruz en nombre de Dios, esto es, en su lugar. De hecho, si se piensa bien, la revelación cristiana supone una impugnación de lo que tomamos espontáneamente por divino. Y lo supone porque la kenosis de Dios no termina de ligar con un superman de carácter espectral. Al fin y al cabo, la confesión cristiana, en tanto que judaísmo llevado a las últimas consecuencias, nos habla de lo que queda de Dios una vez se han hundido los cielos. Así, o nihilismo, o un nuevo comienzo. Y aquí Dios no opera a la manera de un deus ex machina.

¿qué es el cristianismo?

diciembre 23, 2024 § 4 comentarios

Teresa de Calcuta, terminó no sintiendo a Dios. Oscar Romero, incapaz de orar. El de Nazaret, como un apestado del Padre. Y, sin embargo, permanecieron fieles al mandato: sacando a los parias de la calle, dando de comer al hambriento, perdonando a sus verdugos. ¿Qué queda de Dios donde ya no queda nada de Dios? Acaso quienes obedecen contra toda evidencia al clamor que ocupa el lugar de Dios (y por eso mismo, es de Dios). El resto es un permanecer a la espera. Estrictamente, un no saber.

nihilismo, again

diciembre 22, 2024 § Deja un comentario

El nihilismo es una psicosis, la negación de la posibilidad de que lo Real interrumpa el mundo. Pues lo Real es la posibilidad de lo imposible —la posibilidad de lo nuevo, la aparición. Frente a la aparición tan solo cabe un heme aquí. El problema es que confundamos lo sorprendente —la novedad— como lo nuevo. Por eso la aparición tiene que desaparecer. No es posible acostumbrarse. O dicho de otro modo, tiene que apuntar a un tiempo más allá de los tiempos. Nihilismo significa, por tanto, nada nuevo puede aparecer; en realidad, tan solo la eterna reiteración de lo mismo.

Sin embargo, es cierto que una esperanza que solo esté al servicio de nuestra tranquilidad es una ilusión. De ahí que la genuina esperanza apunte a un final del mundo en nombre de la bondad que tuvo lugar donde no podía haber ninguna bondad. Y de ahí también que las imágenes de esta esperanza solo puedan ser delirantes.

Bonhoeffer

diciembre 21, 2024 § 2 comentarios

Ante Dios, nos hallamos sin Dios. De acuerdo. Y de acuerdo porque es así. Sin embargo, podríamos añadir, como quien juega, una nota al pie: y enfrentados a Dios. La respuesta del hombre —su fiat— niega el silencio de Dios, su en sí. Pues ese silencio es, sencillamente, aniquilador… donde el hombre no responde con su arrojo.

De ahí que el crucificado sea, cristianamente, la Palabra de Dios, aquella que rompe su enmudecimiento. No hay otra. Es verdad que el todo nos habla de Dios. Pero no porque apunte a un demiurgo espectral, sino, precisamente, a su paso atrás.

maneras de hacer mundos

diciembre 20, 2024 § Deja un comentario

No hay mundo sin cosmovisión —mejor dicho, sin los presupuestos que rigen una cosmovisión. Una pura exterioridad es silencio y oscuridad sin resquicio. La interpretación va con la visión. Ningún hecho es químicamente puro —ninguno se nos da al margen de cómo se nos presenta. Así, en la Antigüedad hubieron espíritus en los bosques. Ya no. En cualquier caso, aún puede haber quienes lo supongan por su cuenta y riesgo. Nunca hubo dinero para los aborígenes del Mato Grosso. En cualquier caso, trozos de papel que los blancos veneran.

Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia religiosa de Dios, a saber: que es relativa a un mundo que ha dejado de ser el nuestro. Otro asunto es la visión que se desprende del Horeb —y por extensión del Gólgota. Pues Moisés no tuvo la impresión de que el Dios que se le reveló en el desierto fuese algo así como un dios.

Hay mucha soledad en las cimas. Al fin y al cabo, una cima es una sima. De hecho, Moisés no descendió del Horeb con una descripción, sino con las tablas de la Ley. El pueblo de Israel lo comprendió de inmediato: primero obedeceremos y luego ya veremos. Esto es, primero la carta de Santiago y el resto es esperar. Desde un óptica bíblica, Dios en verdad nunca formó parte de un perspectiva. De hecho, las quiebra.

sin clamor

diciembre 17, 2024 § Deja un comentario

Donde el cristianismo olvida el horizonte apocalíptico que lo anima —donde pierde de vista que su esperanza es un clamor— no va mucho más allá del cultivo de los buenos sentimientos. Y para este viaje, ciertamente, no hacen falta las alforjas de quien ha ido —y regresado— de los Gólgotas de este mundo.

esperar (y 2)

diciembre 16, 2024 § 1 comentario

La esperanza naÏve no termina de congeniar con la dialéctica. Y quien dice dialéctica, dice lucidez. ¿Un final feliz y para siempre? ¿No habrán ya más tormentas? Donde no hubiese más que luz, ¿podría haber luz? Más aún: ¿acaso lograríamos soportarlo?

No hay todo para quien es consciente de sí mismo —para quien no termina de encontrarse en donde está. La experiencia de los cielos, ¿no estaría cerca de la de una eterna vacuidad? ¿Qué inquietud para los cuerpos hinchados solo de bondad? De ahí que la imagen de la esperanza bíblica no sea la de unos cielos repletos de idiotas felices, sino la de la bestia bajo las botas del arcángel. Las sombras siguen. Pero ya no cubren la superficie de la tierra.

La esperanza sin el clamor de aquellos que, viviendo como perros, esperan lo imposible —el final de la injusticia, es decir, del mundo— no está tan lejos de la expectativa del espectador: que la película termine bien y, así, podamos dormir a pierna suelta.

un símil para este momento

diciembre 15, 2024 § Deja un comentario

Para hacerse una idea de lo que supone hoy en día creer que el crucificado es Dios —y que fue rescatado del sheol al tercer día— basta con imaginar que lo anterior es proclamado en medio de una macrodiscoteca con la masa desquiciada bailando reggaeton. Y proclamado intentando convencer al personal de que no cabe otra esperanza que la de una resurrección de los muertos tras el fin de los tiempos.

Sin embargo, el paso de la fe siempre se ha dado en situaciones hostiles. De hecho, aún más hostiles que la de una macrodiscoteca. Pienso en los Auschwitz de la historia. Ahora bien, la desaparición de la cristiandad empuja al cristianismo a partir de cero. Quiero decir que la transmisión de la fe —al menos, si se pretende ir más allá de los muros de la parroquia— no puede comenzar con las fórmulas del credo. Más bien, debe tomarse en serio que no hay otro acceso a Dios que aquel que parte de las situaciones —humanas, demasiado humanas— en las que no parece que haya Dios. Es lo que tiene que no haya Dios sin el cuerpo de Dios.

Las fórmulas del kerigma cristiano no necesitan traducción. Para comprenderlas —y aquí comprender supone caer en la cuenta de su carácter disruptivo con respecto a lo que experimentamos espontáneamente como divino— basta con escuchar las historias que hay detrás. De hecho, como hicieron los evangelistas.

la ambigüedad de Pablo

diciembre 14, 2024 § 1 comentario

La tesis cristiana par excellence no admite el Dios de la religión, el ente supremo cuyo modo de ser es independiente de su hacerse cuerpo. Sencillamente, Dios o tiene cuerpo, o no hay Dios. Pues que Dios sea un Dios encarnado no significa que Dios adoptase el aspecto de un hombre o que Jesús de Nazaret fuese la máxima ejemplificación de la misericordia de Dios. Significa que Dios en cuanto tal —el Padre— no es aún nadie sin su cuerpo.

Sin embargo, el cristianismo ha sobrevivido históricamente por admitir el Dios de naturaleza espectral por la puerta de atrás. Inevitable, por otra parte. De hecho, la proclamación de la resurrección del crucificado no fue un modo de hablar…. como si simplemente hubieran querido decirnos, por ejemplo, que Jesús seguía vivo en el corazón de sus discípulos. Dicha proclamación presupone un Dios que interviene ex machina. Es decir, ningún seguidor de Jesús se hubiera tomado en serio que había sido levantado de entre los muertos, a pesar de la ambigüedad de las apariciones, sin la fe en el poder de Dios.

Hay por tanto un hiato entre la verdad cristiana —la que se expone con la revelación— y el imaginario que permite su incorporación donde no nos hallamos al pie de la cruz. Parafraseando a Hegel, podríamos decir que la revelación cristiana deviene otra cosa cuanto más alejados del Gólgota nos encontremos.

Ahora bien, una teología de la revelación que prescinda del Dios de la religión —el Dios que ya es alguien al margen de su encarnación— tendrá serias dificultades para integrar el poder de Dios. Y sin ese poder el horizonte apocalíptico, sin el cual la esperanza cristiana es un whisful thinking, se disuelve como azúcar en el café. Pues si Dios no puede hacer nada por sí mismo, entonces el único modo de seguir refiriéndonos al poder de Dios es haciendo de Dios algo así como el enchufe al que necesitamos conectarnos —aunque cristianamente esa conexión implique el salto sobre el vacío de la fe— para que la energía fluya e ilumine la habitación. O mejor dicho, ponga de nuevo en marcha el motor. Aunque quizá se trate de eso.

perspectivas y parábolas

diciembre 11, 2024 § Deja un comentario

La idea de Dios es algo que, a pesar de su inconmensurable superioridad, puede captarse, aunque siempre relativamente, desde diferentes ópticas —la idea que está presente en la parábola de los ciegos y el elefante— es, sin duda, sugestiva. Es decir, seduce por su aparente obviedad. El problema es que no vale para Dios. Si valiese, entonces la revelación hubiese sido irrelevante. Y no vale para Dios porque Dios, en cuanto tal, carece de entidad. Al fin y al cabo, aquello que, según el cristianismo, se nos reveló en el Gólgota es que Dios no tiene otra entidad —otro quién o modo de ser— que el de un crucificado en nombre de Dios. Ahora bien, que Dios sea en sí mismo el todavía nadie —que su hacerse presente dependa de la fe de quien depende de Dios— no es algo que admita diferentes perspectivas. La realidad de Dios en sí —en trinitario, la realidad del Padre— no es la de algo que pueda describirse, ni siquiera por aproximación.

Ahora bien, ello no quita que nos cueste aceptarlo. Pues religiosamente no podemos evitar concebir lo divino como un poder sobrenatural que, por eso mismo, aún tiene mucho de natural. Y para este viaje no hacen falta, ciertamente, las alforjas de la revelación.

esperar (1)

diciembre 11, 2024 § Deja un comentario

El cristianismo se hace un flaco favor al presentar su esperanza como el meteorólogo prevé el tiempo de los próximos días. Así, muchos cristianos dan por hecho que Dios no nos abandonará… cuando estrictamente esto es algo que está por ver. Ciertamente, la esperanza creyente no es un salto en el vacío —no responde simplemente a un ya me gustaría. Pues hubieron gestos de bondad donde no era posible ninguna bondad. Sin embargo, no deberíamos olvidar que el maranatha con el que concluye el Nuevo Testamento es, sobre todo, un clamor. Aunque sea un clamor esperanzado.

la anomalía

diciembre 9, 2024 § Deja un comentario

Está lloviendo. Pero ninguna nube cubre el cielo. Nace un niño con tres ojos. O con seis dedos en un pie. ¿Raro? No solo. Espontáneamente, la anomalía se nos presente como la irrupción de lo enteramente otro. En cambio, la mentalidad científica —nuestra mentalidad— ve simplemente lo que aún no podemos explicar o una mutación genética. Hace tiempo que el mundo se quedó sin signos del más allá. O cuando menos, esta es la tesis oficial. Quien ve señales, las ve por su cuenta y riesgo.

El origen de esta ausencia de signos se halla en la metafísica, en definitiva, en la posibilidad de pensar el carácter absoluto de lo real sin el recurso del dios. Después de Platón, la referencia a la divinidad religiosa queda relegada al plano de lo imaginario. Y ello al margen de que se siga hablando de dioses. Pues el Bien trasciende incluso el Olimpo… hasta el punto de que, siendo lo más real, carece de la entidad de cuanto existe. Ciertamente, podemos denominarlo Dios, con mayúscula. Pero no inspirará, como vio Pascal, ninguna piedad. La escolástica fue, de hecho, un apaño. Esto es, la racionalización de una creencia.

lo verdadero

diciembre 5, 2024 § 2 comentarios

Hay lo verdadero. Y lo verdadero no admite perspectiva. Evidentemente, hoy en día es difícil decirlo sin añadir alguna nota al pie. Pues espontáneamente nos decimos que no hay verdad —que todo es opinable. Y acaso este sería el síntoma de nuestro adelgazamiento espiritual —de nuestra indigencia anímica.

¿Qué sería, por tanto, lo que no admite perspectiva? La irrupción del silencio y la oscuridad más inobjetables —los Gólgota de este mundo. Pues lo verdadero o inmodificable —y por eso mismo, eterno— es lo que en verdad tiene lugar… después de que los cielos se hayan desplomado sobre nuestras cabezas. Y lo que tiene lugar no es que la nieve sea blanca o la tierra, esférica, sino el no hay nada más allá del silencio de Dios… un silencio que transforma el más acá en el único más allá. Pues acaso la pregunta religiosa por el más allá solo pueda resolverse como la pregunta por el más allá de Dios, en el sentido subjetivo del genitivo, aquella nos sitúa en la posición donde se decide en definitiva lo humano de la existencia. Al fin y al cabo, todo comienza de nuevo donde no somos más que —aunque tampoco menos— que el heme aquí de Abraham. Y ello sin Dios, aunque siempre ante Dios. De ahí que el heme aquí vaya con el y ahora qué quieres que haga.

Quizá Israel no fuera tan desencaminado al comprender lo real —lo que acontece en verdad— en los términos del imperativo y no del presente indicativo. La verdad nunca fue una frase verdadera acerca las cosas que pasan.

el resto

diciembre 1, 2024 § Deja un comentario

Si lo que un cristiano espera no es más que lo que puede imaginar —si no sale de ahí—, entonces lo verdadero de la fe queda en manos de la teología. Pues Dios no admite otra imagen que la de un crucificado en su nombre. Ahora bien, lo verdadero, sin las imágenes que traduciéndolo, lo falsifican, es difícilmente incorporable. Así, recitaremos el credo, pero no habremos caído en la cuenta del carácter excesivo de lo que recitamos. Cristianamente, el único modo de caer en la cuenta es siguiendo el camino que conduce al Gólgota. Esto es, cargando con la cruz. La fe siempre fue una trayectoria —y una trayectoria que comienza, no con las fórmulas de la fe, sino con quienes cargaron con la cruz antes que nosotros.

Algo parecido nos cuenta Platón a través del mito de la caverna. La vida es, ciertamente, un trayecto hacia la revelación. Sin embargo, preferimos permanecer entre sombras. En cristiano: pocos cogeremos el camino de la cruz. Ciertamente, nadie carga con ella por cargarla, sino por cargar con la que muchos llevan sobre sus espaldas desde que nacieron.

Con todo, esto siempre fue así: muchos fueron los llamados, pero pocos, los que respondieron. Apenas hay quien crea. En cualquier caso, la mayoría de los que dicen creer, creen que creen. Una teología cómoda —una que solo esté preocupada por mantener el rebaño en el redil y, por eso mismo, presente como religiosamente obvio lo que está lejos de serlo, centrándose en promover los buenos sentimientos— inevitablemente estará al servicio del fariseísmo, en modo alguno al de aquel que fue condenado por la buena gente. Y es que conviene tener presente que los fariseos fueron, de hecho, los más puros del lugar.

ruptura epistemológica

noviembre 28, 2024 § Deja un comentario

¿Cómo sucede el cambio de marco epistemológico —de paradigma, del saber de fondo que determina cuanto hay en tanto que todo ver es siempre un ver como? ¿Cómo fue posible dejar de ver a Dios en todas las cosas? El cambio nunca es interno al paradigma. Un paradigma se resiste a la anomalía —a lo inexplicable—, casi por definición.

La cosa, diría, es como sigue. En un principio, el fuego fue evidentemente un regalo de los dioses. Y fue evidente porque el fuego caía del cielo. Posteriormente, aprendimos a hacer fuego, aunque este saber de entrada también fue debido al dios. El dios nos enseñó a pescar. Con los siglos, la razón descubrió el orden matemático. Los números que, en primer lugar, estuvieron al servicio de la contabilidad, pasaron a regir el cosmos. Pero esto, por sí solo, no nos obliga a prescindir de Dios. Dios escribe en el libro del cosmos con el lenguaje de la matemática, decía Galileo. Con todo, de ahí al Dios relojero media un paso. Y del Dios relojero a prescindir de Dios, otro medio, el que dimos una vez el capitalismo se encargó de disolver todo lo sólido en el aire. Aquello inicialmente inexplicable, el indicio de otro mundo —el milagro— deviene lo aún por explicar. Ciertamente, el modo de producción determina la cosmovisión —el ver como. Y no hay nada definitivo en el como… a pesar de que, al igual que los prisioneros de la caverna platónica, no sea fácil desprenderse de las sombras, de tomar lo nos parece que es como lo que es.

Sin embargo, el hallazgo griego consistió en confiar en la razón —en su exigencia— a la hora de trascender las apariencias en la dirección de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. La teología fue la respuesta cristiana al reto de una razón que, frente al imaginario mítico, solo admite un arjé impersonal. El haber de Dios tenía que ser, también, accesible a la razón… si es que el cristianismo tenía que eludir el relativismo histórico. Y ello porque la verdad del Dios cristiano —la que se nos revela en la cruz— no admite perspectiva. Con todo, el precio a pagar por el uso teológico de la razón será la ruptura entre religión —la cristiandad— y fe. O de otro modo, entre la creencia como suposición y la mística, la cual, como insistía JB Metz, frente al misticismo oriental, mantiene los ojos abiertos. Por no decir, desorbitados.

Otro asunto es que esta ruptura conserve en su seno una cierta continuidad con lo que deja atrás. Pues, por volver a la caverna… o a los evangelios, el ascenso atraviesa diferentes fases. Jesús de Nazaret no comenzó pisando Getsemaní. Al fin y al cabo, el cuerpo también tiene derecho a participar del saber. Aunque, a menudo, olvide quién lleva las riendas.

platonismo y nihilismo

noviembre 27, 2024 § Deja un comentario

El platonismo medio —el que triunfó históricamente— fue con respecto a Platón lo que la cristiandad fue con respecto al cristianismo: una versión de manual. Y es que el último Platón no tiene nada de idealista. En cualquier caso, fue un idealista a la Hegel: la doble negación —el sí como negación de la negación— es el alfa y el omega de cuanto hay. La dialéctica —y todo pensamiento profundo, tarde o temprano, termina desembocando en la orilla de Heráclito— difícilmente congenia con la creencia, ciertamente ingenua, de que al final no habrá más que luz… al menos, porque si todo fuese luz, no habría luz. Un mundo en el que, habiendo luz, no hubiese oscuridad se revelaría, en el caso de que llegásemos a ver algo, como irreal. Satán debe permanecer, como quien dice, bajo las botas del arcángel.

Así, Platón supo ver o cuanto menos intuir que el haber en cuanto tal —el ser con independencia de su hacerse presente, esto es, al margen del tiempo— no es nada en concreto. Su naturaleza es, sencillamente, la de lo abstracto —y esto no debemos entenderlo como si hablásemos de una abstracción, del resultado de un proceso mental. Al contrario. Hay más realidad en lo abstracto que en lo concreto… porque, en lo concreto, el carácter absolutamente otro de lo real da un paso atrás. Lo real, en sí mismo, es idea. Y la idea solo es accesible al pensar.

Todo cuanto vemos y tocamos podemos verlo y tocarlo porque lo real se da relativamente, es decir, ajustándose al molde de nuestra receptividad… y, por tanto, perdiendo por el camino, como decíamos, su carácter otro o absoluto. Esto último, no obstante, es un modo de hablar. Pues lo absoluto no es anterior a su negación de sí. No hay tiempo con anterioridad a dicha negación. Es el paso atrás, como quien dice, lo que constituye lo absoluto de la existencia —el carácter ab-suelto de lo absolutamente otro o real. La negación de la nada es el envés del puro haber… en tanto que el puro haber es no siendo nada. Sin embargo, queno sea nada significa que tiene que ser algo. De ahí que ser y deber ser sean lo mismo. Y quien dice deber ser dice bien.

Por consiguiente, el mundo —el haber de las cosas, el que las cosas sean… y que, con el paso de los días, vayan dejando de ser lo que parecen, esto es, deformándose— es el otro lado de la doble negación . Y, por eso mismo, el mundo no es nada. ¿Lo primero? Un acto sin sujeto —el hágase de la creatio ex nihilo. Ahora bien, aquí hay que tener en cuenta que lo primero, como decíamos antes, no es anterior a todo tiempo en tanto que lo primero da origen, precisamente, al tiempo. No habrá, por tanto, un final del tiempo… mientras haya el haber. No puede haber ese final. Y si no hay un final del tiempo, nada nuevo —nada en verdad otro— puede tener lugar.

Ahora bien, esto es lo que afirma el nihilismo: no cabe esperar nada que no sea el eterno retorno de lo mismo, en definitiva, el eterno combate entre el bien y el mal. A lo sumo, que haya más bien que mal. Ciertamente, Nietzsche creyó que el platonismo es la raíz del nihilismo negativo —el que mereció su desprecio— por devaluar la vida… al contrastarla con el ideal. Pues nada de lo que podamos vivir estará a la altura del paradigma que juzga la existencia desde arriba. Sin embargo, la devaluación fue el resultado de la lectura de manual del pensamiento de Platón. En sus diálogos, sobre todo en los últimos, no hallamos una devaluación del mundo, a pesar de su carácter derivado, sino un ejercicio de extrema lucidez. Y en este sentido, es posible que Platón estuviera más cerca de Nietzsche de lo que él mismo se imaginó.

Quizá solo la mentalidad apocalíptica, la cual experimenta el mundo como un territorio de combate entre las fuerzas del bien y las del mal, pueda hacer frente al nihilismo. La creencia de que al final todo será luz sin sombra es una ingenuidad. En cualquier caso, lo dicho: Satán bajo las botas del arcángel.

Más aún: si Dios es la voluntad de Dios —si lo primero es el hágase—, entonces la bondad de Dios —y, en definitiva, su quién— dependerá de la posición que adopte el hombre en medio de dicho combate. Esto es, de su fe. Y por eso mismo, el cristianismo acaso sea, en el fondo, una religión nietzscheana. Al menos, porque el Dios cristiano es el Dios que, negándose a sí mismo, se encarna en un crucificado… arrojando al hombre a la rebelión contra lo absoluto del retroceso de Dios en nombre, precisamente, del acto creador.

Dios y el mapa mental

noviembre 25, 2024 § Deja un comentario

Ya no vemos el mundo desde la óptica de Dios. Quiero decir que dejaron de haber indicios de un mundo sobrenatural. Sin embargo, la existencia sigue apuntando al misterio que abraza el mundo. No cabe otra. Solo que, ahora, el punto de partida no es la presencia invisible, sino el retroceso de Dios —su extrema trascendencia o altura… como comprendió Israel hace milenios. De hecho, la quiebra de los mapas mentales, incluidos los religiosos, es la condición de posibilidad de la fe. En realidad, Dios siempre se afirmo contra la evidencia del dios.

más allá de la novedad

noviembre 24, 2024 § Deja un comentario

En lo más íntimo anida el anhelo de descubrir lo nuevo —de sacar de sus entrañas el misterio. Sin embargo, más allá de lo ordinario, tan solo hallaremos la novedad, la sorpresa, la falta de costumbre. De ahí al nihilismo media un paso: nada realmente nuevo habrá bajo el Sol. Ni podrá haberlo sin que finalice el mundo. Pues lo nuevo es lo absoluto. Y lo absoluto es lo ab-suelto, precisamente, lo que tuvo que dar un paso atrás para que pudiera haber mundo. Quizá Karl Rahner no anduvo tan despistado cuando dijo aquello de que incluso en los cielos Dios seguiría siendo un misterio. Como tampoco la parusía obedece a un mente delirante. Al menos, porque lo nuevo —en definitiva, la redención— solo puede coincidir con el final del mundo.

teo-lógicas (4)

noviembre 22, 2024 § Deja un comentario

¿Es posible que lo absoluto no sea lo primero, sino que lo primero sea el acto —un acto sin sujeto agente— por el que surge lo ab-suelto, la alteridad avant la lettre? Pues lo primero, lo anterior al mundo, no es nada. Esto es, la negación de la nada por la que el puro haber deviene, precisamente, lo ab-suelto del haber del mundo. Sin embargo, esto ya se nos dijo cuando el yhavista (J) concibió el hágase como el principio rector de la creación. Sin embargo, también añadió que el mundo va con el séptimo día. Y lo que esto significa es que con la luz irán las sombras. La cuestión: qué pesará más, si la luz o las sombras.

un ejercicio de retórica

noviembre 21, 2024 § Deja un comentario

Alguien dice lo siguiente: “usar algunas medidas para definir el rendimiento de un equipo de audio es similar a usar una cinta métrica para definir lo guapo que es alguien». ¿Que ha sucedido aquí? Pues, sencillamente, que la comparación empleada decanta la discusión. Con ello quiero decir que, si aceptamos la analogía, entonces no hay nada más de lo que hablar. Las imágenes rectoras son muy poderosas… hasta el punto de que, una vez aceptadas, resulta muy difícil liberarse de ellas. Así, quien pretenda defender que las mediciones lo dicen todo tendría que impugnar la analogía, esto es, el marco, diciendo, por ejemplo, que las medidas de un equipo de audio son, más bien, como los análisis médicos: que nos permiten saber si seguimos, o no, con salud. Esto es, si el equipo de audio está o no a la altura de lo exigible.

Algo parecido podríamos decir con respecto a la discusión teológica acerca de si Dios es padre o madre —o un cruce de ambos. Pues la disyuntiva se disuelve como azúcar en el café donde partimos de un Dios que, en sí mismo, sufre una crisis de identidad: como si, en cuanto tal, no fuera aún nadie. De hecho, según la confesión cristiana, Dios no tiene otro quien —otra esencia o modo de ser— que el de aquel que fue crucificado en su nombre. Y esto resulta tan escandaloso que probablemente todavía andemos un tanto lejos de admitirlo hasta sus últimas consecuencias.

seguimos estando solos

noviembre 20, 2024 § Deja un comentario

Si Dios es un océano, entonces seguimos estando solos. Sin embargo ¿por qué nos resulta tan difícil admitir que, al final, terminaremos disolviéndonos en lo anónimo como azúcar en el café? Tan solo lo eterno puede presentarse a la conciencia como divino. Pues el caer en la cuenta de la propia muerte es el primer paso de una sensibilidad por lo trascendente. Sin embargo, ¿por qué buscamos a alguien en lo eterno —? Esto es Occidente: la necesidad de un padre.

¿A qué se debe, sin embargo, esta necesidad? Quizá porque la subjetividad occidental no puede prescindir de un hacerse a uno mismo. Esto es, de una voluntad de afirmarse… frente a lo impersonal. Y nadie sabe qué quiere en realidad —y no solo desea— hasta que no sabe qué quiere de él su padre. Obediencia y transformación —de uno mismo y del mundo— son dos caras de la misma moneda. De ahí la resistencia del sujeto occidental a formar parte de la naturaleza —a disolverse en las aguas que, inicialmente, nos cubren. Dios contra los dioses. El nacimiento —el haber sido arrojados— contra la matriz.

Quizá no fuese casual que Nietzsche viera en Oriente la expresión más pura del nihilismo.

¿un dios de nuestra parte?

noviembre 18, 2024 § Deja un comentario

Epicuro fue muy consciente de lo que significaba ser un dios. Así, comprendió que los dioses, debido a su naturaleza netamente superior, no podían congeniar con nosotros. Pues ¿qué dios podría interesarse por la suerte de los ácaros? A lo sumo se entretienen, como un niño juega con sus gusanos de la seda. Carpe diem. De acuerdo.

La situación cambia, sin embargo, cuando nos saca de quicio el clamor de quienes viven como perros. Este es el punto de partida de la fe —y no la necesidad de asegurar que seguiremos por ahí tras la muerte.

Un dios no puede estar de nuestra parte. De ahí que la responsabilidad creyente —el tener que responder al grito del hambriento—, de algún modo, se enfrente a la indiferencia de un cosmos atravesado de dioses. Y puede que, por eso mismo, Israel viese, aunque a costa de un enorme sufrimiento, que el único dios que puede valer como Dios-en-favor-del-hombre fuese aquel que crea el mundo desplazándose a un tiempo anterior a los tiempos. Y quien dice desplazándose, dice negándose.

¿un Mesías impotente?

noviembre 17, 2024 § Deja un comentario

Una vez Dios se reveló como el Altísimo —tan alto que anda rozando la nada— su intervención quedó en manos del Mesías. A partir de ese momento, la esperanza creyente dejará de apuntar al acto ex machina de Dios —pues ese acto presupone que Dios no es más que un dios… entre otros. En su lugar, la irrupción del Mesías —de quien ocupa su lugar. La esperanza de Israel se transformó en la esperanza mesiánica.

Israel, sin embargo, fue muy consciente de la dificultad. ¿Cómo imaginar la intervención del Mesías? ¿Como una operación militar? Esta, sin duda, fue la expectativa más natural o espontánea. Y quizá, por eso mismo, no debería extrañarnos que terminase secularizada como ideal revolucionario. Pero un Mesías que empuñase las armas no termina de casar con la misericordia divina. Por otro lado, si el Mesías no aparece como un nuevo David ¿cómo reconocerlo? ¿Es posible que haya estado entre nosotros y no nos hayamos dado ni cuenta? Y si la fe comienza con la confesión —tú eres el que esperábamos—, ¿no se abre la puerta, por eso mismo, a los falsos mesías?

El cristianismo llegó a la peor audacia: ya vino y lo colgamos de una cruz. ¿El Mesías, por tanto, no fue capaz de transformar el mundo? La fuerza de la debilidad ¿no será un truco ad hoc?

En cualquier caso, la relación con Dios no es indisociable de la cuestión sobre el poder de Dios —en este caso, sobre el poder de una bondad sin resquicio. De ahí que el cristianismo no pueda prescindir de la resurrección de los muertos —esa imposible posibilidad— sin renunciar a lo más propio. Y quien dice resurrección dice esperar el regreso del Mesías. Y este es el asunto: ¿quién puede creer en lo imposible? En realidad, este fue siempre el asunto.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando la categoría WALLY en la modificación.