Babel (una vez más)

junio 15, 2019 Comentarios desactivados en Babel (una vez más)

La moraleja del mito de Babel es simple: desde nuestra pretensión de alcanzar a Dios, no nos vamos a entender. Pues el tema de Dios, por decirlo así, no se resuelve desde nuestro lado. Desde nuestro lado, no vamos a ir más allá de lo que nos parece que es Dios. Y hay tantos pareceres como situaciones. Tampoco lo resolvemos, donde, siguiendo la parábola zen de los ciegos y el elefante, concluimos que las diferentes religiones son solo diferentes modos de percibir un Dios que como tal se encuentra siempre más allá de la visión. Y no lo resolvemos, aunque lo parezca, porque la cuestión sobre Dios no es qué podemos decir —o experimentar o hacer— con respecto a Dios, sino qué puede —o quiere— hacer Dios con nosotros. O por emplear otras palabras, la cuestión no es en qué consiste la experiencia humana de lo divino, sino si Dios quiere hacer del hombre su experiencia. De hecho, lo que confesamos cristianamente es que si el hombre puede experimentar a Dios es porque antes Dios quiso hacerse hombre, esto es, porque en primer lugar Dios se experimentó a sí mismo como hombre. Ahora bien, esto último no hace buenas migas con la parábola de los ciegos. Si Dios es un algo que se encuentra por encima o por debajo de las apariencias —si Dios es una sustancia última—, entonces la parábola es lógicamente indiscutible. Pero si es un quien —aunque se trate de un quien que no es nadie sin el hombre—, entonces la verdad de Dios no se decide desde nuestro lado, sino desde el de Dios. Y con respecto a esto último no hay nada que podamos anticipar desde nuestros prejuicios acerca de Dios.

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