formas

septiembre 13, 2018 Comentarios desactivados en formas

Al final, tan solo quedan las formas. Dar por sentado que las emociones podrán mantenernos en la verdad de cuanto vivimos es, sencillamente, una ingenuidad o, como suele también decirse, un pecado de juventud. Esto es así, siempre y cuando algo —o alguien— haya tenido lugar realmente en algún momento de nuestra vida. Pues donde todo sucede o pasa, nada acontece. La verdad posee el sello de la aparición, de lo que irrumpe partiendo en dos la inercia de los días. Las formas —el atarse al mástil— son el principio de la fidelidad o, lo que viene a ser lo mismo, de la única libertad de la que somos capaces. Con todo, donde olvidamos a qué —o a quién— obedece nuestra fidelidad, las formas, ciertamente, terminan siendo una prisión. No es causal que el denostado legalismo judío sea ininteligible una vez dejamos de tener presente que la ley siempre estuvo al servicio del memorial. Pues tarde o temprano deberíamos entender que vivir es un haber vivido. Que no hay vida donde no intentamos preservar lo que se nos fue dado en medio de un cosmos para el que no somos más que una hebra de paja.

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