boko haram
mayo 7, 2014 § Deja un comentario
A estas alturas ya sabemos cómo se las gastan los del boko haram. Este grupo de fundamentalistas islámicos secuestró hace unos días en Nigeria a doscientas chicas para utilizarlas como esclavas sexuales y, posteriormente, venderlas. ¿Podemos imaginar a Jesús de Nazareth escribiendo sobre la arena y diciendo aquello de que tire la primera piedra, quien esté libre de pecado? ¿Acaso no resulta inevitable ver a esos fundamentalistas como mala hierba que debe ser arrancada de raíz? ¿Acaso no son como ratas? Y, sin embargo, dejando a un lado que esas chicas deben ser liberadas, aunque sea violentamente, lo cierto es que los evangelios insisten en que Dios envió a su Hijo para darle a los pecadores, esas bestias, una última oportunidad. O por decirlo de otro modo, para restituirles la humanidad perdida o, cuanto menos, extraviada. Pues evangélicamente, el perdón de Dios va por delante (el cual, sin embargo, no debe confundirse con la exención de responsabilidades: con el perdón, va la penitencia, la obligación de restituir). De ahí que para comprender el alcance del kerygma evangélico, uno deba ponerse en la situación de aquellos que, humanamente, no pueden aceptarlo: la de los padres de esas pobres chicas, la de quienes sufren las consecuencias más sangrantes del pecado de los hombres. Y es que el evangelio es, sin duda, lo más contracultural o, como suele decirse, antisistema que puedas echarte en cara. Pues quien no perciba el escándalo del evangélico, fácilmente terminará poniendo a Dios a su servicio.
die walküre como cristología
mayo 5, 2014 § Deja un comentario
Brunilda renuncia a la inmortalidad divina por amor. Pero ¿acaso no es eso lo que tiene que hacer un Dios para llegar a ser real? Tan solo en el hombre puede un Dios alcanzar la existencia.
bucles
mayo 3, 2014 § Deja un comentario
Quien proclama la muerte de Dios —quien lo cuelga de un madero—, inmortaliza su cadáver.
y si la Encarnación fuera esto…
mayo 2, 2014 § Deja un comentario
Cara Delevingne es una modelo que se sale de lo habitual, dicen que por su carácter. La chica, según cuentan, no tiene inconveniente en posar sin maquillar, deglutiendo hamburguesas o haciendo esas muecas que la afean enormemente. Algo así como una modelo que renuncia a formar parte del juego. Diosa y mujer al mismo tiempo. La impresión que provoca tal revelación probablemente sea semejante a la que debieron tener los primeros cristianos cuando cayeron en la cuenta de que aquel que murió como un perro era Hijo de Dios. Dios como uno de los nuestros. Imposible, pero cierto. Sin embargo, la proximidad de Cara Delevingne ¿acaso no va con la desmitificación de las diosas de las pasarelas? ¿Acaso no nos permite decir que ellas son, en verdad, como cualquier otra mujer, aunque sean, sin duda, más resultonas? ¿Acaso el Crucificado no nos obliga a admitir que Dios, tal y como se supone, es una ficción?
Dios es amor
abril 29, 2014 § Deja un comentario
De tan acostumbrados que estamos a la idea cristiana de Dios, hemos perdido de vista su alcance. Dios es amor, dijo Juan. Y muchos entienden su afirmación como si hubiera divinizado el amor. Ahora bien, no van por ahí los tiros. Juan no dice algo acerca del amor, sino acerca de Dios. La declaración ha de entenderse en un contexto en donde lo divino era, esencialmente, un poder que tanto podía jugar a nuestro favor como en contra. Ciertamente, por poco que abramos los ojos nos daremos cuenta que existimos bajo una realidad que nos excede por entero. No somos el centro. Hay más leña que la que arde, como quien dice. Sin embargo, dar por descontado que ese plus es bueno —que se preocupa en algún sentido de nosotros— sería pecar de narcisismo. Por eso, para la típica sensibilidad religiosa, descubrir que Dios es amor es todo un hallazgo. O, como suele decirse por los pagos teológicos, una revelación. Ahora bien, la paradoja de la revelación es que una vez revelada fácilmente se convierte en dato. Y donde damos por sentado que Dios es amor no tardaremos mucho en hacer del amor un Dios. De ahí que una revelación que preserve su carácter revelador sea esencialmente problemática. La revelación propiamente no revela nada que podamos transformar en conocimiento. La revelación no concluye en una gnosis. Y esto cristianamente solo es posible donde reconocemos al Crucificado no ya como un enviado de Dios —uno más—, sino como Dios mismo. Pues tal reconocimiento es, de por sí, problemático en tanto que un Dios no puede colgar de una Cruz. O, por decirlo de otro modo, no podemos admitir al Crucificado como Dios manteniendo el significado originario de la palabra «Dios». Quien afirma que Dios es amor no puede, así, seguir tratando a Dios como si Dios siguiera habitando las alturas a la manera de un dios olímpico, etsi crux non daretur. De ahí que quienes sostienen, dentro de las mismas canchas cristianas, que Jesús de Nazareth es un símbolo de Dios entre otros posibles, no podrán evitar la deriva hacia la gnosis y, en último término, la transformación de Dios en una vibración.
el no es más
abril 26, 2014 § Deja un comentario
¿Cómo opera la racionalidad moderna? Supongamos que nos preguntásemos que hay detrás del muro. Y supongamos también que para responder tuviéramos que subir a las ramas de un árbol. Es obvio que lo que hay detrás solo puede ser visto desde esas ramas. Sin embargo, el moderno dice que, puesto que no hay nada que ver fuera del muro, lo que se pueda ver desde las ramas de un árbol no es más que la visión que se produce desde esas ramas.
variaciones sobre el nihilismo (3)
abril 26, 2014 § Deja un comentario
Al fin y al cabo, se trata de descentrarse. De admitir que el centro está fuera de nosotros. Una vida replegada sobre sí no deja de ser una vida excéntrica. Pero, a diferencia de antes, ya no cabe esperar que haya un centro ahí afuera al que agarrarse. El centro se ha revelado como nuestra mejor ilusión. Así, quien sale de sí mismo queda como el astronauta que ha roto el cordón umbilical con la nave. Suspendido en el vacío interestelar, fácilmente comprenderá la soledad de Dios.
vínculos
abril 25, 2014 § Deja un comentario
Uno solo puede vincularse a lo que el otro representa. Todo vínculo es simbólico. Ahora bien, un vínculo exige, de por sí, una cierta asimetría. Por ejemplo, la mujer solo podrá atarse al hombre que represente al padre —o, en su defecto, al hijo—. Si el hombre es un igual —si es simplemente un chico majo—, entonces solo cabe, en el mejor de los casos, un buen pacto, aunque se enmascare efímeramente de pasión. Así pues, o vínculo o contrato.
variaciones sobre el nihilismo (2)
abril 25, 2014 § Deja un comentario
La ilusión pende de las imágenes, es decir, de lo falso. De ahí que un iconoclasta —y no hay mejor iconoclasta que un judío— carezca de ilusiones. Cuando ya dejamos de creer en imágenes —cuando pudimos liberarnos de su poder de seducción— ¿qué podemos esperar que no sea la eterna reiteración de lo mismo? Ya sabes: cualquier triunfo será un malentendido. Nada de lo que hagas llegará a justificarte como valor. En ese caso, quizá tan solo quepa bailar sobre el mar de la existencia o, por contra, obedecer a un mandato imposible. El iconoclasta o bien debe negar cualquier porvenir o, de afirmarlo, solo podrá esperarlo absurdamente, como la interrupción de un tiempo sin final. Esperar sin ilusiones, esto es, esperar la quiebra del paso de los días. Que lo que deba ocurrir, ocurra. Se trate del hundimiento de la tierra. O del mismo Dios.
la perspectiva cristiana
abril 24, 2014 § Deja un comentario
La cuestión, cristianamente hablando, no es cómo se experimenta a Dios, sino como Dios experimentó al hombre. Aunque de hecho ya sepamos que no fue, lo que se dice, una buena experiencia…
la perspectiva judía
abril 23, 2014 § Deja un comentario
La cuestión no es cómo alcanzamos a Dios, sino cómo Él nos alcanza. Esto es, lo relevante judíamente no es cómo podemos elevar nuestra existencia —esta sería en cualquier caso la cuestión platónica o, si se prefiere, «espiritual»—, sino cómo podemos responder a Dios. Y aquí no vale decir «elevando o purificando nuestra existencia», pues quien responde a la llamada de Dios suele acabar «por los suelos». No vale decir que solo siendo puros o «elevados» podremos responder a Dios. Lo primero con respecto a Dios no es con qué ojos cabe contemplar lo divino, sino cómo nos mira, cómo nos juzga Dios.
sencillamente
abril 22, 2014 § Deja un comentario
La felicidad como satisfacción ¿no será acaso una estupidez?
sin pestañear
abril 20, 2014 § Deja un comentario
Si viéramos las cosas con los ojos del asombro, no podríamos soportarlo. La adaptación exige, pues, el trato, la familiaridad, la prosa, en definitiva, la pérdida del sentido de la alteridad. De ahí que la religión, en tanto que nostalgia de lo real, sea constitutiva de lo humano. Como si al fin y al cabo el hombre no quisiera —aunque también temiera— otra cosa que ser testigo de una aparición.
las moralejas de Job
abril 20, 2014 § Deja un comentario
Job le exige Dios un sentido para sus males: ¿qué representan? ¿cómo puede llegar a integrarlos? Pero Dios, como es sabido, no tiene una respuesta para Job. La moraleja de la historia de Job es doble. Por un lado, el Mal carece de sentido. Un Mal con sentido, una desgracia inteligible es, sencillamente, un oxímoron. Con respecto al Mal no hay explicación que valga, ni siquiera aquella que hace al hombre responsable del Mal. El Mal es, por tanto, algo más, aunque no peor, que la Injusticia. El Mal, con mayúsculas, es una desmesura que se encuentra anclada en la naturaleza misma de lo creado. O, por decirlo de otro modo, la catástrofe es una posibilidad de la Creación. Ahora bien, no por ello el Mal es divinizado. Dios sigue estando por encima del Leviatán. La totalidad de cuanto existe pende del hilo de Dios. Por otro lado, en lo que hace a Dios, seguimos sin saber. Dios es con respecto a la falta de respuesta al clamor de Job. Dios no proporciona un sentido a nuestra existencia. O mejor dicho, judíamente no cabe comprender una existencia con sentido como la ejemplificación más o menos aproximada de un sentido anterior, divino. Esto es lo que hace el mito y el libro de Job es el antimito por excelencia. Si hay sentido, está por ver. El sentido, como la presencia misma de Dios, es literalmente un porvenir. Judíamente, el misterio de Dios es inseparable de su hiriente silencio. Dios es el que calla. Ante Dios tan solo cabe postrarse. Por eso resulta incomprensible que muchos creyentes sigan dirigiéndose a Dios como si Dios fuera un espectro parlanchín. Después de leer el relato de Job es difícil admitir que para muchos creyentes la fe siga siendo una cosmovisión en la que todo cuadra. Incluso resulta difícil creer que Dios se encuentra ahí arriba tutelando la existencia de los hombres, esperando a que estos le hagan caso. Como si el mundo fuera un campo de pruebas y Dios fuese juez y parte, por aquello de estar del lado de los buenos. Como si la historia de Job no se hubiera escrito jamás. Como si el Hijo no hubiera muerto bajo el silencio de Dios. Sin embargo, no deja de ser cierto que solo porque Dios calla puede el cristiano reconocer al Crucificado como Dios mismo entre los hombres. Por eso, que la respuesta a Job haya sido un hombre crucificado en nombre de Dios no deja de ser, cuanto menos, desconcertante.
demonología
abril 20, 2014 § Deja un comentario
Que, con respecto a Dios, la existencia es lo de menos se ve en el hecho de que los demonios no dudan de la existencia de Dios y, sin embargo, no creen en él.
la «visión Yeti» de la fe en Dios
abril 19, 2014 § Deja un comentario
Basta con hacerle una pregunta a quien hace de Dios un yeti espectral capaz de escrutar nuestra mente desde el más allá: «¿lo dices en serio?»
jude
abril 19, 2014 § Deja un comentario
Los judíos sustituyeron el antiguo temor al fenómeno sobrenatural —a los rayos, las erupciones volcánicas, los tsunamis…— por el temor ético. El miedo a Dios fue durante mucho tiempo el miedo a no saber qué responder a la pregunta por Abel. Los cristianos, a la chita callando, han acabado echando por la borda el temor. Dios como amigo invisible, ese ha sido su gran hallazgo, mejor dicho, su gran hachazo. La libertad del reo ha sido su conquista: ya nadie cree que será juzgado por Dios. Así, la compasión ha quedado reducida al mejor sentimiento del hombre. El pobre ya no es quien decide el sí o el no de nuestra existencia, sino, en el mejor de los casos, el objeto de una buena inclinación. Pero de ahí al ateísmo, aunque sea solidario, hay solo un paso. Quién nos iba a decir que, gracias a Dios —a su sacrificio—, podríamos prescindir de Dios.
predicas
abril 17, 2014 § Deja un comentario
Toda predicación del Evangelio que no constituya una afrenta, un escándalo para quienes aún creemos en nuestras posibilidades mundanas es una malversación. Pues cualquiera que no esté en la situación de los últimos debería admitir que el Evangelio es sencillamente intolerable.
Yom Kippur
abril 16, 2014 § Deja un comentario
Tan solo un pueblo que está convencido de la oscuridad del corazón humano, de su irremediable tendencia al daño, puede atreverse a creer que cualquier posibilidad de redención pasa por el perdón de Dios. Que sin perdón, no hay modo de acercarse a Dios. Dios tiene que descender para que el hombre sea capaz de Dios. Un judío lleva en la sangre la crítica a la religión. Pues mientras no haya perdón, no puede haber religación que valga. Cualquier intento de aproximarse a Dios es vano. De hecho, el hombre por sí mismo solo puede aproximarse a una imagen de Dios. De ahí que religión e impiedad sean lo mismo.
variaciones sobre el nihilismo (1)
abril 14, 2014 § Deja un comentario
La felicidad —la vida lograda— no reposa sobre un saber. Esta fue acaso la última lección de Goethe, el sabio: Fausto lo ha estudiado todo y, sin embargo, vive tristemente, recluido en su desván. En el umbral de los tiempos modernos, el ideal del sabio, tan caro a la antigüedad clásica, ha perdido su poder de seduccción. La carne está triste y ya he leído todos los libros, escribirá Mallarmé. Para quien, en la Antigüedad, creyó que la felicidad era antes que nada un saber vivir, esto resulta sencillamente inconcebible. Para el sujeto del mundo clásico, no hay vida verdadera que de algún modo no se sostenga sobre la verdad, mejor dicho, sobre el reconocimiento de lo que en verdad acontece. Como dicen los que entienden, la relación entre conocimiento y nutrición fue recurrente en los textos de los antiguos maestros. La ignorancia fue, para ellos, un error existencial, una enfermedad. También es cierto que Aristóteles dejó escrito que la melancolía es el destino del sabio. Pero este tópico no fructificará en la conciencia europea hasta bien entrada la Edad Media. Para las escuelas helenísticas, el síntoma de un haber llegado es la serenidad, no la melancolía. Es posible que no haya más leña que la que arde. Pero, por eso mismo, un día de sol es un milagro y el dolor, algo que hay que soportar con entereza. Carpe diem, pues. La melancolía, para el sabio estoico o epicúreo, será el sentimiento de quienes esperaron más de lo que la vida puede dar de sí, el sentimiento de los ilusos. Sin embargo, es posible que esto solo sea así con respecto a una mayoría. Pues lo cierto es que alguno habrá que comprenda que ni siquiera el goce del presente puede mantenerse en pie donde caemos en la cuenta de que el yo que pueda soportarlo, en el fondo, no es más que una excepción.
el regreso
abril 13, 2014 § Deja un comentario
Si Jesús regresara ¿se encontraría en la Iglesia como en su casa? ¿Acaso no se sorprendería de que le hubieran elevado como Dios? Más aún: ¿acaso no se vería obligado a recharzar el título de Señor, por no decir la misma dogmática trinitaria?
el idealismo filosófico en unas pocas frases
abril 12, 2014 § Deja un comentario
La realidad es un producto de la mente. De ahí, sin embargo, no se deduce que la realidad sea una alucinación, sino que no cabe exterioridad que no esté del lado del Yo. Al fin y al cabo, la mente produce aquello a lo que se encontrará sometida. El No-Yo se encuentra del lado del Yo (y viceversa).
la banalidad del Mal
abril 10, 2014 § Deja un comentario
Es posible que la tesis sobre la banalidad del Mal sea un nuevo intento, aunque probablemente inconsciente, de eliminar de raíz aquello tan cristiano del pecado original. Como si el Mal, al fin y al cabo, no pudiera arraigar en el corazón de los hombres. Como si, en definitiva, Eichmann hubiera sido simplemente un títere de un Mal anónimo, estructural. De la tesis de Hannah Arendt se desprende que los hombres y las mujeres quedan expuestos al Mal debido a una sempiterna falta de reflexión. Eichmann, sencillamente, no sabía lo que hacía. Pero cuesta creer que la reflexión sea lo que pueda salvarnos del Mal. Un filósofo es también capaz de impiedad. El Mal puede ser querido. Hay algo así como una voluntad de Mal que habita en las fosas abisales del corazón humano. Hay un deseo profundo de exterminar al otro, de suprimir su alteridad. Tomarse en serio el Mal supone admitir que no puede haber redención para Eichmann, ese Amalek contemporáneo. O, por decirlo en cristiano, que no puede haber otra redención que la que procede de Dios. Pero es obvio que el sujeto moderno, heredero de las ficciones roussonianas del buen salvaje, no puede admitir tal conclusión.
el último de los injustos
abril 10, 2014 § Deja un comentario
El último de los injustos de Claude Lanzmann es un documental necesario. Casi cuatro horas de entrevista a Benjamin Murmelstein, el único superviviente de los Consejos Judíos que se encargaban de administrar los ghettos del nazismo. En concreto, el último tramo del documental es impagable. Murmelstein trató con Eichmann. Y el Eichmann que recuerda el viejo rabino no tiene nada que ver con el retrato de Hannah Arendt. Eichmann fue un demonio, no un gris oficinista. Existe el Mal y se escribe con mayúsculas. A la vista del horror, la tesis de la banalidad del Mal es, aparentemente, una frivolidad. Sin duda, hubo miles de hombres y mujeres que formaron parte del horror como piezas de un mecanismo. Pero quien ejectua el horror, quien lo encarna, no puede permanecer más allá del horror. Puede que Eichmann fuera inicialmente un buen tipo. Pero lo cierto es que no siguió siendo un buen tipo. Murmelstein tuvo que renunciar a su integridad —se convirtió en el administrador del diablo— para poder salvar hábilmente a unos cuantos miles de judíos. Esto es política en el sentido weberiano del término. En política no es posible realizar el bien que puede ser realizado sin mancharse las manos. El que lidia con el diablo para limitar su poder difícilmente puede desprenderse del estigma de la ambigüedad moral. Si andas con cerdos, acabas oliendo como ellos. De ahí que Murmelstein dijera de sí mismo que podía ser condenado por lo que tuvo que hacer, pero no juzgado. Hay mucho de falso en quienes proclaman desde una cierta distancia que solo siendo buenos podemos transformar políticamente la sociedad. De hecho, tal proclamación no deja de ser una tautologia. Pues resulta obvio que si todos fuéramos santos, nuestro mundo sería, literalmente, otro mundo. Pero la cuestión de la política —la cuestión de lo que debemos hacer donde no podemos hacer lo que exige nuestra aspiración a la integridad— no puede resolverse en los términos de un programa estrictamente moral. No puede resolverse, sin caer en el ridículo, exhortando a la santidad. O, por decirlo de otro modo, el problema de la justicia no puede admitir la caridad como respuesta. La caridad se ejerce entre dos, ante el rostro del otro, como quien dice. Sin embargo, la justicia siempre se pregunta por el destino de un tercero sin rostro, mejor dicho, por el destino de esos hombres y mujeres que quedan lejos de nosotros. Caridad es lo que hace el buen samaritano. Pero hacemos trampas cuando, al preguntarnos qué debemos hacer ante Eichmann, la respuesta es «actuar como el buen samaritano». Esto quizá sirva para tener buena conciencia, pero no para salvar a unos cuantos miles de judíos del horno crematorio. Quien, en medio del infierno, intenta mantener sus manos limpias, probablemente no actue pensando en la gente.
nietzscheanas 37
abril 8, 2014 § Deja un comentario
Cuando Nietzsche declara la muerte de Dios no dice simplemente que ahora nos hemos dado cuenta de que Dios no existe ni nunca existió. Que la fe de los antiguos era simplemente una superstición. No dice ahora nos hemos dado cuenta de que los reyes son los padres. Esto es lo que diría un ilustrado y Nietzsche no es un ilustrado. Dios ha muerto porque nosotros lo hemos matado y solo lo que estuvo vivo puede morir. ¿Cómo, sin embargo, fue esto posible? Cómo pudimos bebernos el mar. Aunque no lo parezca, aquí Nietzsche está extrayendo las consecuencias últimas de la fe cristiana. O, por decirlo de otro modo, dirigiendo el cristianismo contra la cristiandad, ese malentendido. Pues fue el cristianismo el primero en declarar que solo el sacrificio de Dios puede reconciliar a los hombres con Dios. Nietzsche recupera el escándalo que supone que un Dios muera en la cruz. Se trata, efectivamente, de algo que no puede en modo alguno darse, tratándose de un Dios. Y, sin embargo, esto es lo que ocurrió, según declaran, aunque no sin ambigüedades, los primeros cristianos. El cristianismo es, desde sus orígenes, una catástrofe. Literalmente, el derrumbe del cielo sobre nuestras cabezas. Dios no sobre-vive a la Cruz, no vive por encima de ella, más allá. De ahí que, para Nietzsche, el destino del cristianismo sea el nihilismo. Para la Antigüedad, un dios era una evidencia, una dato (sobre)natural. El mundo divino constituía la medida de lo real. Para el hombre antiguo, todo cuanto nos traemos entre manos tiene sentido en tanto que representa de algún modo lo que vale en verdad, la vida del dios. Pero esto es, precisamente, lo que salta hecho pedazos con el advenimiento del cristianismo. El cielo se queda sin Dios una vez Dios decide compartir hasta el final el destino de los hombres. Ya no hay cielo que pueda servir de meta. El cielo, el mundo de los dioses, se revela como ficción. El cielo deja de valer y si el cielo no vale, nada de aquí puede tener valor. El nihilismo es, pues, la consecuencia directa de la muerte de Dios. Aunque cristianamente acaso se diga lo contrario: que el hombre, ese huérfano de Dios, alcanza un valor infinito debido, precisamente, al sacrificio de Dios. Pero esta ya es otra historia.
nietzscheanas 36
abril 8, 2014 § Deja un comentario
¿En qué se convierte un hombre cuando nadie le juzga? Un hombre encuentra su valor fuera de sí mismo. Uno vale en tanto que se ajusta a lo que vale en verdad. Pero, si nada vale en verdad, si cualquier meta es una ilusión, si cualquier Padre no es más que un fantasma, entonces ¿cómo reconocerse como alguien? ¿Cómo ir verdaderamente más allá de uno mismo? ¿Cómo dejar de ser un Mowgli? Un invisible no es, así, nadie. El yo se ha disuelto como azúcar en el café donde el sujeto no es más que el soporte físico de un amasijo de impulsos, sometido a la lógica del si puede hacerse, debe hacerse.
Francis van der Lugt sj
abril 8, 2014 § Deja un comentario
Francis van der Lugt, jesuita, ha muerto hoy en Siria, asesinado de un tiro en la cabeza. En el centro de la ciudad asediada de Homs aún quedan una treintena de cristianos, hombres y mujeres a los que Van der Lugt no quiso abandonar. «Ellos me han dado todo cuanto soy. Ahora, debo compartir sus penas y dificultades.» No hay que decir mucho más. Tenía razón Tertuliano cuando escribió que la sangre del martir es la semilla de la fe. Pues quizá no haya otra presencia de Dios que la que encarnan quienes dan su vida para que los muertos puedan vivir.
curiosidades filosóficas
abril 5, 2014 § Deja un comentario
Lo verdadero —el amor, la libertad, el carácter reales— se halla siempre por encima de nuestras cabezas. Así cualquier chica, por ejemplo, creerá que la relación que tiene con su chico es auténtica, si encarna en cierta medida las historias arquetípicas de los cuentos de su infancia. De lo contrario, la relación será gris, puro oficio. Sin embargo, es igualmente cierto que si el arquetipo se encarnara por entero, no podríamos evitar la sensación de irrealidad. Un arquetipo carece de sombras. Resulta curioso, pues, que lo verdadero solo pueda ser soportado, si permanece más allá de lo tangible, en las alturas inaccesibles del mito o en las profundidades abisales del inconsciente. Será cierto que lo real —eso que debe ser, el Bien— tan solo puede encarnarse dejando de ser, precisamente, eso que debe ser. Es decir, negándose a sí mismo. De ahí que el cristianismo acierte cuando sostiene, no sin equívocos, que Dios, en verdad, solo puede darse como hombre. Aunque quizá deberíamos decir como hombre sin Dios.
nietzscheanas 35
abril 5, 2014 § Deja un comentario
Que la creencia religiosa haya llegado a ser increíble: éste y no otro es, según Nietzsche, el dato indiscutible de nuestro tiempo. Ello no quita que haya algunos que aún digan que son creyentes. Pero quien entiende el aforismo de Nietzsche, entiende que quienes dicen que creen no saben que, en verdad, no creen, que no pueden creer. Más bien deberían decir que creen falsamente que creen. Pues donde no cabe Dios, nadie puede encontrarse en la posición de la criatura. La creencia religiosa ha dejado de ser una posibilidad de un tiempo en donde cualquier trascendencia no es más que la dimensión desconocida de nuestro mundo.
nietzscheanas 34
abril 4, 2014 § Deja un comentario
Nietzsche dejó escrito, como sabemos, que donde Dios ha muerto no cabe el valor. Pues la vida solo vale en tanto que representa lo que vale en verdad. Y nada vale en verdad que no esté por encima de nuestras cabezas. La muerte de Dios es una catástrofe. La catástrofe es literalmente la caída del cielo sobre nosotros, los hombres. Sin embargo, lo que quizá no vio Nietzsche es que la catástrofe tan solo afecta al dios del que podemos hacernos una imagen, al dios del mito o, si se prefiere, al dios de un cristianismo reconvertido en mito. El Dios bíblico en cambio vive en medio de la catástrofe, en tanto que los tiempos de Dios son siempre tiempos finales, últimos. En verdad, la fuente bíblica del valor es, precisamente, la desaparición —la muerte— de Dios. Pues para el creyente, no hay nada más sagrado que el pobre que sufre en carne viva esa desaparación. Porque no hay dios que valga por encima de nosotros —porque no cabe esperar la intervención del deus ex machina—, somos exigidos infinitamente por quien representa la realidad en falta de Dios. De ahí que bíblicamente, lo sagrado solo pueda revelarse bajo la forma de un mandato insoslayable, bajo el aspecto de una Ley esculpida en piedra. Y más allá de esto no hay nada de lo que podamos hacernos una idea.
nietzscheanas 33
abril 4, 2014 § Deja un comentario
Es posible que solo comprenda a Nietzsche quien sepa ver que la crítica nietzscheana al cristianismo no es más que una variante de la crítica cristiana a la religión. Pues quien primero dijo eso de que Dios ha muerto, no fue Nietzsche, sino Tertuliano. Fue este último y no Nietzsche el primero en ver que Dios mismo moría en la cruz del Hijo. Que el sacrificio del Hijo era el sacrificio mismo de Dios. Que Dios murió para que el hombre pudiera vivir en el espíritu de Dios, el cual no es otro que aquel que te convierte en rehén de tu hermano. Al fin y al cabo, lo que hace Nietzsche es dirigir el cristianismo contra el Dios de la cristiandad, esto es, contra el cristianismo transformado en religión.
nietzscheanas 32
abril 4, 2014 § Deja un comentario
Un dios, ciertamente, no puede morir. Un dios es una ficción. De ahí que la muerte tan solo puede alcanzar a un Dios vivo —un Dios en verdad, un Dios con mayúsculas.
arte
abril 4, 2014 § Deja un comentario
Decía Nietzsche que tenemos arte para no perecer a causa de la verdad. Y esto es así, pero no porque el arte nos permita eludir la verdad —como si el arte no fuera más que distracción—, sino al contrario: porque solo desde la distancia del espectador podemos enfrentarnos honestamente a la verdad sin ser aplastados por ella. Pues la verdad es lo inmodificable de la existencia. Y eso siempre fue duro de tragar. Una cosa es ver «la zona gris». Y otra haber estado en ella. (En este sentido, puede que el cristianismo, en tanto que cultura, sea el Gólgota hecho arte.)
skzon
abril 3, 2014 § Deja un comentario
¿Un final de los tiempos, más allá del mito? Sencillamente, los tiempos del final.
Job, una vez más
abril 3, 2014 § Deja un comentario
Quien entiende a Job entiende que no hay logro que pueda justificar el horror. La desgracia no admite ninguna compensación, ni siquiera por parte de Dios. O mejor dicho, Dios, como se ve obligado a admitir el bueno de Job, no está ahí para compensar lo irreparable. Por ejemplo, que tu hijo, una vez crezca, llame papá a quien os pego el tiro en la nuca, a ti y a tu esposa, su madre. O los siete millones de muertos por inanición en los campos de Ucrania a manos de Stalin. Aquí no vale decir: vuestros sufrimientos os serán recompensados. Cualquier comparación entre los sacrificios del pasado y las conquistas del futuro es sencillamente indecente. No hay holocausto que pueda justificar tres mil años de paz. Se equivoca, pues, quien cree que, desde la óptica de Dios, la desgracia posee un sentido. Dios no garantiza el sentido de la desgracia. Desde la óptica de Dios, como lo atestigua el mismo Job, seguimos sin saber. De ahí que para el judío el final de la historia no pueda ser una historia con un buen final. Pues, como perfectamente intuyera Walter Benjamin, en esa historia aún quedaría por redimir el sufrimiento que soportaron las víctimas del pasado. Desde la óptica de Dios, la historia en su conjunto permanece sub iudice. O, lo que viene a ser lo mismo, la redención no puede ser una categoría histórica, ni siquiera bajo la forma de una historia que continua felizmente en el territorio etéreo de un mundo sobrenatural. La redención exige el final de los tiempos. Esto es, exige lo imposible, eso que en modo alguno cabe imaginar como una posibilidad de la historia. De ahí que quienes se encuentran sometidos a la esperanza mesiánica permanezcan a la espera de la imposibilidad misma de Dios: lo que no puede de hecho ocurrir, debe, sin embargo, ocurrir. Nadie dijo que la redención fuera una solución.
porque infinita es tu misericordia
abril 3, 2014 § Deja un comentario
¿Cómo llegaron los viejos creyentes a decir que la misericordia de Dios es infinita? ¿Cómo pudieron decirlo y al mismo tiempo negar cualquier conocimiento de Dios? Su convicción básica era inmutable: el hombre no merece la vida que le fue dada. Homo homini lupus. De ahí que si seguimos con vida es porque Dios (nos) quiere. Quizá a su pesar.
sinefine
abril 3, 2014 § Deja un comentario
Nada resiste el paso del tiempo: ningún vínculo, ningún valor. Ni siquiera podríamos soportarnos a nosotros mismos durante cien millones de años. De ahí que tengamos que darle la razón al judío: o el tiempo tiene un final o no hay Dios que pueda valer.
el gran inquisidor
abril 3, 2014 § Deja un comentario
Si es cierto que el cristianismo sobrevive gracias a que tolera en su seno las herejías que oficialmente condena —la mayoría de los sermones cristianos son de facto docetas—, entonces es de esperar que un cristianismo que se mantuviera fiel a sus principios estuviera condenado, por minoritario, a la extinción. Y así, quizá deberíamos darle la razón al Gran Inquisidor y admitir, de una vez por todas, que por el bien de la cristiandad, Jesús tiene que desaparecer sin dejar rastro.
criaturas
abril 1, 2014 § Deja un comentario
La posición básica del creyente es la de la criatura. Por lo común, se entiende que aquí la relación con Dios es análoga a la que un hijo tiene con un buen padre. Un buen padre va guiando los pasos de su hijo, le protege cuando hace falta, pero también deja que asuma sus propios riesgos. También le alecciona con rigor. Un buen padre es una presencia en la que puedes confiar. Sin embargo, uno sospecha que esa visión de la relación del hombre con Dios anda un tanto coja. Que aquí Dios aún está hecho a la medida de la necesidad del hombre. De hecho, la Biblia suele añadir aquello del temor y el temblor. Decía un rabino judío que todo se encuentra en manos de Dios salvo el temor de Dios. Y no le faltaba razón. Por eso, cuando perdemos de vista dicho temor acabamos fácilmente subiéndonos a las barbas del padre. Pues para acercarse a la experiencia bíblica de Dios, aquella que hace que el hombre tome conciencia de su condición de criatura, no estaría de más imaginar a Dios como si fuera un señor de la guerra en cuyas manos se encuentra nuestra vida. Y es que, si nuestra vida en verdad se encuentra en sus manos, no es porque de Dios solo dependa nuestra felicidad.

