de Dios y el dinosaurio

julio 29, 2019 § Deja un comentario

La realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ella, no desaparece (Philip K. Dick, dixit). O en las siete palabras de Augusto Monterroso: cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba alli. ¿Podría ser Dios ese dinosaurio? Quizá. Si no fuera porque Dios nunca estuvo ahí o se nos apareció —porque su realidad no es la del presente indicativo—. Dios es porque fue —porque el hombre se halla expuesto a una pérdida que no puede reparar desde su lado, salvo ficticiamente—. La alteridad —lo absolutamente otro o real— es lo que perdimos de vista una vez comenzamos a ver cosas. En la oscuridad de la matriz, Dios es la voz (y la sangre) de mamá. No es casual que, en lo más hondo, andemos pendientes de un regreso inconcebible. De hecho, la versión bíblica de los aforismos de Philip K. Dick y Monterroso podría ser la siguiente: cuando despertamos y creímos ver a dios, Dios todavía no estaba allí. Y esto está muy cerca de decir que nuestra madre no era el dios que imaginamos antes de nacer. Aunque también podríamos creer que, por eso mismo, es el único rostro de Dios.

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