permanecer en la creencia

enero 23, 2019 Comentarios desactivados en permanecer en la creencia

Creer, al menos tal y como habitualmente usamos la expresión, es permanecer en lo que damos por sentado. El creyente se encuentra a sí mismo pegado a su creencia. De ahí que la reflexión sea, por sí misma, hostil al pegamento. Pues aquel que se interroga acerca de la verdad de lo dado —y la creencia le ha sido dada a quien cree— no puede evitar distanciarse de lo que, inicialmente, tomaba por cierto. Sin duda, parece que haya más firmeza —más solidez— en el crédulo que en quien se halla en una especie de estado de suspensión. Sin embargo, y esta es la primera lección de la filosofía, aunque también de la tradición bíblica, la firmeza del crédulo no deja de ser una firmeza de cartón piedra. Uno cree en lo que se cree. Basta con que cambien las circunstancias para que nuestra vieja creencia se disuelva como azúcar en el café. Aquí alguno dirá que siempre creemos en algo. Que no cabe estar en el mundo sin tomar una posición. Y no hay posición que no arraigue en lo que se nos muestra como indiscutible. Ahora bien, no es lo mismo dar una opinión por verdadera que estar convencido de que no puede haber verdad en la opinión, en lo que se dice, en el lugar común. O por emplear otras palabras, no es lo mismo dar por verdadero lo que no deja de ser un punto de vista que sostener que hay verdad, aun cuando quizá no para nosotros. La verdad no se decide desde nuestro lado. Una opinión es algo disponible y, por eso mismo, algo fácilmente instrumentalizable. Sin embargo, la verdad nunca estuvo a nuestra disposición. En este sentido, no es casual que la verdad nos haga libres. Pero la libertad que da la verdad no es la del consumidor, sino la de aquel que ha llegado a la convicción de, con respecto a la verdad, tan solo cabe permanecer a la espera, al fin y al cabo, a la espera de la excepción, el milagro, estrictamente, de lo que no podemos sensatamente esperar. Una esperanza en la que pudiéramos creer como quien no quiere la cosa, en tanto que se decide desde nuestro lado, no tendría nada que ver con la verdad. La verdad es acontecimiento, un tener lugar insoslayable, y no simplemente cuanto sucede o pasa. Aquí la creencia, antes que reflejar un prejuicio, traduce una confianza de base. Pues el todo es el aún-no-todo para quien ha sido interrumpido por la interrogación, por no hablar de la acusación que procede de los estómagos del hambre. Ante los hambrientos, ni siquiera Dios puede aparecer como dios, sino acaso como promesa de Dios. Y esto equivale a sostener que, con respecto a lo último, no hay saber que valga. Aunque sea hipotético.

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