icono

abril 22, 2018 Comentarios desactivados en icono

Hay dos modos por los que el otro puede aparecer. O como lo que no aparece en cuanto aparece —como el resto invisible de lo invisible— o como icono —como cuerpo intocable—. En el primer caso, la alteridad se hace presente como la presencia de una ausencia. Y ello es lo que constatamos desde nuestro lado, al menos porque, como arrojados al mundo, el otro es, precisamente, lo que encontramos a faltar como tal. Nunca negociamos con el otro avant la lettre, sino con su imagen o aspecto. Por defecto, siempre tratamos con lo que del otro podemos asimilar. Su alteridad se da, en cualquier caso, por supuesta (y, por eso mismo, permanece oculta por debajo de lo que cabe ingerir del otro). Donde la alteridad se revela como lo pendiente de cuanto es en el mundo, todo termina siendo objeto de manipulación. De ahí que el otro aparezca en su plenitud como el cuerpo que permanece a distancia del trato y, en última instancia, del tacto. El enteramente otro solo puede aparecer como cuerpo sagrado. Y es por eso que nuestra relación con la aparición no se decida desde nuestro lado. El otro nos mira antes de que podamos mirarlo. La alteridad es sencillamente lo intocable del otro, un eterno más allá dentro del mundo. Ahora bien, el carácter icónico del otro únicamente se nos revela desde el horizonte de la nada o, en clave cristiana, del silencio de Dios. En la aparición, la nada queda vaciada de alteridad. No es casual que, cristianamente, digamos que Dios se hizo presente por entero en la cruz. El crucificado es el rostro de Dios. No hay otro icono de Dios que el cuerpo que cuelga del madero en nombre de Dios. Y esto no es lo mismo que decir que Dios es el mar al que todos los ríos van a parar. A menos que ese mar esté lleno de pateras.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo icono en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: