a otra cosa

diciembre 9, 2023 § Deja un comentario

Decía Hegel que, con el tiempo, incluso la verdad pasaba a ser otra cosa. Es lo que constatamos con el cristianismo. Estamos bastante lejos —y no solo porque se trate de un modo de hablar— de la convicción de que nos hallamos en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del bien y las del maligno, esto es, no solo entre los pobres y los poderosos —y quizá, por eso mismo, pasamos en su momento de la vocación a la militancia. Por no hablar de la resurrección de los muertos, la cual ha pasado a entenderse como si fuera una manera de referirse a un nos vemos en el más allá. Ciertamente, cuesta formular la esperanza creyente en los términos de una historia de zombies. Pero es que el lenguaje de la resurrección, a pesar de las apariencias, nunca apuntó a dichas historias, sino a un volver a encontrarnos con nuestras víctimas en carne y hueso—y no solo con su espectro— para que pudieran perdonarnos y, así, volver a empezar. O apocalipsis, o nihilismo.

¿Imposible? Por supuesto. Pero difícilmente nos hallamos ante Dios si no nos hallamos ante la posibilidad de su imposibilidad —ante la posibilidad de un final del mundo que dé pie a una humanidad nueva. No porque fantaseemos —pues toda fantasía se sitúa dentro de marco de lo posible, aunque altamente improbable—, sino porque la bondad tiene que pronunciar la última palabra. Así, el mundo no debe triunfar… porque alguien llegó a perdonar, más allá de la disyuntiva entre lo humano y lo divino, lo imperdonable. Los testigos de ese perdón esperan lo que en modo alguno puede transformarse en expectativa. Pero esa esperanza no puede evitar dirigirse hacia los últimos días. Pues el mundo nunca sabrá qué hacer con ese perdón.

sin tara

diciembre 8, 2023 § 1 comentario

Para comprender el alcance de la dogmática hay que tener en cuenta el horizonte de las historias que hay detrás, que no es otro que el apocalíptico. De lo contrario corremos el riesgo de leer las imágenes con las que se expresa como si fuera meramente descriptivas. Así, la imagen tan profética de la mujer estéril que, con todo, engendra apunta a un Dios capaz de lo imposible. Y lo imposible no es una posibilidad del mundo, sino de un mundo porvenir, en última instancia, de una nueva creación. El horizonte de las imágenes proféticas es, por tanto, el del fin del mundo. Difícilmente nos hacemos una idea de lo que se nos está diciendo con estas imágenes donde seguimos leyéndolas como si hablase de una fenómeno paranormal… dando por sentado que el Dios que hay detrás es una especie prestidigitador fantasmal.

Algo parecido podríamos decir con respecto a la imagen de la joven María, virgen y embarazada. Aunque el dogma hace referencia a la ausencia de pecado y no a su virginidad, lo cierto es que la devoción mariana tiende a interpretar el carácter inmaculado de la concepción de María como si María hubiese engendrado a Jesús siendo virgen. Pero esta lectura, ciertamente cargada de devoción, es la consecuencia de haber prescindido de la historia que la inspira, una historia quizá demasiado humana. Pues lo más probable es que el anciano de José acogiese a una mujer que fue repudiada por haber quedado embarazada tras una violación. El milagro aquí no tiene nada paranormal, sino en cualquier caso de sobrenatural. Pues es, sin duda, sobrenatural que esa joven fuese capaz de amar a un hijo que, cuando creciera, tendría los rasgos del rostro de quien la forzó. Y amarlo como un don de Dios. A mí me inspira más devoción —me resulta más milagroso, por así decirlo— el amor de María, un amor tan imposible como, según la tradición, innegable, que el portento cósmico de una mujer que queda embarazada sin haber pasado por ninguna cama. O por ninguna esquina. De otro modo, lo sobrenatural es queel pecado no la alcanzase —que no pudiera con la bondad inherente de María. En este sentido, me atrevería a decir que la devoción a la virginidad de María está a la altura de aquellos que creyeron que Jesús, como encarnación de Dios, nunca hizo caca.

el tinglado

diciembre 7, 2023 § Deja un comentario

Hoy en día, la creencia en Dios le debe mucho a la sugestión. En el fondo, se trata de un ver como, aunque, en este caso, quizá deberíamos decir de un como si: como si hubiera un Dios. Es cierto que ver es siempre un ver como. No vemos hechos químicamente puros, sino siempre hechos cargados de un cierto saber. Quien ve un matraz —y lo que ve porque posee, al menos, un cierto conocimiento de química— no ve una botella de cristal y luego la interpreta como matraz: directamente ve un matraz… y no puede dejar de verlo. Pues se le presenta como tal. Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia de lo divino de los tiempos premodernos. Otro gallo nos canta hoy en día. Pues, al no darse Dios por descontado, el que veamos el mundo preñado de Dios corre a nuestro cargo. La cosa no tendría más importancia si no fuera que esta manera de ver no termina de congeniar con el trato que dispensamos a cuanto nos rodea. En este sentido, formalmente no hay mucha diferencia entre creer que hay un Dios que nos ampara y estar convencido de que hay extraterrestres que nos vigilan. Con todo, el que no demos a Dios por descontado —o mejor dicho, que no debamos darlo— quizá sea el pistoletazo de salida de la fe. Pues difícilmente habría habido cristianismo si el enviado no hubiera llorado sangre en Getsemaní. Pues Getsemaní significa puede que no haya Dios De hecho, solo desde esta posibilidad, vivida a flor de piel, el creyente llega a confesar al crucificado como Dios —y no como si fuera Dios.

senior

diciembre 6, 2023 § 1 comentario

¿Es posible que tras el culto a la juventud —de hecho, a la adolescencia— tan característico de las últimas décadas comencemos a ver como regresan los seniors? Si es cierto que las nuevas generaciones son, por lo común, unos maleducados —esto es, si con veinte y tantos años apenas saben leer, como quien dice; si muestran poca resistencia a la frustración; si, ya con hijos, siguen jugando a marcianitos; si su actitud básica es, en definitiva, la del consumidor…—, ¿acaso no aumentará el valor de quien no se deja vencer por la dificultad, es capaz de comprender un artículo de El País o simplemente quiere hacer las cosas bien? La sociedad es como un animal: que, para sobrevivir, se adapta al entorno… que ella misma ha generado. Donde los maestros muestran cada vez más signos de no saber de lo que hablan, la conexión a internet ocupa su lugar (y las aulas se llenan de PCs). Y dado que los seniors tiene fecha de caducidad ¿es posible que la IA acabe suplantando a nuestros jóvenes para las tareas de una complejidad media —o incluso notable—, mientras estos siguen colgando vídeos de tiktok?

lo imposible

diciembre 4, 2023 § 1 comentario

¿Cabe lo otro —lo nuevo como tal, el milagro, una aparición que no se resuelva como apariencia? ¿Cabe lo real —una exterioridad pura y, por eso mismo, inmodificable? Una alteridad avant la lettre es imposible. Y es imposible porque su retroceso o desaparición es la condición del mundo. Ahora bien, nada más real —nada más absoluto— que lo imposible.

inmortalidad

diciembre 2, 2023 § Deja un comentario

Hay algo en la creencia en la inmortalidad que quizá merezca ser tenido en cuenta. Ciertamente, hay quien da por descontado que la muerte es como cruzar una puerta. Es un modo de evitar el vértigo —una maniobra de distracción. También es sabido que el Israel de los patriarcas aceptó que no hay ningún más allá para ninguno de nosotros. En cualquier caso, una larga vida para los benditos de Dios. Es lo que tiene experimentar la existencia como un don —y de paso, la diferencia infranqueable que nos separa de lo divino. No podemos esperar más. Sin embargo, una madre tras la partida del hijo, y tras dos mil años de cristiandad, ¿acaso no se dirá a sí misma en el momento de su propia muerte, voy hacia ti? Como escribiera Gabriel Marcel, amar a alguien es decirle: tú no debes morir . Y con todo, sigue en el aire que sea así. Como Dios mismo. De hecho, aquí el no debes es el índice de una genuina fe. La esperanza nunca fue un whisful thinking.

aparición y apariencias

diciembre 1, 2023 § 1 comentario

Todo es aparición —todo es milagro desde el fondo de la nada que abraza cuanto es. Ahora bien, podríamos decir que ello ¿depende del punto de vista que lo sea o no? En absoluto. Ante la aparición no cabe un punto de vista. No hay apariencia de la aparición —y de ahí que Platón dijera que la aparición solo puede ser pensada como tal, en definitiva, únicamente reconocida, rememorada. El punto de vista —la donación— transforma la aparición en apariencia —en aquello con lo que hay que negociar— ahí donde la aparición penetra en el mundo.

prudencia política

noviembre 30, 2023 § Deja un comentario

No es fácil ser prudente, en el sentido clásico de la palabra —cortar el atún por dónde hay que cortarlo, sin pasarse, ni quedarse corto. El horizonte de la existencia es un no terminar de saber. Por eso el sabio es sabio: porque sabe que con respecto al tener que juzgar la situación no hay recetas que valgan. Al menos, porque el punto justo —el equilibrio— entre dos extremos depende de variables que no acabamos de controlar. Quien se guía por las recetas es sencillamente un insensato, alguien que cree tener claro de que van los asuntos más densos. Un bocazas.

Se trata, en definitiva, de un saber práctico —de un saber anclado en la experiencia… la cual, para no quedarse simplemente en lo sensacional, exige una cierta inquietud por lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Hablamos del saber de quien sabe, pongamos por caso, tocar el violín —y no simplemente lo rasga. El virtuoso del violín tiene un completo dominio de su instrumento. Es capaz de extraer su potencia. En manos del virtuoso, el violín da de sí lo que puede dar de sí. Sin embargo, ese dominio lo ejerce sin saber conscientemente cómo es capaz de mover los dedos tan ágilmente… en el momento de interpretar un capriccio de Paganini. Paralelamente, el virtuoso de sí mismo alcanza un completo dominio de sí… sin aplicar directamente ninguna instrucción. Y ello en nombre de lo que importa, al fin y al cabo, del bien. Está en juego la libertad: que no te pueda lo que no vale la pena —en el caso del virtuoso del violín, el poder interpretar cualquier partitura.

Platón, como es sabido, entiende la cuestión acerca de la justicia política en los términos de la justicia moral. Y viceversa. Por aquello de la analogía estructural entre las diferentes clases de hombres y las dimensiones del alma. Así, la pregunta sobre cómo ser justos con los demás es el envés de la que se interroga sobre cómo ser justo con un mismo —cómo llevar a cabo una vida buena, una vida ajustada al bien. O, por decirlo de otro modo, qué voz —que inclinación—, de las que habitan dentro de nosotros, debe gobernar, guiar, orientar nuestra existencia. Pues no es lo mismo dejarse llevar por lo elemental que por lo mejor que hay en nosotros mismos, la aspiración al bien. Al fin y al cabo, quien quiere ser médico, perseverará en su intento de llegar a ser un buen médico (y no solo se limitará a curar lo que cualquier médico puede curar, siguiendo los protocolos habituales).

Ahora bien, con respecto a cómo lograr una vida buena o justa no vale una respuesta de manual —una definición formal del bien o de lo justo. Pues una respuesta de manual no deja de ser trivialmente verdadera o tautológica: nadie podrá racionalmente negarla, sin caer en contradicción. Pues es cómo decir que lo justo es darle a cada uno lo que se merece. Obvio. Ninguna definición formal nos dirá cómo actuar —qué decidir— en cada momento o situación. De ahí que , en las situaciones particulares, lo habitual sea que nos dejemos llevar por la sensibilidad común, la opinión —lo que se dice, se hace…—, el impulso. En cambio, lo excepcional es guiarse por la prudencia, la sabiduría, el sopesar. Al fin y al cabo, en los asuntos humanos, todo es mezcla: no hay sentimiento químicamente puro. Aquí la claridad de quien tiene una opinión es signo de estupidez. La ignorancia siempre fue prepotente.

Con todo, el hecho es que no todos poseen la sabiduría de quien sabe determinar qué hay que hacer según la circunstancia… porque es capaz de verlo —como el virtuoso del violín ve cómo hay que interpretar una partita de Bach. ¿Es el momento de condenar o de perdonar? ¿El de dejar a la mujer con la que vives o de permanecerle fiel? ¿El de apagar el fuego de la sartén? No hay, como decíamos, recetas que valgan. Las fronteras de lo que se halla entre dos extremos son difusas, desplazables, densas. Esta es, de hecho, la moraleja de la paradoja sorites. Es evidente que, a menos que sigamos siendo unos niños, no sirve como criterio el me gusta o no me gusta. Quien se guía por este criterio sigue sin saber de qué va el juego.

Sin embargo, porque no todos somos sabios o prudentes, Platón ofrece, al problema moral del saber qué hacer en cada momento, una solución política: dejémonos guiar —gobernar— por el sabio. Pero, quien sabe leer entre líneas, fácilmente admitirá que la propuesta de Platón no es, estrictamente, una solución. Pues la mayoría, precisamente, prefiere apedrear al sabio. Esta es, de facto, la ley de gravedad de lo político. No hay manera de racionalizar la política —el juego del ejercicio del poder. La utopia no es un ideal al que podamos aproximarnos. Es un imposible. Y esto es lo mismo que decir que en el ámbito de lo político gana la violencia. Pues el ámbito en el que se decide cómo vivirán los hombres, quién muere y quien vive —y aquí quizá convenga señalar que, socialmente, uno muere o está de más cuando se ve obligado a vivir como un perro. Y gana la violencia aunque sea de forma encubierta o amable, esto es, como si no la hubiese. De hecho, el encubrimiento es lo común de la vida en común.

lo que resta

noviembre 29, 2023 § Deja un comentario

¿Cómo es que tan solo nos damos cuenta del valor de aquellos que nos rodean y decimos querer tras perderlos de vista —y sobre todo, cuando los perdimos sin remedio? ¿Quizá porque mientras los tenemos a mano prevalece el trato, la negociación, el intercambio —la satisfacción y la insatisfacción? Una vez se han ido, ya no hay pacto que valga. Y de ahí que tan solo reste lo que fueron en realidad. Luego diremos que lo real es cuanto cabe ver y tocar. Aunque de algún modo es así. Pues lo que podemos ver y tocar es, en sí mismo, lo intangible. Espíritu.

la vida es muy extraña

noviembre 28, 2023 § Deja un comentario

Cuando los amantes se encuentran —esto es, donde están más allá de la negociación—, las piezas encajan: todo es sí. Es el momento de la sensación verdadera. Ellos quisieran permanecer ahí, que el instante se detuviera. Sin embargo, pronto volverán al tiempo —y el tiempo erosiona cuanto alcanza. Tendrán que volver a negociar. El tiempo es caída.

Y sin embargo, también es salvación. Pues los amantes no podrían soportar que se realizara, precisamente, aquello a lo que aspiran. No podemos, como humanos, tolerar una dicha sin fin. El tiempo nos redime, pues, de la eternidad. La gracia es el envés de la condena.

re-conexión

noviembre 26, 2023 § Deja un comentario

No todo es reacción. No todo es cuerpo. No todo es fenómeno. Hay más allá. Pero este más allá no es el de un mundo sobrenatural, a pesar de que no podamos evitar imaginarlo así. Pues un mundo sobrenatural, de haberlo, sería más de lo mismo. El más —la trascendencia— es, por contra, lo que fue dejado atrás una vez fuimos arrojados al mundo. Y fue dejado atrás hasta el punto de la inexistencia. Es así que lo propiamente real o enteramente otro es lo que eternamente está por ver o regresar. Ahora bien, es desde este horizonte que todo es aparición —todo es milagro. Las apariencias encuentran su raíz en el aparecer. Pero a la vez que lo expresan, lo ocultan. Inevitablemente. En el día a día, no cabe percibir la aparición que hay tras las apariencias. De hecho, ninguna aparición se percibe: se revela. Puede que el problema de la Modernidad, en lo que respecta a la cuestión del más allá, sea precisamente el haber olvidado la escisión que constituye el mundo.

De ahí que la cuestión no sea cómo volver a conectarse con la fuente —pues no podemos vivir continuamente como iluminados—, sino cómo tener presente lo olvidado. La transfiguración no es resultado de poner los dedos en el enchufe, sino de la incorporación de lo que tuvimos que dejar atrás. Frente a las técnicas de relajación, la insistencia de Israel en el memorial. Shema.

una nota al pie a la Genealogía

noviembre 25, 2023 § Deja un comentario

Es sabido que Nietzsche acusa al cristianismo de resentimiento. Así, dice el sacerdote: el noble no es lo que parece; es como cualquiera, un pobre hombre; su altura es aparente, una máscara —postureo diríamos hoy. En el fondo, el débil es incapaz de soportar la superioridad del noble. Lo dicho: envidia, resentimiento. De acuerdo. Es evidente que algo de esto hay. Sin embargo, la pregunta no es —o no tanto— qué nos impulsa a rebajar al macho alfa de la fiesta —o la más bella—, sino si es verdad que, ante Dios —un Dios que, estando en las alturas, guarda un silencio que espanta—, todos somos iguales. Y el que lo sea —o no— en modo alguno se decide con respecto a los motivos de una psicología particular. Que en el territorio de los sentimientos todo es mezcla es algo que ya podíamos dar por descontado. Lo que no está tan claro es qué ingrediente pesa más.

de la plata y la ganga: una breve introducción al platonismo

noviembre 24, 2023 § Deja un comentario

¿Qué es el amor de una madre? Pues, en principio, lo que debe ser: ternura, entrega, sacrificio… Sin embargo, cuando nos preguntamos qué hay en el abrazo de una madre, por poco lúcidos que seamos, caeremos en la cuenta de que no solo se manifiesta el amor al hijo. También el amor al vínculo con el hijo. No es exactamente lo mismo. Pues el amor al vínculo tiende a destruir al hijo. La cuestión es qué pesa más en ese abrazo. Pues las proporciones de la mezcla varían según sea el caso.

Con todo, podríamos preguntarnos si podría haber un amor al hijo que no suponga un amor al vínculo con el hijo. Y la respuesta es que no. El amor de una madre solo puede presentarse —llegar al presente— dejando atrás su carácter absoluto o incondicional, esto es, sin tara. En definitiva, el amor de una madre solo puede realizarse a través de su contrario, renunciando a la pureza. El amor puro no es nada en concreto —o dicho de otro modo, es no siendo nada en concreto. El amor puro tiene que negarse a sí mismo, como quien dice, para llegar a ser, precisamente, amor. Por tanto, no hay Amor, con mayúscula, para el hijo. Para el hijo tan solo el amor realizado. Es lo que tiene que el Amor —o el Bien, la Justicia, la Belleza…— solo sea siendo el amor que debe ser.

El Amor es, por consiguiente, idea. Pero no porque sea una quimera, sino porque su realidad solo puede ser pensada como lo que tuvo que desaparecer para que pudiera hacerse presente. Y sin embargo, porque el Amor es lo que debe llegar a ser, en el amor particular de una madre subsiste la exigencia de ser solo amor. Aunque, de hecho, no pueda darse en absoluto.

ver objetivamente

noviembre 19, 2023 § Deja un comentario

Aunque no nos lo parezca, un lobo con piel de cordero, sigue siendo un lobo. Y lo sigue siendo porque su conducta es la del lobo. Esta sería básicamente la tesis de los denominados sociobiólogos. Evidentemente, la cultura influye. Pero solo inhibiendo o canalizando una respuesta que en el fondo se encuentra genéticamente determinada. Así, si estamos obligados por el gen a establecer jerarquías entre nosotros, no hay nada que hacer… por mucho que pretendemos suprimirlas. Desde esta óptica, no debería extrañarnos que comencemos a constatar características humanas en los bonobos. Como si la distinción en el fondo fuera de grado.

Sin embargo, un lobo que se diga a sí mismo que no es un lobo —o que no debería serlo— ya no puede entenderse en los mismos términos en que entendemos la naturaleza de un lobo. Desde fuera ciertamente veremos únicamente a un lobo que afirma no serlo. O a un lobo que dice yo pienso que. Pero, aun cuando no veamos a ese yo —aunque no podamos medir la escisión interior —, difícilmente podremos negar que lo haya donde lo que observamos es, precisamente, los intentos de modificarse a sí mismo, comenzando por la ocultación de la tara, de aquello que, en su cuerpo, le avergüenza. Un lobo es cuerpo. El lobo que cree que no es un lobo tiene cuerpo. Y ello a pesar de que no pueda escapar de su dominio.

no es no (pero a veces sí)

noviembre 18, 2023 § Deja un comentario

Decía Hegel que donde la ley penetra en el territorio de lo tácito o el sentido común —donde el Estado pretende dibujar con tiralíneas la frontera, ciertamente borrosa, que separa unos cuantos granos de arena de lo que es un montón— tarde o temprano acaba envenenando el ambiente. Y si no dijo esto, algo parecido. Esto viene a cuento del sí es sí. Hay una chica, poco agraciada, o al menos ella es como se ve, a la que un chico le hace caso. No es que le guste mucho, aun cuando es, sin duda, majete. Tampoco se atreve a decirle que no. Pues teme quedarse a dos velas. Es un no pero sí. Aunque también, un sí pero no. Sea como sea, la zona es densa. Demasiado. Tampoco es una situación, sino la situación.

El caso es que si la relación llega a romper los platos, entonces fácilmente, y digo fácilmente porque la ley le proporciona el relato, esa chica podrá decirse a sí misma que en el fondo era un no —pero que en modo alguno fue capaz de pronunciarlo… porque él la engatusó y ya sabemos quiénes son los brutos). Retrospectivamente, podrá decirse así misma que hubo demasiada violencia de por medio.

Sin embargo, nadie dijo que la seducción fuese químicamente pura. ¿acaso desde el principio no era la pasión? ¿Es preferible una relación contractual, aunque incluya una miríada de cláusulas? Pero ¿qué interés tiene una película que ya sabes cómo terminará?

contrastes

noviembre 16, 2023 § Deja un comentario

Dice el paganismo: hay dioses por todas partes —o en tono menor, algo más allá de lo prosaico. Dice la Biblia: no hay dioses —en realidad, un solo Dios… del que no hay, de momento, noticia. En cualquier caso, los dioses son entes con los que debemos negociar —y Dios, si es cierto que solo Dios nos puede en verdad, no admite ninguna negociación. Según el paganismo, el poder más real —aquel que no es posible derrotar— es el de lo gigantesco o monstruoso, un poder que tanto provoca nuestro temor como puede también llenarnos de gozo. Y aquí podríamos añadir que cabe creer como paganos de un solo dios. De hecho, es lo más común en quienes aún poseen una cierta sensibilidad religiosa. En cambio, para los patriarcas de Israel el poder de Dios en verdad se manifiesta como una trascendencia que anda rozando la indiferencia, por no decir la nada. No es, ni de lejos, lo mismo.

Algo parecido podemos aún experimentar si caemos en la cuenta de que el cosmos en su exceso no nos tiene en cuenta —a pesar de las vibraciones positivas a las que podemos conectarnos de vez en cuando—: porque no contamos —porque para un cosmos lleno de piedras incandescentes apenas somos algo más que bacterias—, la vida se nos ha dado como excepción… y solo dentro de un plazo. El poder: no hay un más allá para las bacterias. Aquello que nos paraliza —la muerte— es al mismo tiempo fuente de gracia. El orgullo es, ciertamente, un error. Y llegados a este punto quizá convenga tener en mente que la esperanza en la resurrección de los muertos es aquella que surge ante la cuestión mesiánica por excelencia, a saber, qué vida pueden esperar aquellos inocentes que murieron antes de tiempo a causa de nuestra falta de compasión. Y ello en nombre de un Dios que, en su retroceso hacia un porvenir absoluto, nos ha concedido una medida de gracia. Aun cuando no podamos ni siquiera imaginar el cómo, salvo con imágenes delirantes. Pero nadie dijo que Dios, en realidad, tuviera que ver con las posibilidades de la existencia.

ir al gimnasio

noviembre 15, 2023 § Deja un comentario

Es normal. Donde el cristianismo pierde fuelle, su lugar lo ocupa, una vez más, el paganismo. Pues el paganismo es una religiosidad campesina, elemental, espontánea. Ciertamente, hoy en día una sensibilidad pagana difícilmente se concretará como antaño. Hace tiempo que las hadas y los gnomos dejaron de habitar los bosques. Pero tampoco anda tan lejos: en su lugar, la fuerza de los árboles, la energía de las piedras, el destino astral… El paganismo se ha vuelto abstracto. Como nuestra entera existencia. Sin figuras que le ayuden a incorporar la creencia, tiene suficiente con la idea de poder. El problema es que al prescindir de las figuras de lo sobrenatural —ante la imposibilidad de que su creencia se haga cuerpo—, el trato con el mundo irá por un lado —como si no hubiera otro poder que el socioeconómico— y la creencia por otro. Algo parecido sucede con el cristianismo, sin embargo.

En cualquier caso, y como decíamos, esto es normal. Pues una vida ajetreada en un mundo secularizado no puede tener continuamente presente lo que se encuentra por encima o en las profundidades. Para que fuera así, deberíamos ocuparnos por nuestra cuenta y riesgo. Pero carecemos de tiempo. De ahí que nos baste con decirnos a nosotros mismos que hay algo más allá. Y si pretendemos compensar la enorme dispersión del día a día, siempre podremos comprar un curso de yoga o de piedras mágicas durante el fin de semana. Es como ir al gimnasio para quitarse de encima el sobrepeso… mientras seguimos alimentándonos en el McDonald’s. En el fondo, se trata de satisfacer una necesidad. Así, el individuo moderno anda en busca del sentido como quien busca el agua con la que saciar su sed. O un nuevo iphone. Nada que ver con un estar expuestos al exceso de Dios, un exceso que en verdad no apunta a lo gigantesco —algo así como un más de lo mismo—, sino a la elevación de un crucificado. Pero ¿quién podrá siquiera vislumbrarlo hoy en día?

conatus essendi

noviembre 14, 2023 § Deja un comentario

No hay afirmación inocente. Por ejemplo, la tesis de Spinoza —todo ente tiende a perseverar en su ser, conatus essendi— parece elemental, por no decir una obviedad. Sin embargo, basta con que nos preguntemos qué es lo que no dice —y, en la misma línea, podría haber dicho. Y lo que no dice es lo que, siglos antes, Tomas de Aquino defendía sin pestañear, a saber, que todo cuanto es anhela el bien. No es exactamente lo mismo.

cuerpo y alma —o del haber y lo sagrado

noviembre 11, 2023 § Deja un comentario

La mujer que tienes ante ti —el hombre, incluso el árbol, la piedra, el ácaro…— es un milagro. Y lo es porque desde el horizonte de la nada —de un haber que en sí mismo es no siendo nada en concreto y, por tanto, haciéndose presente a la inteligencia como lo que desaparece del campo de visión—, todo es acontecimiento. Y quien dice acontecimiento dice sagrado. Pues la mujer que aparece ante ti como si fuera, literalmente, un revelación es intocable. Y no porque, de hecho, no puedas tocarla, sino porque su carácter milagroso o excepcional retrocede al tocarla. Tocar es, en cualquier caso, profanar.

Sin embargo, el mundo nos obliga al trato —a la profanación. El cuerpo de esa mujer —de ese hombre, del árbol, la piedra…— tiene que ser tratado. Esto es,utilizado. Y ya sabemos que el destino de lo útil es lo inútil —el container. Así, la verdad permanece oculta tras el tratamiento —la aparición, tras las apariencias. La escisión entre lo que contempla el alma y lo que necesita un cuerpo se impone, por consiguiente, como un dato. No hablamos de una opinión entre otras, sino de lo que la razón, tarde o temprano, debe admitir. Es por ello que Platón decía que el territorio del alma es el de la verdad —el mundo verdadero. Y que, por eso mismo, el cuerpo es una cárcel. Pues en la cárcel las ventanas son muy estrechas. Por no hablar del cielo abierto.

(Al fin y al cabo, estamos apuntando a la sensibilidad religiosa. Pues el asunto principal de la religión es cómo permanecer conectados a la revelación en medio de un mundo que solo admite el (con)trato.)

avatar

noviembre 10, 2023 § Deja un comentario

¡Soy así, soy así!… te dices a ti misma tras maquillarte. ¿Por qué insistes en decírtelo? Porque sabes que no eres así —que por debajo del brillo hay bastante suciedad. Por eso, seguirás siendo una esclava de tu temor: que se descubra el pastel, tu olor animal. No quieras ser lo que a los otros les gustaría que fueses: tu avatar.

edad

noviembre 9, 2023 § Deja un comentario

Ya no te seduce el canto de las sirenas. Prefieres su silencio. Aunque, como decía Kafka, no puedas soportarlo. Pero ¿acaso el poeta no dijo también que toda belleza es terrible?

(Y cuando comprendes esto —cuando lo vives a flor de pìel— ¿podrás evitar que el habla común te parezca un hablar por hablar, el aullido del simio que llevamos dentro?)

¿hay dioses?

noviembre 8, 2023 § Deja un comentario

Obviamente: el poder de un cosmos indiferente. Ante el despliegue de las galaxias, por así decirlo, apenas somos algo más que polvo. Para Adán, fue evidente que el fuego caía del cielo. O que el estallido de un volcán obedecía al poder de un dios. Así, funciona nuestra mente. De ahí que Prometeo, al darnos el poder del fuego —un poder arrebatado—, nos liberase de la sujeción a la divinidad —y de paso, del temor que la acompaña. Ningún dios puede estar de nuestra parte. Como nosotros no podemos estar de parte de los ácaros del polvo. Por eso resulta desconcertante para un sensibilidad espontáneamente religiosa que Israel proclamase en su momento que la extrema trascendencia de Dios es el envés de su piedad. Como si esta se revelase en su retroceso o paso atrás —aunque ello no quita que, retrocediendo, Dios se dirija hacia un futuro absoluto. En el caso de Prometeo fue un dios el que nos liberó de los dioses. En el de Yavhé, el Dios. Sin embargo, a pesar del aire de familia, el mito de Israel no constituye una variante del de Prometeo. Pues el mensaje de Israel es que lo que nos puede en verdad no es el temblor de la tierra o la fuerza devastadora del huracán, sino la ausencia de Dios. O por decirlo de otro modo, que la realidad de Dios se manifieste como la de un Dios por-venir.

piedras conscientes

noviembre 7, 2023 § 1 comentario

Imaginemos que la tierra se hubiera vuelto inhabitable para nosotros, los humanos, y que, sin embargo, pudiéramos implementar nuestra mente en los animales o, incluso, en lo inorgánico. ¿Seguiría habiendo humanidad? Sí… sobre el papel. Aunque no los reconoceríamos como tales. De hecho, Adán tampoco nos admitíría entre los suyos. Y es que, en tanto que conscientes de nuestros límites, somos la posibilidad de ir más allá —de trascender nuestra naturaleza. Esto es, la posibilidad de lo in-humano —o si se prefiere de lo sobrehumano. No hay nada que, con el tiempo, no pase a ser otra cosa.

(Con todo, si al final fuéramos piedras conscientes —en un mundo en donde no habría otra violencia que la del cosmos— ¿seguiría habiendo quien esperase la resurrección de los muertos?)

rompetechos

noviembre 5, 2023 § Deja un comentario

La creencia es una programación de la mente, una manera de ver las cosas, un enfoque. Pocos se preguntan si aquello en lo que creen, —aquello que sienten como verdadero es, precisamente, tal y como lo creen o sienten. De oca en oca y tiro porque me toca. Tan solo a través de la razón podemos ir más allá. Aunque lo que la razón descubre no es algo que el creyente pueda asumir como quien no quiere la cosa. El mapa va a ser muy distinto. También cabe, sin embargo, otro trayecto —otro método—: es el del sufrimiento. Y si se trata de una alternativa es porque, en ambos casos, se pasa por la crisis de la perspectiva. Y la crisis no es un bache. Tras ella, nada vuelve a ser como antes (y si no, es que no fue una crisis). Pues no es que después de la crisis coloquemos una cosa en lugar de otra, sino que no podemos poner cosa alguna.

hiatus: de Platón y la sofística (y 3)

noviembre 2, 2023 § Deja un comentario

Cuanto hemos dicho de la belleza, podríamos también decirlo de lo justo o el bien. Y, en definitiva, del haber —el ser— en general. De hecho, que podamos decirlo tampoco es anecdótico. Pues no es posible pensar el haber en cuanto tal sin tener en cuenta lo que debe ser. Esto es, lo bello, justo, el bien… Al fin y al cabo, como veremos, ser y deber ser son dos caras de una misma moneda.

Es evidente que no cabe decir que, como tal, el haber sea en el mismo sentido en que decimos que las cosas son. Nada es que no aparezca. Cuanto es real se hace presente de un modo u otro —y por eso mismo, siempre relativamente, esto es, en relación con un punto de vista. Ahora bien, lo cierto es que, como dijimos, el haber en cuanto tal —el puro haber— no se hace sensiblemente presente, esto es, no admite un punto de vista. El puro haber —el ahí en cuanto tal— no se puede ver ni tocar. Pues de hacerse presente se haría presente como nada. El puro haber es oscuridad y silencio… absolutos. Al fin y al cabo, existir significa haber sido arrancado de la nada. De ahí que la nada se revele como el fondo inescrutable de la existencia. E inescrutable porque en la nada no hay nada que escrutar. Es lo que nos distingue de los bonobos. Estos no existen, son. Tan solo el hombre se encuentra a sí mismo como el que se halla expuesto a la nada —a la oscuridad y silencio de un puro haber. La nada es la imposible posibilidad del mundo. Es imposible porque no se trata de una posibilidad del mundo. Más bien, su posibilidad, de realizarse, implicaría el fin del mundo. Y es posible porque, al proceder de la nada de un puto haber —estrictamente de su negación—, el mundo es lo que es bajo la amenaza de una completa aniquilación.

Todo esto tiene bastante de obvio… si se piensa bien. Y aquí hay que tener en cuenta que lo obvio es lo que tiene que ser obviado… si queremos evitar la parálisis que provoca la reflexión. De ahí que una vida reflexionada, aquella que cuestiona precisamente lo obviado, no puede evitar vivir en un cierto estado de suspensión. Como se supone que vive un dios: en el aire, esto es, en suspenso.

Si hay cosas es porque, en definitiva, hay el haber, aunque en sí mismo, no sea nada en particular… ni pueda serlo. En cierto sentido, podríamos decir que el haber como tal se hace presente como lo que tiene que desaparecer o dar un paso atrás para que haya mundo. De ahí que el mundo sea aparente, en el doble sentido de la palabra. O dicho de otro modo, todo cuanto es o hay se encuentra sometido al tiempo —y por eso mismo, a la desaparición— porque participa del puro haber, por decirlo a la platónica, esto es: porque el haber se realiza en el haber de las cosas; porque el haber de las cosas representa o encarna el haber en cuanto tal. Así, el puro haber, el haber en cuanto tal, es no siendo, es decir, no mostrándose como tal, sino como el haber de las cosas. El haber de las cosas sería la forma del haber —el modo del haber…, un modo sin el cual no hay ningún haber. Por consiguiente, las cosas son no terminado de ser lo que parecen o muestran ser… precisamente porque son. Porque las cosas participan del haber en cuanto tal —y en tanto que pertenece al haber en cuanto tal el revelarse como lo que tiene que desaparecer en cuanto tal para que haya aparición—, nada es o hay que no tenga como horizonte la desaparición, en definitiva, el no-ser.

Por eso, todo cuanto es incluye dentro de sí a su contrario. Nada se nos da en una estado químicamente puro. No hay, por ejemplo, amor sin celos. No hay entrega o sacrificio-por-el-otro que no vaya con la necesidad de tenerlo. La cuestión es en qué medida se dan lo uno y su contrario —qué ingrediente pesa más. Y esta es una cuestión decisiva… si de lo que se trata es de la felicidad, esto es, del saber vivir. Al menos, porque la felicidad dependerá de que sepamos ver, precisamente, qué pesa más, en definitiva, de que sepamos calibrar —discernir, juzgar, sopesar— la situación. Por tanto, nos equivocamos donde creemos que nuestra felicidad depende de topar con lo que no tiene tara —donde creemos, en definitiva, que nuestra felicidad dependerá de que se realicen nuestras fantasías. Toda fantasía es evasión —un encerrarse en un mundo virtual. De ahí que Sócrates dijera que la infelicidad —el daño que provocas y, por eso mismo, te provocas— es, en el fondo, ignorancia. No supimos de qué iba el juego. Los bonobos tampoco lo saben. La diferencia entre ellos y nosotros es que nosotros podemos saberlo.

En el fondo, Platón interpretará dialécticamente la sentencia de Parmenides. La nada, ciertamente, no es. Y el puro haber no es nada —pues tan solo es lo particular o concreto, cuanto muestra una forma. Ahora bien, si esto es así —que lo es—, entonces hay mundo porque la nada no es. Dicho de otro modo: porque el haber del puro haber incluye en su seno la negación de su carácter absoluto o incondicional. Hay mundo porque lo absoluto es la negación de lo absoluto. O por decirlo con otras palabras, lo absoluto posee un carácter doblemente negativo: la nada no es. Y sabemos que una doble negación equivale a una afirmación. El fundamento del mundo es la nada negándose a sí misma. De otro modo: lo que es se hace presente de una forma u otra (y aquí no decimos nada que no sepamos por defecto). Sin embargo, este lo que —el haber en cuanto tal— es la nada siendo no nada de un puro haber. Y esto es lo que cuesta de ver. De hecho, es lo que no cabe ver en nuestro trato con las cosas.

Paralelamente, hay mundo —hay el haber de las cosas— porque el envés de la negación de sí es untiene que haber algo. De ahí que ser y deber ser —esto es, el Bien— vayan de la mano. Y de ahí también que Platón dijera que la idea de Bien está más allá del ente —de cuanto posee entidad. El hiato entre el puro haber y el haber de las cosas —que lo real en sí trascienda el ámbito de lo sensible— se salva, por tanto, por el movimiento negativo de la nada hacia lo otro de sí. La nada es no siendo… nada. El fundamento del mundo —de las cosas— no es una cosa, sino un deber ser, en definitiva, el Bien como exigencia de ser por entero lo que no acaba de ser por entero.

Quizá no sea casual que quienes aceptan el reto de la reflexión —quienes andan en busca de la verdad— no terminen de adaptarse al mundo. Pues la reflexión exige un distanciarse del mundo. Al menos, de vez en cuando. Y quien se distancia de las apariencias fácilmente queda fuera de juego. Pues una vez lo anterior es interiorizado por la conciencia, el mundo —la vida que nos ha tocado en suerte—, al menos hasta el punto en que esto es posible, se revele como ficción, una ficción de la que, sin embargo, no podemos escapar. Pues no hay mundo verdadero —o más verdadero que este—, aunque haya verdad. Porque la verdad no es para nosotros —para nosotros tan solo las cosas que la expresan, esto es, la verdad a medias o hasta cierto punto—, no hay mundo más verdadero que el que nos ha tocado en suerte. Y es que lo que siempre tiene lugar frente a lo que simplemente pasa —el haber en cuanto tal— es no siendo nada en concreto. De ahí que la ironía del filósofo sea el único modo de tomarse en serio la existencia: como el buen actor que asume seriamente su papel… sabiendo que solo tenemos papeles que representar. La sinceridad no pasa por desprenderse de la máscara —pues de hacerlo no veríamos a nadie—, sino por no tomarse demasiado en serio a uno mismo. Y ello en nombre de lo que importa.

De hecho, la raíz de la libertad interior entendida como dominio de sí —de un estar por encima de lo que te sucede y carece de importancia… aunque te parezca lo contrario— es la conciencia de que, en el fondo, el mundo es lo que es debido a la exigencia que se halla incrustada en la nada del puro haber, aquella por la que cuanto cabe ver y tocar se encuentra sometido al principio del deber ser por entero lo que no acaba de ser… ni puede acabar de ser. De hecho, para sobrevivir a la catástrofe —al hundimiento del sentido de tot plegat—, hay que tener la musculatura, en definitiva mental, de un dios. Al menos, porque la cuestión de la libertad es, en definitiva, la cuestión del poder: que no te pueda lo que te sucede y carece de importancia… Y aquí es donde podemos equivocarnos, creyendo que se trata de un poder hacer impunemente cuanto uno desea —del poder de la invisibilidad: nadie te ve, nadie te juzga. Sin embargo, este poder tiene los pies de barro. Como viera Platón, como mujeres y hombres no podemos modificar lo que sucede —o solo circunstancialmente—: no somos dioses. Únicamente podemos estar por encima (y quien dice por encima, dice en el aire o en suspenso). Y esto ya es mucho. Acaso lo único que nos acerca a un dios.

todo Platón en una sola frase

noviembre 2, 2023 § Deja un comentario

Hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros la verdad realizada.

ir, pero difícilmente volver

octubre 29, 2023 § 1 comentario

La mayoría vive pegada a su creencia —a su hipótesis— porque así lo siente. Como la mayoría vive pegada a su deseo. Hay tres modos de distanciarse de cuanto se siente verdadero o deseable, en definitiva, de la ilusión: por el paso de los días, por un sufrimiento indecente o a través de la reflexión. El primero conduce a la sabiduría del anciano —al texto sapiencial. El segundo, a otra vida aquí en la tierra, sea la del zombi o bien la del transformado. El tercero, es el propio de quien pretende situarse en la grada del dios. El problema, en este caso, será incorporar lo que se contempla sub specie aternitatis. Pues el cuerpo tiende a pasar las visiones de la razón. De ahí el memento mori de los filósofos. Como si la reflexión tuviera que apoyarse en la meditación para que, como la lluvia fina y constante, calara en la piel.

de la cháchara y la cópula

octubre 28, 2023 § Deja un comentario

Toda afirmación es cháchara, un hablar por hablar. Basta con tener en cuenta que nada se nos muestra en estado puro. Nada termina de ser lo que nos parece que es. No hay amor —no hay entrega— que no incluya su contrario. La trampa reside en la cópula. Pues afirmar —esto es así o asá— supone un juzgar antes de tiempo. Y quien juzga antes de tiempo se equivoca. No acabamos de saber de qué se trata en cada caso. Sin embargo, preferimos ilusionarnos, creyendo que la cópula garantiza que lo que vemos es tal y como nos gustaría que fuese. Incluso hubo unas dosis de inercia donde, siendo incapaz de orar, Óscar Romero siguió multiplicando el pan de cada día para dárselo a los que no tenían pan.

De ahí que Israel acaso diera en el clavo resistiéndose al presente indicativo. Hasta el punto de que, con respecto a Dios, prevalece el será —el porvenir. ¿Qué es —qué revela— el gesto de Romero? En principio, la santidad. Pero ya se verá. Esto es, Dios dirá —juzgará. No poseemos la balanza que nos permita dar con la medida. La diferencia entre el escepticismo socrático y el de Israel reside en que este último apunta a una última palabra —a un juicio final. Sin embargo, proceden de la misma constatación.

El brillo nos seduce. Y al seducirnos, nos ciega. El lenguaje —el ir más allá de la denominación por medio de la cópula— siempre fue un modo de prescindir de Dios. La confusión de lenguas se halla inscrita en el seno de cada lengua. Con todo, si no le hubiéramos dado la espalda a Dios, seguiríamos siendo unos monos, los cuales, como sabemos, son capaces de utilizar los colores como nombres, pero no de copular, de ver una cosa como otra. Y quizá por eso mismo, el lenguaje, al alejarnos de Dios, contiene la posibilidad simbólica de un regreso. Aunque, desde nuestro lado, siempre nos quedaremos a medio camino.

más allá de

octubre 26, 2023 § Deja un comentario

En tanto que mujeres y hombres, no podemos dejar de preguntarnos qué hay más allá de lo que nos parece que es. Ciertamente, todo se nos muestra o aparece. Nada es que no se haga de algún modo presente. Y por tanto no da la impresión de que podamos responder a la pregunta por lo real más allá de su revelarse a la sensibilidad o a la razón. Sin embargo, la razón es al menos capaz, en su uso dialéctico, de caer en la cuenta de que lo que trasciende el aparecer —en definitiva, lo que, en definitiva, aparece en cualquier aparecer— no pueda dársenos, precisamente, en los términos de un aparecer, sino en los de una falta fundamental. Y no es lo mismo encara la existencia dando por sentado que no hay más que cuanto podemos ver y tocar que sabiendo —y a menudo, a través de mucho sufrimiento— que si no hay más que cuanto podemos ver y tocar es porque hay un más.

Es verdad que podemos pasar del asunto y vivir como si no estuviéramos expuestos a este exceso —y a lo que se desprende de él. Pero en ese caso cuanto hacemos o dejamos de hacer sería indistinguible del movimiento de las bolas de billar. Aunque estas se desplacen alegremente por la mesa… lo cual, si lo pensamos bien, tampoco es que esté de más.

hiatus: de Platón y la sofística (2)

octubre 24, 2023 § Deja un comentario

El haber de lo que vemos y tocamos es lo que siempre damos por descontado en el ver y el tocar. Esto es, el presupuesto fundamental de la experiencia es que las cosas que percibimos son, están ahí. Con respecto al hecho de estar-ahí, la rosa y el cerdo son lo mismo. Las diferentes cosas que hay tienen en común el hecho de que son. De momento, todo muy obvio.

¿Cabe preguntarse, sin embargo, por el haber en cuanto tal? ¿En qué consiste ser al margen de los diferentes modos de ser? Ciertamente, hay el haber. Sin embargo, el haber en cuanto tal, es decir, con independencia de su hacerse presente en el haber de las cosas, no es nada en concreto. Basta con imaginar que, de repente, desapareciese el mundo. ¿Acaso, de seguir existiendo, no estaríamos expuestos a la oscuridad y el silencio más absolutos —a un ahí sin forma? Si tan solo es lo que se hace presente bajo un aspecto u otro, entonces el haber en cuanto tal —y porque es en cuanto tal, es decir, al margen de su hacerse presente— estrictamente hablando no es. Sin embargo, es innegable que hay cosas. ¿Cómo entender, por tanto, que haya cosas y, a la vez, que no haya el haber en cuanto tal? ¿Es posible que haya cosas porque, precisamente, no hay el haber en cuanto tal —porque este no se hace presente a una sensibilidad? ¿Cómo entender, al fin y al cabo, este porqué? Vamos a enfrentarnos a estas preguntas a través de la idea de belleza, a la cual Platón recurre con frecuencia… lo que no es casual, como veremos.

Hay cuerpos bellos —cuerpos que vemos o reconocemos como tales. ¿Qué es lo real de un cuerpo bello en tanto que bello? Si lo real es, por defecto, lo que se hace presente bajo un determinado aspecto, entonces lo que se hace presente en un cuerpo bello en tanto que bello es, precisamente, la belleza. Ahora bien, lo cierto es que este hacerse presente es siempre relativo a un punto de vista o momento dado. Un cuerpo bello nunca es absoluta o incondicionalmente bello, esto es, bello desde cualquier óptica o sensibilidad. En ningún caso, un cuerpo bello será bello por entero. Tan solo hasta cierto punto o medida. Ahora bien, si únicamente es lo que permanece invariablemente por debajo del cambio, entonces ningún cuerpo bello termina de serlo en verdad Y lo que no termina de ser en verdad, estrictamente hablando no es. Hablando en propiedad, ningún cuerpo bello es bello, sino que se nos muestra como si lo fuera.

Así, cuando decimos de un cuerpo que es bello, en el fondo lo que decimos es que en ese cuerpo aparece la belleza —la muestra, revela o representa. Platón dirá que el cuerpo bello participa de la belleza como tal. De ahí el carácter ambivalente de las apariencias. Por un lado, el aparecer es, en cualquier caso, el aparecer de lo real: la belleza aparece o se hace presente en los cuerpos bellos. Y por eso podemos decir, aunque solo hasta cierto punto, que un cuerpo bello es, precisamente, bello. Pero por otro, la belleza nunca aparece de manera incondicional, sino siempre como copia imperfecta (la expresión es de Platón) —como el eco o reflejo de una belleza absoluta. Es como si la belleza solo pudiera manifestarse dejando atrás su carácter absoluto o sin resquicio. El mundo aparente, por tanto, es aparente en un doble sentido. Es aparente porque en él aparece o se muestra lo que es en verdad. Pero también es aparente —y aquí por aparente entendemos ilusorio— porque en el aparecer de lo que es en verdad, no aparece como tal lo que, al fin y al cabo, aparece o se revela. No es casual que la palabra revelación posea una doble acepción. Por un lado, apunta al descubrir. Como quien aparta un velo. Pero por otro, significa volver a velar. Podríamos decir que la belleza como tal desaparece o da un paso atrás en su aparecer como cuerpo bello.

En consecuencia, hay belleza. Pues de lo contrario no podríamos reconocerla en los cuerpos más o menos bellos. Pero la belleza en cuanto tal no es visible —no se hace presente a una sensibilidad. La belleza en cuanto tal o absoluta tan solo puede ser pensada… como la condición de los cuerpos bellos. En este sentido, la belleza es idea. Ahora bien, se trata de una condición que no es solo formal, como creyeron los sofistas, sino también —y sobre todo— real . Hay belleza y no solo una definición formal de belleza—y por eso mismo, vacía de contenido. Sin embargo, que haya belleza y no solo una definición formal de belleza nos obliga racionalmente a admitir un hiato entre lo absolutamente real y su hacerse presente en lo sensible. En este sentido, Platón dirá que lo real trasciende el ámbito de cuanto podemos ver y tocar. Y no puede dejar de hacerlo. Como sabemos, la manera de expresar el carácter trascendente de lo real será por medio de la imagen de los dos mundos.

Sin embargo, llegados a este punto alguien podría preguntarse por qué hay cosas y no tan solo idea. La respuesta, de haber entendido lo anterior, es inmediata: nada es real que no se haga presente de un modo u otro; sin embargo, el hacerse presente de lo real va con la pérdida de su carácter absoluto… o realmente real, por decirlo así. Así, la belleza, pongamos por caso, solo puede mostrarse o hacerse presente relativamente, esto es, en relación con un punto de vista o manera de ver. Por eso un cuerpo bello solo es aparentemente bello —y aquí hay que tener en cuenta el doble sentido de la palabra apariencia.

Es verdad Platón en el Timeo responde a la cuestión contando una historia: el mundo que habitamos fue creado por una divinidad artesana —un demiurgo— como copia del mundo real y sobre la base de una materia prima que se resiste a adoptar la forma de la idea —y de ahí que las cosas sean copias imperfectas de la idea. Sin embargo, el Platón de la madurez —el de El Sofista— ofrecerá una explicación más racional, la que hemos desarrollado aquí: lo real —es decir, el lo que de lo que aparece— solo puede hacerse presente dejando atrás su carácter absoluto o incondicional. Hay cuerpos bellos porque hay belleza. Pero el haber de la belleza en cuanto tal es lo que tuvo que desaparecer en su hacerse presente como cuerpo bello. Es como si el darse de la belleza fuera con su negación de sí. O por decirlo a la manera de Heráclito: el sí va con el no —la aparición con la desaparición del carácter absoluto de lo que aparece.

esto de la verdad

octubre 23, 2023 § 2 comentarios

No es posible decidir sobre la verdad desde nuestro lado. Desde nuestro lado no cabe ir más allá de lo que nos parece que es. Y aquí es cierto aquello de tans caps, tans barrets. Donde no hay amor a la verdad, prevalece el griterío, la cacofonía, el ruido y la furia. En definitiva, la demagogia. Twitter.

El único modo de acercarse a lo que en verdad tiene lugar más allá de lo que nos parece que sucede es a través de la razón. Pues únicamente la razón nos permite situarnos del lado de lo real o, como suele decirse, trascender las apariencias. Y las trasciende en tanto que en el ejercicio de la razón no hay algo así como un punto de vista. Literalmente. La razón no ve nada, sino que deduce lo que en verdad tiene lugar a partir de la idea misma de lo real, la cual no podemos obviar o pasar por alto. Pues solo sobre su base cabe la experiencia. La razón únicamente atiende a lo necesario. Aunque lo necesario sea que lo necesario tiene que desaparecer para que haya mundo. O aunque el resultado del implacable ejercicio de la razón sea, precisamente, el reconocimiento de una irracionalidad de fondo.

Sea como sea, la única forma de situarse del lado de lo real es partir de la idea misma de lo real para ver lo que se desprende necesariamente de ella. En modo alguno fue una boutade que Sócrates, ese campeón de la racionalidad, terminase admitiendo, frente a la prepotencia de quien cree saber, que lo único que sabía era que no sabía nada. Y es que lo que no vamos a comprender fácilmente, estando situados del lado de lo real, es el paso de la idea de lo real a la existencia de lo particular. No en vano, en el Timeo, Platón se verá obligado a poner un demiurgo de por medio para garantizar el paso… lo cual, sin embargo, supone claudicar frente a la historia, esto es, frente al mito. A menos que la idea de lo real-absoluto incluya en su seno la negación de lo absoluto. Esto es, que lo primero sea el negarse a sí mismo, por así decirlo, de lo absoluto. Y esto fue lo que acaso comprendió el último Platón en su intento de fundamentar la ignorancia socrática.

hiatus: de Platón y la sofística (1)

octubre 21, 2023 § Deja un comentario

Hay un hiato entre el sentido y su realización. No hay justicia, belleza, amor o bien… que se realicen a la perfección. Siempre, hasta cierto punto o medida. Esto es, no sin ciertas dosis de su contrario. De ahí que siempre quepa discutir el carácter justo de una decisión justa. Esto es sencillamente así. Y no tiene que ver con nuestra falta de pericia o habilidad. Tiene que ver con la estructura misma del hacerse presente de lo real.

Un sofista —y nosotros mismos, espontáneamente— diría que, porque no podemos superar la perspectiva, no hay justicia, belleza, amor o bien…, sino diferentes opiniones sobre lo justo, la belleza, el amor, el bien… Ciertamente, los diferentes pareceres con respecto a lo justo, lo bello, el amor, el bien… se apoyan sobre sus definiciones formales. Estas definiciones son lógicamente incontestables. Pues negar, por ejemplo, que la justicia consista en darle a cada uno lo que se merece sería, de hecho, irracional. Pero precisamente porque estas definiciones son incontestables desde la óptica de la razón, no significan nada en concreto. Es como cuando decimos que está lloviendo… o no. Nadie podrá negarlo, sin caer en contradicción. Pero al igual que nadie podrá hacerse una idea de qué tiempo está haciendo. Así, de la definición de lo justo no se desprende qué se merece cada uno. La concreción de lo justo dependerá, en cualquier caso, de la sensibilidad —de lo que por lo común nos parezca justo. Ahora bien, con respecto a lo que nos parece… siempre cabe cambiar de punto de vista. En lo relativo a los asuntos de la polis no podemos ir, por consiguiente, más allá de lo que nos parece que es.

Con todo, que discutamos sobre lo justo o bueno —que, en estos casos, la discusión tenga sentido— presupone lógicamente que tiene que haber una solución, es decir, que cabe demostrar que un punto de vista es el correcto. En definitiva, que es posible determinar que el aborto, pongamos por caso, es un crimen —o lo contrario. El sofista sabe que esto no es posible. Pero también sabe que aquellos a los que seduce su retórica no lo saben (o cuando menos, discuten como si lo ignorasen). Y es que si puede seducir a quienes lo escuchan es porque estos dan por descontado que tiene que haber un opinión verdadera. El sofista, en el fondo, no deja de ser un prestidigitador.

Platón hilará más fino. La tesis de fondo será que si hay justicia —o belleza, o bien…— es, precisamente, porque no la hay. Ahora bien, esto nos obliga a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos del haber. Y quien dice haber, dice ser. El punto de partida es que hay cosas. Sin embargo el que haya cosas —el haber al margen de su hacerse presente como el haber de las cosas— no se hace presente como tal. Pues de hacerlo —de percibir un puro haber— nada se nos haría presente. Esto es, lo que se nos haría presente es la nada, la oscuridad y el silencio más absolutos ahí.

paralelismos

octubre 20, 2023 § 3 comentarios

Si es cierto que, como viera Sócrates, lo único que podemos saber es que no tenemos mucha idea de lo que significan nuestras grandes palabras —que hay un hiato insalvable entre el sentido y su realizacíón; si es verdad que Getsemaní nos espera para desmentir nuestras ilusiones, entonces o bien el nihilista tiene razón o bien todo comienza a partir de entonces. Y me atrevería a decir que no salimos de elcorteinglés mientras no caigamos en la cuenta de lo que en defintiva es algo así como la ley de la gravedad de la existencia.

Gaza

octubre 19, 2023 § Deja un comentario

Un hombre quiere matar a otro hombre. Va a hacerlo. Esto es enorme. ¿Cómo es posible? ¿Quizá porque el otro ha sido reducido a cucaracha —a la mala hierba que hay que arrancar de raíz? Es cosa, ya no, un interlocutor. Se ha cancelado el habla. ¿Hay alguna manera de evitarlo? Un enemigo común. Pero ¿qué enemigo puede valer para la humanidad? ¿Acaso un ángel exterminador? Si el dios hubiese querido que nos amásemos los unos a los otros ¿no hubiera sido más fácil presentarse como un Moloch que no admite negociación —como el extraterrestre más o menos espectral que busca la aniquilación del género humano —aunque de hecho nunca terminase de apretar el gatillo? ¿No será el dios-amor una trampa mortal para los hombres?

the philosopher

octubre 18, 2023 § Deja un comentario

El que anda entre escandalizado y asombrado por el campo de batalla viendo los cadáveres alrededor. No ignora que el siguiente será él. La primera escena de Terminator 2: unos niños columpiándose y luego un montón de cenizas. Todo es cuestión de perspectiva, sí. Pero la perspectiva es un desde donde. Y verlo todo desde elcorteinglés no es una buena perspectiva. De hecho, es la del bonobo. Y aquí me atrevería a decir que, más allá del bonobo, caben dos: o ver cuanto es sub specie aeternitatis a la manera de Spinoza; o como propuso Adorno, desde la óptica de la redención. La primera es la de sabio. La segunda, la del santo. Aunque, cuando topamos con uno, no podamos evitar la sensación de estar ante un delirante.

un hombre arrodillado

octubre 16, 2023 § Deja un comentario

O arrodillado —o en la posición del loto: se trata de las dos posiciones de la profundidad humana. En ambos casos, topamos con la nada —y aquí o se cierran los ojos, o estos acaban saliendo de sus órbitas. Pero entonces ¿ante qué o quién, caemos de rodillas? Esta es la primera certeza creyente: el nadie ocupa el lugar del Dios. Ninguna suposición —ningún saber— sobrevive a la aparición del rostro, el único exceso verdadero. Y quizá por eso mismo la santidad consista en responder a su demanda sin Dios mediante, dándole el pan del que carece. Mientras, y frente a cualquier ilusión, aguardamos lo que cualquier mundo tendrá que rechazar. Pues ante la revelación de la nada como el horizonte de cuanto es, algo —y algo absolutamente nuevo— debe suceder. Con todo, también es cierto que nada asegura que suceda.

pegados a la creencia

octubre 13, 2023 § Deja un comentario

Crees en que hay una conspiración para acabar con la mitad de la población por medio de pandemias periódicas. O que las aspirina lo cura todo. O que tenemos que evitar el espíritu de los bosques. Y no sales de ahí. Porque así lo sientes. Se trata de un resto del viejo sentimiento religioso —o no tan viejo—, aquel por el que creemos estar en manos de poderes que nos sobrepasan o formando parte de un dibujo cuyos últimos contornos se nos escapan.

Sin embargo, Platón diría que, en estos casos, aún vivimos entre sombras, confundiendo lo que nos parece que es con lo que es. Pues mientras permanezcamos pegados a la creencia que se nos impone como se imponen nuestros deseos —aun cuando estemos convencidos de que son nuestros— estamos lejos de la verdad. Y no porque quepa alcanzar la verdad como quien alcanza un objetivo, sino, precisamente, porque quien vive frente a la verdad —a lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede— tarde o temprano caerá en la cuenta de que únicamente podemos buscarla. Esto es, perseguirla o amarla. El problema de permanecer pegados a la creencia es que fácilmente damos por sentado que el puzle se ha completado. Y con ello, cesa la inquietud que, en definitiva, somos.

No obstante, si la verdad no es objeto de una descripción —ni puede serlo— ¿acaso el sentimiento de estar expuestos al misterio y, por extensión, en manos de no podría comprenderse como el correlato corporal de una realidad que nos trasciende por entero? De algún modo esto es cierto. Ahora bien, la realidad que nos trasciende por completo es la de nada —en bíblico, la de un Dios que, desde el principio, no quiso ser Dios sin el cuerpo del hombre. Toda presencia es el resultado de una doble negación —del hecho de que la nada no es. Y por eso mismo, al recrear el carácter retrasado de lo real a través de las figuras del imaginario religioso, al tiempo que lo expresamos, lo traicionamos. Así, quien permanece pegado a la creencia deja a un lado lo que, según mi parecer, constituye el núcleo duro de la experiencia bíblica de Dios, a saber: que con respecto a Dios tan solo cabe la esperanza. Y esto está bastante lejos de haber cuadrado un puzle.

la nada de un puro haber

octubre 12, 2023 § Deja un comentario

Ante la absoluta oscuridad y silencio —ante la imposición de lo que no aparece, ni puede aparecer—, el sujeto ya no es más sujeto de conocimiento. Ninguna grada en la que situarse. Ningún objeto frente a sí —ninguna objetividad que valga. Tan solo es el expuesto. Deviene lo que fue desde un principio. La oscuridad y el silencio más impenetrables son lo arcaico —y como lo arcaico, lo que tuvimos que olvidar, lo siempre retrasado o dejado atrás. Abrazado por lo absoluto —literalmente, por lo absuelto— hasta casi la asfixia, el hombre deja de ser el separado. Sin embargo, tampoco le embarga la sensación de formar parte. Sencillamente, todo él es temor y temblor. Y, de no sucumbir, también un aguardar la aparición. Al menos, porque desde la nada alguien debe aparecer. Aunque sea un algo. Pues cualquier algo será de alguien al aparecer como milagro, como excepción, en definitiva, como dado. Sin embargo, puede que nada surja de la nada —puede que la promesa, el debe suceder, no se cumpla. Pero, en ese caso, habríamos llegado al infierno.

PS: de lo anterior se desprende que la cuestión de la verdad —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— no llega a plantearse seriamente donde se formula desde la primacía del sujeto del conocimiento, esto es, donde la epistemología deviene ciencia primera.

hacia adelante, hacia atrás

octubre 11, 2023 § Deja un comentario

La verdad supera la ficción. Pero al superarla, la conserva como el único modo de incorporar la verdad. Esto es, de hacerla cuerpo. Quizá Hegel dijera algo parecido.

antenas para Kane

octubre 7, 2023 § 2 comentarios

Hay una escena en El tercer hombre en la que los dos protagonistas contemplan un parque de atracciones desde lo alto de una noria. ¿Y que ven —o habrían visto si…—? Hormigas. Esto es, desde la distancia del dios, no somos más que insectos (y desesperados). No merecemos la vida que nos ha tocado en suerte. El exterminio es impune sub specie aeternitatis. Pero ¿es así? Aquí topamos con la seriedad de la pregunta por la verdad. ¿Desde que lado se decide lo que es? Ya conocemos la respuesta del escéptico: desde ningún lado. Y sin embargo, hay revelación. Incluso para el dios. Pues lo revelado es, precisamente, que no habría nada si la nada no hubiese dado un paso atrás… y permaneciese en ese pasado inmemorial como la eterna amenaza del mundo. Esto es así desde cualquier punto de vista. Al menos, porque no se trata de algo que podamos ver. Tan solo pensar.

¿Dónde estoy?

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