hay mal

mayo 20, 2019 Comentarios desactivados en hay mal

Quienes conocieron a Adolf Eichmann ejerciendo en el gueto de Therezin difícilmente hubieran estado de acuerdo con la tesis de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. Eichmann disfrutaba haciendo sufrir. Aunque también fuera capaz de apreciar a Mozart. O a Kant. Para sus víctimas Eichmann fue, sencillamente, la encarnación de Satán. Como tantos capos en los campos de la muerte. Quizá los viejos creyentes no andaban tan desencaminados al dar por sentado que lo demoniaco existe. Y que puede apoderarse de nosotros. Que hoy en día supongamos espontáneamente que el mal es simplemente ignorancia, quizá tenga que ver, más que con la verdad, con nuestra dificultad para admitir que vivimos en medio de un drama cósmico en el que las fuerzas de la bondad y la impiedad libran un combate sin cuartel por apoderarse de nuestra alma. Es lo que tiene dar por sentado que todo se decide desde nuestro lado. O que el mito no es mucho más que un modo de hablar.

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